Las redefiniciones de la política económica tras el cambio de metas

A un mes del cambio de metas de inflación, comienza a visualizarse un nuevo rumbo económico en el país

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

En la conferencia del 28 de diciembre, por primera vez desde que comenzaron las metas, el presentador de la meta de inflación modificada para 2018 no fue Federico Sturzzeneger, sino Nicolas Dujovne. El presidente del BCRA estaba sentado en el extremo izquierdo de la mesa y su participación claramente estaba relegada. El Poder Ejecutivo Nacional fue el encargado de fijar la política inflacionaria y el BCRA pasó a tener un papel secundario.

 

Durante 2017, el malestar entre Jefatura de Gabinete y el BCRA fue claro. Había dos caminos de política monetaria que se enfrentaban, uno que buscaba una reducción de tasas, incremento del tipo de cambio y un mayor aumento de la actividad que era impulsado por Peña y Quintana. En la otra vereda se encontraba el BCRA que buscaba una reducción fuerte de la inflación basada en la creencia de que una inflación menor, terminaría impulsando el crecimiento. Después de un año en el que la postura del BCRA se venía imponiendo, el cambio de metas significó la victoria de la visión de Jefatura de Gabinete.

 

Un mes después de esta conferencia, el tipo de cambio subió 14%. Un resultado esperado que generó un nuevo precio del dólar, más competitivo, en el cual desde el Gobierno afirman que se sienten más cómodos. El pasivo del anuncio fue un daño en la credibilidad del BCRA que dejó de ser el guerrero cruzado que definía las metas y orientaba toda su política en la baja de la inflación a como dé lugar. Ahora, la tasa comienza a tener que observar la actividad.

 

Sturzzeneger, en una entrevista brindada al diario Perfil el domingo, manifestó: “Estoy muy cómodo con que sea el Ejecutivo el que marque el tempo y su objetivo (de inflación)”. Estas declaraciones, rompen con el rol que el mismo presidente del BCRA venía atribuyéndose, cuando declaró en 2016 en el Foro de Inversiones y Negocios realizado en el CCK que trabajaba en forma independiente del Gobierno para cuidar el valor de la moneda. “Si el Ejecutivo me pone una meta, uno orienta su política monetaria hacia ese objetivo”, concluyó Sturzzeneger el domingo.

 

Después de un año en el que la postura del BCRA se venía imponiendo, el cambio de metas significó la victoria de la visión de Jefatura de Gabinete

 

El nuevo rumbo

 

Para Guido Lorenzo (ACM) la discusión sobre como la tasa pega en la actividad estaba relegada. “La visión del Ministerio de Economía es que la tasa desinfla, pero a la vez afecta la actividad. Esta idea emergió triunfadora ante la mirada más ortodoxa de manual impulsada por el BCRA que pensaba que podía poner la tasa a cualquier nivel para alcanzar la inflación deseada por el organismo”, dijo el economista y agregó que “la tasa ya empezaba a molestar a la economía y no sólo por el crédito si no por el atraso cambiario y el déficit cuasifiscal que generaba”.

 

Lorenzo señala que se definió un nuevo rumbo de tasas reales positivas del 3%-5%, donde se plantea desinflar pero sin dañar tanto la actividad. “No se veía una coordinación Mecon-BCRA, era necesario repensar el esquema. Además una desinflación muy rápida podía generar serios problemas al sector público. En el hipotético caso que se hubiese cumplido la meta de 10% de inflación el Gobierno tendría que haber pagado la desinflación que venia del 24,8%. El gasto en términos reales se hubiese vuelto insostenible”, opinó Lorenzo.

 

Matias Rajnerman, Coordinador de análisis económico de Ecolatina, en diálogo con El Economista expresó: “Hasta el anuncio de las metas de inflación observábamos estas dos velocidades entre una política monetaria más dura y una política fiscal gradualista. A partir del cambio de las metas y el recorte de la tasa, el gradualismo está llegando a la política monetaria”.

 

Para Rajnerman fue un acierto la readecuación de las metas. “Aportarle realismo a las metas es algo positivo pero creemos que nuevamente las metas no se van a cumplir. Proyectamos un 20% de inflación para el año, muy lejos del cumplimiento de la meta del 15%”, señaló.

 

Lorenzo concluyó: “Es un acierto comenzar a ver el impacto de la tasa en la actividad. No dejaría de bajar la tasa de desempleo en medio punto por bajar la tasa de inflación de manera más acelerada. Primero hay que ver la actividad y el empleo”.

 

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *