Hacia la búsqueda del crecimiento sostenido

Hay dudas sobre el diagnóstico oficial y gran preocupación por el impacto de la altísima tasa de interés en el financiamiento del capital de trabajo de las firmas.

 

Por Vicente Donato Director ejecutivo de la Fundación Observatorio PyME

 

Desde mediados del año pasado se observó una reactivación en el mercado interno, con un repunte de la producción en todos los segmentos de empresas. En efecto, la producción de las PyMEs manufactureras aumentó a una tasa anual del 8,6% en el último trimestre 2017 y 7,3% en el primer trimestre 2018. Estas cifras fueron muy parecidas a las registradas en los sectores avanzados como el de software y servicios informáticos.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, se registró un mal desempeño en el mercado internacional, con problemas serios de la balanza de cuenta corriente. El cimbronazo de estos días puso sobre la mesa la verdadera dificultad: exportamos poco e importamos mucho en relación con la capacidad de obtener financiamiento internacional que tiene nuestro país. La cantidad de PyME exportadoras disminuyó más del 30% desde 2007, y con la sola capacidad exportadora de las grandes empresas no alcanza.

 

Tampoco disponemos de una clase empresarial abundante de cuyo núcleo surjan numerosos “virtuosos” que puedan competir con las importaciones. En Argentina se registran menos de la mitad de empresas per capita de las que acreditan nuestros vecinos, y “sin empresas no hay futuro”, como dice el lema de la próxima Conferencia Anual de la Fundación Observatorio PyME.

 

 

El déficit público es un problema, pero es necesario entender que no se podrá resolver si únicamente se reduce el gasto público. Es necesario aumentar las exportaciones y disminuir determinadas importaciones (por ejemplo, turismo). Corremos el riesgo de apuntar todos los cañones a bajar el déficit público sin prestar suficiente atención al incremento de las exportaciones.

 

Hay que aclarar que no es un proceso automático y que la premisa de que bajando el gasto público se disminuye el déficit de cuenta corriente ocurre sólo en los libros de texto de economía. La experiencia internacional muestra que es necesario construir instrumentos idóneos para incrementar la competitividad internacional.

 

El tipo de cambio más alto que surgirá por el mayor ahorro público es una condición necesaria pero no suficiente para equilibrar la cuenta corriente de Argentina y liberarnos del financiamiento externo.

 

Si el préstamo del FMI es utilizado exclusivamente para financiar la transición hacia el logro de un menor déficit fiscal sin prestar atención a la necesaria reconversión productiva, con específicas medidas de política industrial, no resolveremos el problema estructural de Argentina que es la dependencia del financiamiento externo para nuestro crecimiento sostenible.

 

Vuelve la incertidumbre

 

Desde la Fundación Observatorio PyME registramos una volatilidad de las expectativas de los empresarios PyME nunca vista en los últimos quince años. La confianza de los empresarios se mostraba altísima en octubre 2017 y se registra bajísima hoy (30% para arriba en octubre, 30% para abajo a fin de abril y principios de mayo).

 

Existe una gran incertidumbre entre los empresarios más pequeños. Todos quieren que al Gobierno le vaya bien, pero hay dudas sobre el diagnóstico que maneja el Poder Ejecutivo y gran preocupación por el impacto de la altísima tasa de interés en el financiamiento del capital de trabajo de las empresas.

 

 

El Gobierno debería bajar urgentemente la tasa de interés para defender a las PyMEs, que afrontan descubiertos muy costosos en cuenta corriente o descuentos de cheques a tasas casi privativas. Es necesario evitar que sufra más la cadena de pagos, y al mismo tiempo dejar que el dólar encuentre sólo su propio equilibrio (flotación en serio).

 

En otro frente, hay que idear mecanismos nuevos para lograr que los argentinos ahorren en pesos y depositen sus ahorros en los bancos indexados por UVA, garantizando así el poder adquisitivo de los ahorros de la población. Esto favorecería el aumento del tamaño del sistema financiero, absolutamente subdesarrollado y origen de muchos de los problemas actuales.

 

El plan de reducir la inflación tiene que ser bien firme, tal como sostiene el Presidente, pero no es necesario masacrar la economía real. La reducción de la inflación puede ser más gradual de lo planeado inicialmente. Lo importante es que cada año sea menor a la anterior, sostenidamente, y nunca mayor. Llevará diez años, pero será para siempre.

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