El 2018 será un año de crecimiento, pero moderado

Hoy, el crecimiento proyectado de 3,5% para 2018 luce optimista

 

Por Guido Lorenzo Economista de ACM

 

Con el dato que se conoce esta tarde del EMAE, que estimamos rondará el 0,5% mensual desestacionalizado y con un diciembre que parece venir un poco menos alentador, el 2017 cerrará con una expansión de la actividad que ronde el 2,7%. Si bien el crecimiento no es para nada despreciable dado que se retomaría el nivel de PIB de 2015 (máximo histórico), es un tanto alejado del 3% plasmado en la Ley de Presupuesto Nacional 2018. Sin embargo, no preocupa tanto lo que ha sucedido sino lo que puede suceder de aquí en más. En nuestra opinión, el crecimiento proyectado de 3,5% para 2018 en la misma ley, y parados recién a inicios de año, luce optimista.

 

Arrastre y mundo

 

En estos momentos empiezan a aparecer señales mixtas que, en nuestra opinión, en el balance reflejan que el 2018 tendrá un crecimiento más moderado del previsto. Desde el lado positivo, ya se partiría de un arrastre estadístico de 1,3 punto. Por lo que la exigencia a la dinámica de la actividad es menor que si no existiera este componente. A esto se suma la aceleración de la economía global que anteayer enfatizó el FMI y que muestran que las economías que acelerarán el crecimiento en 2018 son demandantes de productos que nuestro país exporta como India, Estados Unidos y Brasil. A su vez, el achique de la hoja de balance del Fed parece que será más gradual que lo esperado (y la tasa a 10 años, si bien está al alza, le costará llegar al 3%) y eso quita margen para hacer una reducción de las tasas de los Fed Funds. Por todo eso, no debería ser un año donde el frente externo sople de frente. El contexto internacional, en definitiva, nos trae buenas noticias.

 

Moderación

 

Por otro lado, la dinámica interna de la coyuntura argentina muestra signos de moderación. Sin embargo, algunos puntos se pueden corregir con política. Las paritarias, si cierran por debajo de la inflación efectiva, podrían provocar un freno en el consumo agregado que además haría percibir a los empresarios que no se está en la mejor fase del ciclo para emprender o ampliar proyectos de inversión. Hay que recordar que, por ejemplo, la inflación de diciembre se vio afectada por aumentos de regulados, como electricidad y gas, pero esos aumentos aún no impactaron en el bolsillo del consumidor porque se computan cuando se anuncia los nuevos esquemas. Por ende, a pesar de que pueda haber una desaceleración de la inflación en enero, las facturas de luz y gas que se reciben durante este bimestre impactarán en el consumo. Febrero y marzo son otros meses que vienen con fuertes aumentos de precios regulados (transporte, naftas y electricidad, principalmente) que ubicarán a la inflación otra vez en torno al 2%.

 

Por lo tanto, se espera un primer trimestre con precios nuevos y salarios viejos, con lo que quedará menos recursos para demandar bienes y servicios domésticos. La reducción de las tasas reales parece adecuada en este contexto para fomentar la expansión del crédito mitigando el impacto en la demanda agregada, pero existen dos problemas en este punto. El primero es que las tasas parten de un nivel muy elevado y el segundo es que tienen un retardo externo de, al menos, un trimestre.

 

Pero por otro lado hay factores exógenos (no externos) que pueden traer un dolor de cabeza. El clima no está ayudando a nuestros principales productos de exportación yel rinde podría llegar a caer 10% principalmente en soja y maíz si no llueve lo suficiente antes del 10 de febrero. Por lo que el volumen exportado de productos primarios podría caer y difícilmente sea compensado por un aumento de los términos de intercambio debido al tamaño de nuestra economía.

 

Más cerca de 3%

 

El 2018 será un año de crecimiento moderado y los pronósticos de crecimiento irán oscilando y viendo cómo se desempeñan las paritarias, la política económica y el resto del entorno, pero parados a hoy las proyecciones de crecimiento parecen converger a la baja: más cercanas a 3% que el 3,5% planteado en el Presupuesto. Algo peligroso, ya que de no tener los recursos tributarios, el sector público tendría que recortar gastos para alcanzar la meta y la economía sufriría otro bajón en la demanda.

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