“Somos optimistas con 2018: la economía podría crecer 4%”

El Economista dialogó con Marcelo Capello (Presidente del Ieral)

 

Por Alejandro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, Marcelo Capello, presidente del IERAL de la Fundación Mediterránea, ofrece su visión sobre la economía en 2018, el eventual impacto que tendrá sobre el mercado laboral, el ajuste fiscal y su gravitación en la obra pública, la competitividad cambiaria y la inversión.

 

En líneas generales, ¿cuál es la visión macro que tienen en la Fundación Mediterránea para 2018? Parece haber bastante optimismo entre sus colegas…

En IERAL somos optimistas respecto de la economía argentina en 2018 especialmente cuando hablamos de actividad económica. En 2017 terminaremos con una suba del PIB cercana al 3%, y lo más probable es que el año próximo se crezca más e, inclusive, no habría que sorprenderse si llegamos al 4%. Ocurre que una vez que la economía se comienza a mover, como lo hizo en 2017, y de a poco se van sumando nuevos sectores a la recuperación, suele adquirirse una dinámica en la que en el segundo año de recuperación se crece más que el primero. Eso no ocurrió con las subas del PIB ocurridas en 2013 y 2015 porque la dinámica en ciertas variables, especialmente las reservas del BCRA, obligaban a volver a ajustar el tipo de cambio apenas comenzaba la recuperación, y eso llevaba a una nueva recesión. En esta oportunidad, si bien el problema de la competitividad y las cuentas externas no están para nada resueltos, existen reservas en el BCRA como para confiar en que esa no será una restricción en 2018 salvo, por supuesto, que por algún evento exógeno se pare el financiamiento internacional para Argentina el año que viene. Pero lo más probable es que eso no ocurra en 2018 y, por ende, la economía siga con su proceso de recuperación.

 

“Ocurre que una vez que la economía se comienza a mover, como lo hizo en 2017, y de a poco se van sumando nuevos sectores a la recuperación, suele adquirirse una dinámica en la que en el segundo año de recuperación se crece más que el primero”

 

¿Cómo se va a derramar eso en el mercado laboral? Un reciente informe suyo dice que hay unos 9,5 millones de personas con problemas de empleo. ¿Va a ser potente la generación de empleo privado registrado para empezar a dar vuelta ese cuadro de situación?

Aún sin considerar una relativamente baja tasa de participación laboral, que refleja, por ejemplo, cerca de 1,1 millones de jóvenes que no trabajan ni estudian, en Argentina existen alrededor de 9,5 millones de personas con problemas laborales leves o graves. Esa cuenta está integrada por desocupados y ocupados en empleos de menor calidad, tales como cuentapropistas de baja productividad, y asalariados en empleos no registrados. Con la recuperación económica se crean empleos, especialmente en actividades como la construcción y en servicios, tales como el comercio. El gran desafío será generar más empleo en los sectores transables de la economía, en especial los de mayor valor agregado. Entre 2015 y 2017 se perdieron 45.000 empleos privados registrados en el sector transable, algo que da cuenta de algunos problemas en la economía mundial, especialmente la recesión que se visualizaba en Brasil, pero también muestra las secuelas de los problemas de competitividad que todavía refleja la economía local. Exportadores industriales con problemas, y sectores manufactureros que debieron enfrentar un poco más de competencia internacional, partiendo de una baja competitividad, problema generado especialmente por el Estado. Cuando en la economía kirchnerista se cerró cada vez más todo, también se perdió competitividad: cambiaria, costos laborales, impositivos, de logística y transporte, etcétera. Si ahora se abre paulatinamente la economía, concomitantemente debe también mejorarse la competitividad, sino se afectará a algunas empresas que en otro contexto quizás sí podrían competir.

 

¿Qué va a pasar con la obra pública en 2018?

El Gobierno dice que no será la variable de ajuste, pero también es cierto que Hacienda debe bajar el rojo primario 1 punto del PIB y que la apuesta a los famosos PPP es una incógnita… La necesidad de cumplir la reducción del déficit fiscal en 2018, para mostrar sustentabilidad fiscal a propios y extraños, puede terminar afectando la evolución de la obra pública, que viene muy entonada en el electoral 2017, tanto la nacional como la provincial. Lo más probable es que ambos niveles desaceleren algo la obra pública en 2018, para acelerar de nuevo en 2019, con la PPP aceitada y en otro año electoral, claro.

 

“El gran desafío será generar más empleo en los sectores transables de la economía, en especial los de mayor valor agregado”

 

Quizás por la suba que tuvo previo a las PASO el tema desapareció un poco de las discusiones, pero sus colegas dicen que está lejos de estar resuelto el tema. Me refiero a la paridad peso/dólar. Los más críticos dicen que el dólar está bajo y algunos, incluso, que está regalado y empiezan a preocuparse por las cuentas externas. ¿A usted le preocupa eso?

A Argentina siempre le fue mejor con un tipo de cambio más alto y no parece haber una mejora del Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) en el horizonte cercano… La situación de la macro argentina actual, con recuperación de la actividad, pero con problemas pendientes de sustentabilidad a largo plazo, requiere un preciso trabajo de relojería, para realizar cambios que mejoren la competitividad y reduzcan las presiones inflacionarias, a la vez que sean menos las presiones a la apreciación cambiaria, sin abortar la recuperación económica en marcha. Y convertir la recuperación en crecimiento económico, sustentable en el tiempo: aumento del PIB con reducción del déficit fiscal y del déficit de cuenta corriente con menor inflación cada año. Lo anterior implica cambiar progresivamente los precios relativos, aumentando el TCR efectivo para los productores de transables (exportan o compiten con importaciones), en especial para mayor valor agregado, de modo que paulatinamente mejore la rentabilidad en la producción de bienes y servicios transables, aumenten las exportaciones, y se reduzca el déficit de cuenta corriente, aún con una mayor apertura económica legal (menores trabas a las importaciones). Ello debe lograrse no sólo con el tipo de cambio real, sino también, y especialmente, con reducciones de impuestos, costos laborales no salariales, costos de transporte y logística y otros, siempre privilegiando a los productores de transables, que son los que compiten con el exterior. El tipo de cambio actual no ayuda demasiado a estos objetivos. El tipo de cambio real bilateral con el dólar estadounidense, si bien en 2017 se ubica un 17% arriba del nivel de 2015, se encuentra aún entre los valores más bajos en términos históricos (por ejemplo, 12% superior al de 2001). La situación cambiaria se traduce en altos costos laborales medidos en dólares. Por caso, los salarios formales del sector industrial argentino (sin ajustar por productividad) resultaban en septiembre de 2017 un 116% superiores a los de Brasil. La diferencia resulta menor a la observada en septiembre de 2015 (200%), y a la de octubre de 2001 (173%), pero aún sigue tratándose de una diferencia importante con relación a lo que ocurría entre 2002 y 2011.

 

¿Qué perspectivas tiene para la inversión privada en 2018 (tanto la local como la extranjera)? Está creciendo, sin dudas, pero no es menos cierto que en 2016 se desplomó…

En 2018 debería aumentar en forma relevante la inversión externa, especialmente si las reformas que anuncia el Gobierno se entienden como suficientes y creíbles de alcanzar. También seguirá creciendo la inversión local, por el aumento de la demanda interna, y en sectores ligados a la energía. El gran desafío es convencer a potenciales inversores locales e internacionales de que Argentina convertirá la recuperación en crecimiento genuino y sustentable, desde el punto de vista fiscal y de las cuentas externas. Las reformas que anuncie el Gobierno resultarán claves a estos efectos.

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