Sobre la reforma laboral

Se ha instalado recientemente una controversia respecto de la conveniencia de encarar la reforma de la legislación laboral de manera integral o realizarla por sectores

 

Por Jorge Bertolino Economista (Universidad Nacional de Rosario)

 

Se ha instalado recientemente una controversia respecto de la conveniencia de encarar la reforma de la legislación laboral de manera integral o realizarla por sectores mediante la negociación dentro de cada uno de los convenios colectivos.

 

Es el sector empresario el principal impulsor de la alternativa global. Los cambios propuestos apuntan a potenciar las políticas de empleo, en lugar de priorizar las que atienden a las situaciones de desempleo. Se propone fomentar el empleo temporal y a tiempo parcial, eliminar la falta de movilidad de los planteles, incluir el contrato por proyecto o por obra (como alternativa al contrato por tiempo indeterminado), permitir la negociación salarial basada en resultados o en productividad, adaptar la jornada laboral a los nuevos requerimientos tecnológicos, reglamentar el derecho de huelga para evitar que su uso abusivo permita acciones extorsivas que generan paradas de planta y pérdida de producción, disminuir los costos laborales no salariales (aportes y contribuciones sobre las nóminas), entre las medidas que más consenso parecen tener.

 

La CGT propone acuerdos sectoriales al estilo de Vaca Muerta mediante la modificación de los convenios respectivos.

 

Destacados economistas han advertido recientemente que ir sector por sector es equivocado.

 

Recomiendan modificar de raíz la legislación laboral, efectuando una reforma integral, ya que la legislación actual ha generado alto desempleo, alta informalidad y bajos salarios.

 

Las visiones

 

Si bien estas apreciaciones son correctas, no existe consenso suficiente como para llevar adelante una reforma profunda y generalizada. La agitación social que provocaría una reforma no consensuada con la oposición política y gremial podría hacer fracasar totalmente el intento. Por tal motivo, aunque no sea teóricamente la mejor opción, es recomendable avanzar parcialmente con acuerdos sectoriales como los que se están firmando en los últimos meses. Los sectores acuerdistas verán una mejora sustancial en sus ingresos a medida que los cambios se vayan consolidando, y actuarán como reflejo para otros sectores, que también querrán lograr estos nuevos beneficios. Habrá competencia entre distintos sectores y la generalización posterior será ineludible. Se obtendrá el mismo resultado que con una reforma integral, pero sin pagar los costos de la agitación social por imponerla. Es un camino lateral, exploratorio e inteligente. Los opositores de hoy serán los demandantes del cambio del mañana. Esto permitirá modificar finalmente la legislación o tornarla abstracta. Sólo será necesario e imprescindible, en el corto plazo, que se permita la superioridad de los convenios sectoriales por sobre la legislación vigente, para evitar costosos conflictos judiciales generados por denuncias de ilegalidad de los convenios acordados.

 

Un mundo ideal

 

Los modelos microeconómicos clásicos predicen, en condiciones ideales, que los salarios dependen del valor del producto marginal del trabajo (VPMgL).  Este puede estimarse multiplicando su precio por la cantidad física de producción que se obtiene con el agregado de una nueva unidad de trabajo. Dicho en otros términos, el salario es igual a la cantidad de dinero que se obtiene, en el margen, por la nueva producción que se logra agregando un nuevo empleado, operario u obrero al plantel existente.

 

La productividad (o rendimiento) del factor trabajo se mide por la cantidad de producción que se obtiene por cada trabajador empleado. Todo aumento de la productividad conlleva un incremento similar en el VPMgL  y del salario.

 

La productividad es mayor cuanto más flexibles y adaptables a los requerimientos productivos son las reglas de relacionamiento entre patrono y empleado. Si el empleador puede rotar en distintas tareas a los trabajadores, de manera flexible, y de acuerdo a las cambiantes necesidades productivas, en lugar de atenerse a reglas fijas y reglamentadas de asignación de labores, la productividad será mayor, al igual que el VPMgL  y el salario.

 

El empleo temporal y a tiempo parcial permite optimizar la cantidad de empleados a utilizar en las tareas de ciertas actividades que tienen características estacionales. De esta manera, la producción se torna más eficiente, ya que se utilizan menos unidades de trabajo, incrementándose la productividad, el VPMgL y el salario.

 

Los contratos por proyecto o por obra, en lugar del tradicional contrato por tiempo indeterminado, en aquellas actividades que tienen una duración fija o discontinua, permiten obviar futuras indemnizaciones por despido. La producción se obtendrá con un costo laboral menor, la productividad será mayor, al igual que el VPMgL y el salario.

 

La negociación salarial por resultados o por productividad permite incentivar al personal e inducirlo a incrementar su rendimiento. Esto permite incrementar la productividad, el VPMgL y el salario.

 

La reglamentación del derecho de huelga, de manera que pueda ejercerse libremente pero sin violencia y sin afectar desmedida y/o injustificadamente la producción, evitará pérdida de jornadas laborales, incrementándose la productividad, el VPMgL y el salario.

 

La eliminación de los aportes y contribuciones se trasladará a los salarios (incrementándolos), ya que la productividad y el VPMgL no se ven afectados por la misma. Con el mismo costo para el empleador, los salarios podrían duplicarse en pocos años. Debemos recordar que por cada peso nominal de salario, el empleador abona un extra de 60 centavos de aportes y contribuciones, mientras que el asalariado recibe un neto de 80 centavos, luego de los descuentos y deducciones que se aplican sobre su nómina.

 

Un mundo real

 

Uno de los objetivos principales de la política económica de cualquier gobierno que desea el progreso  y la sustentabilidad social es el incremento de los salarios reales, el poder adquisitivo de los salarios nominales. Al igual que el resto de los precios de la economía, los salarios se determinan  por medio de las decisiones de producción, inversión, consumo, exportación, etcétera de millones de agentes económicos que anónimamente y sin proponérselo determinan simultáneamente el nivel de todas las variables que intervienen en los distintos procesos económicos.

 

Otro objetivo principal debería ser la reducción del desempleo y la informalidad. Como consecuencia de estos cambios, se reduciría o se eliminaría la pobreza, doloroso flagelo de nuestra sociedad.

 

A fin de teorizar sobre los impactos de las distintas medidas de política económica sobre el salario y el empleo (o el desempleo), los economistas suponemos la existencia de un mercado de trabajo. En el concurren trabajadores y empleadores y se determinan los precios y las cantidades que equilibran la oferta y la demanda existente.

 

En el largo plazo, la oferta de trabajo es casi fija. Crece al mismo ritmo que la población: 1 % anual. La mejora en el empleo y los salarios, entonces, depende casi totalmente del aumento de la demanda de trabajo. Y esta será mayor cuando mayor sea la rentabilidad de ingresar nuevos trabajadores al plantel existente.

 

Pese a las muchas críticas sobre una posible precarización laboral, todas las medidas que proponen los empresarios y que parecen coincidir con las que el Gobierno dice estar comprometido, están orientadas a incrementar la demanda laboral. Los trabajadores y los sindicatos deberían ser los más beneficiados por los cambios propuestos.

 

Pero hay alguna pequeña trampa que es necesario advertir para que el proceso de cambio no se frustre antes de obtener los resultados deseados. El ajuste no es instantáneo. En un primer momento se incrementará la rentabilidad empresaria. Esto aumentará la producción y se generarán nuevos proyectos, que implican mayor inversión, cuyo financiamiento será el destino de esta mayor rentabilidad. Posteriormente, se reducirá el desempleo como consecuencia de la mayor demanda por trabajo. Y por último, comenzará el incremento de los salarios. La eliminación del desempleo hará que los empresarios pujen por obtener nuevos trabajadores en el marco de una ocupación total de los mismos y con una oferta semifija, como vimos anteriormente.

 

La incomprensión de este proceso y algunos errores graves en su implementación han impedido el éxito de intentos anteriores de propiciar el tipo de cambios que estamos analizando.

 

Los modelos

 

Como todo el análisis precedente se basa en la utilización de los modelos predictivos competitivos, en los que los empresarios, en busca de maximizar sus propias ganancias, interactúan con el resto de los agentes económicos, determinándose simultáneamente los distintos precios y cantidades que equilibran los mercados, debemos señalar que una pequeña pero respetable proporción de economistas critica la  falta de realismo de los supuestos.

 

Hecha esta salvedad, la mayoría de los economistas coincidimos con el trabajo señero de Milton Friedman, que enseña que no es el realismo de los supuestos sino la capacidad predictiva del modelo lo que determina su validez.

 

La competencia perfecta no existe ni existirá nunca en el mundo real. Mientras más restricciones afecten su funcionamiento, menos se ajustarán sus predicciones a la realidad. El Gobierno debe eliminar muchas de estas restricciones para hacer más competitivo el modelo y permitir que las predicciones sobre incremento de salarios y disminución del desempleo sean posibles.

 

Algunas de estas restricciones son gasto público excesivo, sobrecostos diversos tales como logísticos, por falta de infraestructura, por excesiva burocracia, por exagerada conflictividad laboral, deficiencias entre la educación formal y la requerida por las empresas, etcétera La lista es extensa y el trabajo para la reforma será arduo y costoso.

 

Un teorema de Juan Carlos De Pablo dice que una economía con ene menos una (n-1) restricciones no necesariamente funciona mejor que otra con n restricciones. Esto, dicho en otros términos, implica que la eliminación de unas pocas de ellas puede hacer que la economía funcione peor, y que los resultados esperados por las reformas propuestas no sean los deseados. Se requiere un mínimo, una masa crítica de cambios, todos ellos rápida y simultáneamente, para que la economía funcione mejor y se produzcan los resultados deseados de mayor producción, empleo y salarios. Mejor que el Gobierno se ponga en marcha ya mismo y que abandone la parsimonia y el gradualismo en las reformas estructurales prometidas, bajo riesgo de que por deficiencia o lentitud se desmorone el relato como castillo de arena.

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