Un contrapunto de los contratos PPP

Quienes deberían ser partícipes necesarios del PPP son las empresas vinculadas especialmente con el campo y las economías regionales. ¿Por qué?

Por Ignacio Rosenfeld Abogado

 

El período que siguió a la Guerra Civil Norteamericana –y paralelamente a la Guerra Franco-Prusiana– fue uno de enorme crecimiento para el mundo, pero especialmente para las economías que liderarían el globo a principios del Siglo XX. De tal magnitud fue el crecimiento que hasta el día de hoy nos resultan familiares apellidos de dicha época, tales como Rockefeller, Vanderbilt, Carnegie o Morgan.

 

Ahora bien, estos apellidos –todos correspondientes al boom económico norteamericano– guardan una particularidad y especial relación con lo que el Gobierno de Argentina está buscando hoy en día: sus fortunas fueron gestadas en gran medida por haber apostado al desarrollo de la infraestructura. Vanderbilt, primero, a través del transporte fluvial y luego a través del ferrocarril; Rockefeller a través de la comercialización del petróleo no sólo fomentó la industria del ferrocarril sino que también fue precursor en la construcción de oleoductos; Carnegie consolidó la utilización del acero en la construcción, lo cual posibilitó el desarrollo de una nueva era en la arquitectura e ingeniería y Morgan fue el banquero estrella de la época, financiando, por ejemplo, a sujetos como Edison para que crearan General Electric, o luego creando la US Steel Corporation tras la adquisición de Carnegie Steel.

 

Siguiendo con lo anterior, los ejemplos previamente mencionados –surgidos en el marco de una época de corte netamente liberal desde el plano jurídico– son una cabal muestra de lo que puede lograr la iniciativa privada. A tal efecto, dicha época fue caracterizada por un “poder de policía restringido’’, concepto mediante el cual se buscó que el Estado sólo impusiese restricciones y limitaciones a los derechos individuales con la finalidad de salvaguardar solamente la seguridad, salubridad y moralidad pública. En fin, se trataba de una época totalmente antitética a lo que sería el “intervencionismo’’ y el “Estado de Bienestar’’ predominante a lo largo de varias décadas del Siglo XX.

 

Por otro lado, el tiempo de los Vanderbilt, Rockefeller, Carnegie y Morgan fue uno de gran crecimiento poblacional para el país del Norte –enorme influjo migratorio, y avance considerable de la medicina y mejora sustancial de las condiciones de vida que paralelamente disminuyeron la mortalidad infantil y prolongaron la expectativa de vida–,  y de gran avance tecnológico –consolidación definitiva del sistema industrial para la producción a gran escala, masificación del uso de la electricidad, mejoras extraordinarias en las redes de transporte y de comunicación, etcétera-. Todo ello, al amparo de costos de los factores de producción en niveles estables, y bajos, posibilitó, en consecuencia, el enorme desarrollo de obras de infraestructura.

 

Ahora bien, observamos, no obstante, que el resurgir de la ‘’iniciativa privada’’ en Argentina -para las grandes obras de infraestructura que se encuentran pendientes- no se encuentra entones correlacionado con los caracteres previamente mencionados. En ese sentido, y como ya han dicho varios autores, el vuelco a la iniciativa privada no surge entonces como una renovación de oportunidades genuinas para el desarrollo del capital privado sino que más bien surge por la insuficiencia del Estado para la satisfacción del interés público lo cual, en mi opinión, lleva a cuestionarme sobre las posibilidades reales de éxito de este nuevo modelo de negocios.

 

A tal efecto, y en función de lo repasado respecto de experiencias anteriores del país norteamericano, a mi entender quienes deberían ser entonces partícipes necesarios del esquema local de PPP no son las empresas estrictamente constructoras sino más bien las empresas que finalmente puedan valerse significativamente de dichas obras, es decir, empresas vinculadas especialmente con el campo y las economías regionales, las cuales tendrán un gran incentivo para que las obras sean concluidas en tiempo y forma, y al menor costo posible.

 

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