Más que reforma, todavía es agenda poselectoral

Llega la hora de la responsabilidad y el profesionalismo de toda la clase dirigente y de los actores convocados. ¿Estarán a la altura?

 

Por Jorge Colina Idesa   

 

Lo que sería el anunció de las reformas poselectorales, en realidad, fue una convocatoria a los principales actores sociales –gobernadores, sindicalistas, empresarios, legisladores– a empezar a avanzar hacia una sociedad basada en los principios de responsabilidad fiscal y calidad institucional. Es tan grande el desafío que posiblemente no hubiese sido pertinente que el Primer Mandatario imponga su idea de reforma. Más prudente es invitar al diálogo y al consenso. Igualmente son centrales las definiciones de política y las propuestas concretas que el Gobierno ofrezca en las próximas semanas como punto de partida para la discusión sobre las vías que se debe tomar para motorizar el cambio.

 

La agenda es la correcta. Responsabilidad fiscal no sólo a nivel de la Nación sino también provincial y municipal. Mejorar la calidad del gasto público de los tres niveles de gobierno para poder bajar impuestos con equilibrio fiscal. Concienciar que no es sostenible vivir con alta inflación ni tampoco tomando deuda para financiar déficit fiscal. Crear empleo  requiere un diálogo sano y maduro entre empresas y sindicatos para mejorar las condiciones de trabajo en base a aumentos en la productividad y no en la conflictividad (a la que también se volvió sobre el tema de que hay que ser responsable con el uso de la Justicia y evitar la judicialización de las relaciones laborales). La Justicia tiene que mejorar sustantivamente su desempeño y revisar su evidente sobreempleo y su baja producción (45 días de inactividad al año). Modernizar, obviamente, el sistema electoral y simplificar la relación del Estado con el ciudadano, donde, de nuevo, entra a tallar la coordinación Nación, provincias y municipios. Erradicar y mitigar la corrupción como política de Estado.

 

Llego la hora de la responsabilidad y el profesionalismo de toda la clase dirigente y de los actores convocados. Hay que consensuar con pericia y consistencia técnica todas las normas que hacen falta sancionar para avanzar en una transformación institucional que lleve al país hacia el norte planteado. Vienen tiempos de discusión política ardua, pero si se la toma con visión de largo plazo puede ser la oportunidad para que Argentina finalmente cambie su destino de inestabilidad pendular y  decadencia social. No es difícil. Chile, Uruguay, Colombia, Perú, están demostrando que sí se puede.

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