Economistas: timing y ritmo devaluatorio es demasiado apresurado

Una devaluación tan acelerada es inflacionaria, recesiva e impactará negativamente en las paritarias

 

 Por Juan M. Antonietta

 

En el último mes, el cambio de metas de inflación generó un aumento del dólar que lo acercó a la barrera de los $20, es decir, una devaluación del orden del 12% con respecto a los valores de diciembre. Al mismo tiempo, el dólar viene depreciándose a nivel mundial y el ICE -un índice que mide el dólar frente a una canasta de monedas-, alcanzó el martes los 90 puntos, ubicándose en los niveles más bajos desde diciembre de 2014. Además, en Brasil, el fallo contra Lula disparó el mercado financiero brasileño y el real se apreció frente al dólar. Así, el tipo de cambio multilateral argentino (donde Brasil tiene una ponderación alta) se ubica en máximos históricos de la gestión de Mauricio Macri.

 

Así lo ratifica Rodrigo Alvarez, socio y director de la consultora Analytica, en diálogo con El Economista: “El tipo de cambio real multilateral está en máximos desde junio de 2016 y es el máximo de la gestión de este Gobierno, si se descuenta la salida del cepo y el overshooting de marzo de 2016”.

 

Sin embargo, Alvarez señala que es un exceso la reducción de tasa del BCRA. “No creemos necesario seguir bajando la tasa en este contexto de suba de tarifa y previo a definir las paritarias de los gremios más importantes”, opina y agregó que “el tipo de cambio no es un factor que dinamice las exportaciones lo suficiente como para mejorar la actividad”. Para el economista de Analytica, “lo más probable es que empeore el consumo y se acentúe la desaceleración del crédito indexado, que venía empujando la actividad en 2017”.

 

Federico Muñoz (Director de Muñoz y Asociados) señala que los determinantes del tipo de cambio real a mediano y largo plazo son los diferenciales de productividad. “En el corto plazo tenemos esta mejora que hay que ver cuánto se puede sostener”, indica Muñoz y advierte que “el traslado a precios puede dificultar estos intentos de sostener competitividad en un contexto en el cual el BCRA ha sufrido una lesión en la credibilidad de su lucha antiinflacionaria por la interferencia del ala política”.

 

Para Muñoz, el dólar barato ayuda circunstancialmente a la economía argentina. “A mediano y largo plazo hay que hacer otro tipo de deberes, y en los cuales gradualmente se está avanzando. La competitividad va a crecer de la mano del saneamiento macro, con la progresiva baja del déficit fiscal y los esfuerzos de mayor inversión en infraestructura”, opina Muñoz.

 

En diálogo con El Economista, un exministro de Economía, que pide off the record, sostiene que no queda claro si hay un programa detrás de la modificación del tipo de cambio o se está haciendo “para hacer algo”.

 

“Si el plan es mejorar el tipo de cambio real es mejor hacerlo después de las paritarias y es necesario charlarlo con el mundo empresario. Una suba brusca así genera tensiones. Si se continuara ajustando de a 4% mensual no habría tanto ruido y no se generaría un shock en las expectativas”, comentó ante El Economista, aunque coincide con que el dólar había quedado retrasado en los últimos tiempos.

 

Sostener la competitividad

 

Para Muñoz, el dólar ya ha subido bastante. “En los próximos meses es muy probable que corra por detrás de la inflación y va a estar más estable en un contexto donde el aumento de precios va a estar más alto de lo que veníamos observando (2% mensual en los próximos meses)”

 

Por su parte, Alvarez indicó que nunca el traslado del tipo de cambio a precios es 1 a 1. “La mejora por la apreciación del dólar y del real va a mejorar la competitividad cambiaria y el tipo de cambio real sin dudas se ubicará en un nivel más alto”, señaló Alvarez.

 

“El desafío es mejorar la competitividad, y no la competitividad cambiaria”, dijo Alvarez y agregó que “si bien es cierto que el nivel de déficit de cuenta corriente es alarmante, entre otras cosas por la política monetaria del BCRA antes de cambiar las metas, un tercio del déficit está explicado por la cuenta de turismo que hoy posee un tipo de cambio efectivo 10% menor al que había en 2015”. Para Alvarez, una posible solución sería que “así como se bajan retenciones para estimular exportaciones, se podría establecer impuestos para solucionar el problema de los viajes al exterior”.

 

La experiencia histórica marca que la economía ha funcionado mejor con un tipo de cambio alto. No es una tarea sencilla y está expuesta a muchas dificultades, pero los procesos de apreciación cambiaria han terminado mal en su mayoría. De todas maneras, para que la competitividad cambiaria sea un factor importante que incremente las decisiones de inversión en productos exportables es necesaria una clara señal política de que la competitividad cambiaria se va a sostener

 

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