Los riesgos del hot money

La desregulación de la cuenta financiera hizo posible el gradualismo, pero agregó volatilidad al mercado

 

Por Juan M. Antonietta

 

Una de las críticas que más se le adjudicó al Gobierno luego de la corrida cambiaria fue la desregulación de la cuenta financiera y, por ende, algunos economistas, es necesario poner granos de arena a los engranajes financieros para reducir la volatilidad en un contexto de creciente incertidumbre en los mercados internacionales.

 

El Gobierno de Mauricio Macri partió de una situación de extremo regulacionismo en la cuenta financiera con el cepo y logró paulatinamente desarticularlo. Como es característico de Cambiemos, con gradualismo, la desregulación fue in crescendo. Se comenzó a desarmar otras regulaciones progresivamente, como la eliminación en enero de 2017 de la estadía mínima de 120 días de los capitales y la quita en noviembre de ese mismo año de la obligación de liquidar los dólares del agro en el MULC.

 

El Gobierno fue hacia esta mayor desregulación en la búsqueda de una mayor apertura financiera y una mayor libertad de los mercados. Desde la óptica de los actuales funcionarios estos puntos son objetivos de política económica deseables ya que permiten un mayor acceso a financiamiento externo y la entrada de capitales.

 

Los efectos fueron claros. En el gráfico se puede observar una tendencia creciente del “hot money” -inversiones de cartera de corto plazo-, que ingresó voluminosamente durante la presidencia de Mauricio Macri y, envalentonado, se potenció luego de la victoria electoral de 2017. Mientras que en diciembre 2015 eran prácticamente cero, para mayo de 2017 el monto ya era de US$ 3.118 millones y se alcanzó un pico en febrero pasado, con US 10.069 millones.

 

 

Los riesgos

 

En diálogo con El Economista, Martín Alfie (Radar) señaló que hay un esquema de fragilidades macroeconómicas evidentes: un déficit de cuenta corriente elevado y un sustantivo déficit fiscal que los inversores leen como un riesgo.

 

Así, el país queda más expuesto a los vaivenes y los humores del mercado. Según Alfie, “fueron justamente estos capitales de corto plazo los que desataron la fiebre de la corrida que después se trasladó al resto de los inversores”.

 

Rodrigo Alvarez (Analytica) explicó que el hot money permitió al Gobierno captar financiamiento para sostener el gradualismo pero “se le abrió la puerta de la casa al león”, dice. “Lo que vimos en la corrida de mayo es el potencial desestabilizador de estos capitales”, señaló y agregó que “es muy peligroso en este mundo volátil y en Argentina, que presenta alta vulnerabilidad, resulta totalmente amplificada”.

 

Los riesgos son, dice Alvarez, que se produzcan overshootings en algunas variables como la tasa de interés y el dólar que pueden generar costos en términos de actividad. Y, además, “ahora, con el león adentro de la casa, es difícil poner regulaciones”, dijo el CEO de Analytica.

 

Según Eric Ritondale (Econviews), “hay que enmarcar la importancia de los capitales de corto plazo y es un error adjudicarles a ellos lo que sucedió en estos últimos cuatro meses porque no son tan importantes dado el tamaño que tienen”.

 

Para Ritondale la fiebre de la corrida fue producto de un signo de pregunta de los inversores en un contexto internacional más duro respecto al sendero de la cuenta corriente de Argentina. “Recordemos que las metas fiscales fueron cumplidas y no hubo ninguna sorpresa para los inversores por ese punto”, opinó el economista y agregó que “al final del día no hicieron la diferencia, aunque pueden haber generado un poco más de volatilidad, sin ellos la historia no hubiese sido muy diferente”.

 

Propuestas

 

Según Alfie, esa desregulación no es prudencial en términos macroeconómicos. “Es un capital que se mueve procíclicamente, viene en los momentos de auge y genera problemas como la apreciación de la moneda y en los momentos que se da vuelta el humor se agudiza el shock”, explicó y opinó que hacen falta regulaciones que suavicen el efecto.

 

“Hay una serie de medidas que funcionaron con éxito en la región”, indicó el economista de Radar y propuso cuatro. La primera, los encajes no remunerados: cuando un capital entra debe dejar 20% de su capital inmovilizado por un año como un reaseguro. La segunda son los plazos mínimos de estadía de los capitales como, por ejemplo, de 180 días o un plazo prudencial. La tercera, que se informen los objetivos para que el BCRA pueda tener un control más estricto en el mercado de cambios. El cuarto punto la obligación de liquidar divisas en un plazo coherente según la actividad, logrando que los fondos entren al país teniendo en cuenta la escasez de divisas.

 

Ritondale opinó que una de las medidas que se podría aplicar es “un parking de capitales” como los que se hizo en Chile y Colombia, que implica que no se puedan retirar fondos por 60 días. “Puede ayudar, pero solo es un remedio de corto plazo, y no soluciona el fondo del problema”, concluyó el economista de Econviews.

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