Rojo comercial e importaciones de consumo no aflojan en 2018

Apertura comercial y atraso cambiario explican un crecimiento diferencial de las importaciones de consumo, bastante por encima de la dinámica las exportaciones

 

Por Mariano Cúparo Ortiz 

 

Los objetivos que se planteó el Gobierno de cara a 2018 parecieran indicar, según sostienen algunos analistas, que la tendencia creciente del rojo comercial externo no encontrará alivio durante este año. Ecolatina afirma que las búsquedas de lograr una desinflación exitosa, de lograr, después de mucho tiempo de serrucho con crecimiento en los impares y recesión en los impares, crecer por dos años seguidos y de achicar el déficit fiscal primario, son amigas del dólar apreciado. Preocupa el fantasma de una restricción externa en el mediano o largo plazo.

 

La tendencia se fue delineando en 2017: apertura relativa a importaciones, dólar barato (aunque ahora corrija) y recuperación de la actividad tras el complicado 2016. Y lo que a algunos les divierte a otros los asusta: ese cóctel viene trayendo el esperado resultado de unas importaciones creciendo mucho más rápido que las exportaciones. La consecuencia es una mayor necesidad de endeudamiento, que a la vez genera un mayor déficit total (o financiero) y que a además le exige al BCRA jugar fuerte con la tasa de interés para esterilizar los dólares que le compra a un Tesoro que cubre el rojo con divisas.

 

Números rojos

 

Uno de los analistas que desde hace varios meses le viene poniendo un ojo a este asunto es el economista jefe de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina. En un informe publicado ayer, desde la consultora fundada por Roberto Lavagna mostraron la foto: “En el último año, el déficit comercial de bienes rozó los US$ 8.500 millones, revirtiendo el superávit alcanzado en 2016 (en torno a US$ 2.000 millones). Este cambio de signo fue una constante a lo largo de 2017: en un hecho inédito para la economía argentina de la posconvertibilidad, todos los meses del año arrojaron un saldo negativo”.

 

Preocupa el fantasma de una restricción externa en el mediano o largo plazo

 

Y dio cuenta de las mencionadas distintas velocidades con las que se desempeñan las compras y ventas externas: “Esta dinámica respondió a las dispares velocidades de crecimiento que mostraron las exportaciones y las importaciones. Mientras que las primeras treparon 1% interanual a lo largo del último año (llegando a US$ 58.500 millones en 2017), las importaciones saltaron 20% interanual, alcanzando los US$ 66.900 millones”.

 

Ahí el estado de situación, que preocupa a muchos, aunque como tema esté postergado por el acceso a endeudamiento (y a inversión de cartera que viene a aprovechar la alta tasa de interés en pesos) que tiene el país. La pregunta es qué puede suceder con esa dinámica si las cosas cambian y el flujo de financiamiento se invierte. Tal como sostuvo un trabajo reciente de la consultora Invecq, “esta dinámica en el intercambio comercial con el resto del mundo, genera inquietud entre analistas y funcionarios”.

 

También desde Federico Muñoz y Asociados se refirieron al tema y aportaron unos números para dimensionarlo: “El 2017 se cerró con un déficit de balanza comercial de US$ 8.472 millones. Cabe apuntar además que el desequilibrio presenta una tendencia claramente creciente, al punto que, en la serie desestacionalizada, el rojo de los últimos meses promedió unos US$  1.200 millones (es decir, un ritmo anualizado de más de US$ 14.000 millones).

 

¿Son las impos?

 

Una cuestión es importante al pensar el tema: ¿en dónde está el problema? ¿Son las exportaciones o las importaciones? El problema de la restricción externa es histórico y conocido, aunque todavía no encontró solución: al crecer la actividad, las importaciones crecen. Algunas importaciones son necesarias para sostener ese crecimiento: bienes de capital, bienes intermedios, insumos.

 

Desde Invecq sostuvieron que el problema no son las importaciones: “Los números podrían hacer pensar que las importaciones están creciendo a un ritmo muy acelerado y que allí radica el problema del déficit externo. Si embargo, una mirada de más largo plazo permite ver que las del año pasado fueron 15% menores a las del 2011, en el cuál la balanza comercial mostraba un cómodo superávit. Al poner el foco en las exportaciones, se encuentra que fueron 30% inferiores. He aquí el motivo real del desequilibrio comercial, los dólares que llegan al país por las exportaciones han tenido una caída que duplica lo que cayeron los dólares necesarios para pagar las importaciones respecto de 6 años atrás”.

 

Aunque luego el informe aclara que “las cantidades importadas durante el año pasado fueron casi idénticas a las del 2011. Así, la caída en valor respecto a aquel año se explica por una reducción del 15% en los precios”. En cambio, “respecto al 2011, el país está enviando 20% menos de bienes, que se venden 13% más baratos que hace seis años”.

 

Ahí el problema parece ser no sólo que contra 2016 las importaciones crecen a una velocidad muy superior sino que la composición de esas compras externas está mucho más relacionada con los bienes de consumo que con los relacionados a la producción.

 

Al respecto, Ecolatina afirma: “Si dividimos las compras externas entre aquellas necesarias para el normal funcionamiento del proceso productivo y bienes finales, se observa un mayor dinamismo de estos últimos: las de bienes finales avanzaron cerca de 30% interanual en 2017 y las otras poco más de la mitad (17%). Peor aún, si comparamos 2015 con 2017, los saltos se transforman en 50% y 3%, respectivamente. Por ende, el avance de las importaciones no es una consecuencia directa del crecimiento económico, sino más bien del proceso de apertura comercial”.

 

Y agrega: “ Impulsado por la recuperación económica y la persistencia del atraso cambiario, el déficit comercial se profundizará en 2018, marcando un nuevo récord”.

 

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