Precios altos y un debate abierto

¿Por qué cuesta tan cara la ropa en Argentina si se la compara con otros países de la región?

 

Según un estudio difundido el fin de semana por la consultora Federico Muñoz y Asociados, si se toma como referencia el precio de un jean Levis tradicional, Argentina posee el valor más alto de todos los países de la región. El conocido jean se comercializa entre US$ 90 y 100 en Argentina mientras que se consigue por menos de US$ 50 en Perú y menos de US$ 70 en Brasil. Otras comparaciones del rubro arrojan el mismo resultado con mayor o menor grado de distancia.

 

Esa gran diferencia hace que, estima Muñoz, los argentinos gasten US$ 1.000 millones en prendas de vestir en el exterior (más del doble de las importaciones oficiales), ya sea en Miami, Santiago o alguna ciudad europea.

 

Como se suele decir en economía, los fenómenos económicos son multicausales. Los principales motivos que surgen al intentar develar este diferencial son los altos costos argentinos en materia impositiva, laboral, financiera y logística. En los productos locales, solo el 8,5% del precio final de una remera corresponde a la industria textil: el 50,3% son impuestos, 9% logística y comercialización y el 12,2%, costos financieros Estos factores afectan de lleno a los precios, determinando una valuación final de los productos muy por encima de la media regional.

 

En la comparación internacional, otro elemento que indica el informe es la escasa apertura comercial del sector: “Importar ropa ‘por derecha’  en Argentina es caro y complicado. No sólo porque el capítulo enfrenta el arancel máximo que permite el Mercosur (35%) sino además porque se suman múltiples barreras no arancelarias (tanto formales como informales) que han hecho de indumentaria uno de los sectores más protegidos en nuestra economía”, dice el informe y sugiere que más productos importados podrían bajar los precios locales. Según el trabajo, las importaciones de bienes textiles están debajo de los US$ 10 per capita al año (versus US$ 145 en Chile).

 

Sin embargo, el debate está lejos de ser zanjado. Hace unas semanas, el presidente de la fundación Pro Tejer, Jorge Sorabilla, señaló que “la importación no disciplina precio sino que enriquece a los importadores en detrimento del trabajo nacional”. La competitividad de un sector está compuesta por dos variables: la eficiencia sectorial puertas adentro de las fábricas y la competitividad sistémica del país, puertas afuera. En esa línea, opinó: “La cadena de valor textil indumentaria, que genera más de 420.000 puestos de trabajo, ostenta un muy alto grado de eficiencia sectorial situándose a niveles de competencia global cuando se compara la eficiencia en el uso de recursos insumidos en producir sus bienes”. Así, según su visión, los graves problemas de competitividad de Argentina, que redundan en altos precios a la venta, responden a cuestiones estructurales (e impositivas, sobre todo) del país.

 

Otro argumento esgrimido desde las cámaras empresarias es que los productos relevados no son de referencia del patrón de consumo porque una gran parte de la población no accede a esas prendas si no que consume productos nacionales genéricos con valores muy inferiores. Por caso, mientras que un jean Levis en el Abasto ronda los $1.500, en Quilmes un jean genérico se puede obtener por $300.

 

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