Muñoz: el BCRA está perdiendo credibilidad

El cambio de metas y la baja de la tasa en un contexto inflacionario afecta a un canal clave de la política monetaria

 

Para varios analistas el cambio de las metas de inflación al 15% para la interanual del próximo diciembre y la baja de la tasa de interés ponen en riesgo a la desinflación y afecta un canal clave de transmisión de la política antiinflacionaria: el de las expectativas, dependiente de la credibilidad de la autoridad monetaria. La última baja de tasa del BCRA, el martes pasado, cuando tomó una nueva decisión para la de política monetaria, es decir la del centro del corredor de pases a 7 días, sorprendió bastante.

 

En realidad la sorpresa apareció el día antes, durante la presentación del Informe de Política Monetaria (IPOM), cuando el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, dio señales de que, desde su punto de vista, había margen para un relajamiento de la tasa ofrecida.
Al otro día el BCRA confirmó lo esperado y la dejó en 27,25% (75 puntos básicos menos), lo que sumado a lo que había ocurrido dos semanas antes terminó redondeando una reducción de 150 puntos básicos (estaba en 28,75%). Todo eso en un contexto en el que el Indec sacudió la escena con un IPC Nacional de diciembre en 3,1% y en el que la propia autoridad monetaria mostró unas expectativas inflacionarias para el 2018 creciendo, desde 16,6% a 17,4% para la interanual del próximo diciembre.

 

Timing

 

Desde el punto de vista de muchos analistas, si había un momento en el que el BCRA no tenía margen suficiente para una baja de la tasa, ese era el que pintaba el panorama de enero, con inflación y expectativas al alza más un futuro de corto plazo repleto de correcciones tarifarias: combustibles en enero, electricidad, colectivos y trenes en febrero, escuelas en marzo y gas y transporte otra vez en abril.

 

Desde la consultora Federico Muñoz y Asociados afirmaron: “En este contexto, una relajación ulterior de la política monetaria lucía por demás inoportuna, aún después de la fijación de una meta inflacionaria bastante menos exigente. Sin embargo, el BCRA decidió un nuevo recorte de 75 puntos básicos en la tasa de interés de referencia. Sturzenegger se esforzó para justificar la medida, pero quedó en evidencia que la decisión no había sido suya”.

 

“¿Cuál será el costo de esta interferencia sobre la eficacia de la estrategia antinflacionaria?”, se pregunta la consultora

 

Y alertó: “Con este giro, la independencia y la credibilidad del BCRA han quedado seriamente lesionadas. Se abre entonces un interrogante crítico: ¿cuál será el costo de esta interferencia sobre la eficacia de la estrategia antinflacionaria?”.

 

Hubo desinflación

 

Para Muñoz no hay dudas sobre el sendero de desinflación. Lo considera un hecho y afirma que “ha sido todo un logro que en 2017 la inflación haya bajado doce puntos respecto a la de 2016, pese a los fuertes ajustes de tarifas, con una economía en crecimiento, un déficit fiscal de 6% del PBI y sin anclar el tipo de cambio”. Pero el problema aparece en el futuro y todo el sendero de desinflación estaría en peligro. Porque para Muñoz, al lesionar su imagen de independencia y su credibilidad, el BCRA minó el único canal de transmisión efectivo de la política monetaria.

 

Futuro incierto

 

En ese sentido, explicó: “La baja de la inflación se logró a pesar de un funcionamiento deficiente de varios de los canales de transmisión de la política monetaria. El canal del crédito es débil por la escasa profundidad del sistema financiero y el propio BCRA se encargó de debilitar el canal cambiario (compraba dólares para evitar que el Peso se apreciara demasiado). El canal de transmisión de la política monetaria más eficaz en 2017 probablemente haya sido la propia meta de inflación operando como ancla, con la reputación del BCRA como respaldo. Desde esta semana, el poderío de esta herramienta habría quedado muy debilitado”.

 

Y agregó: “Hoy, el consenso apuesta a una inflación no inferior al 19% en 2018. De concretarse esta proyección, el costo no sería tan alto, sobre todo si crecemos al 3% y el déficit fiscal sigue en baja. De todos modos, lamentablemente, no podemos descartar un escenario bastante más pesimista en el que el proceso de desinflación directamente se interrumpa”.

 

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