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“Trump no cumple su promesa de amistad con Argentina”


19 de septiembre, 2017

 

Por Alejandro Radonjic

 

Más allá de los gestos (la reunión de Mauricio Macri con Donald Trump en el Salón Oval y la reciente visita de Mike Pence a Buenos Aires) y algún hecho concreto (el ingreso de los famosos limones tucumanos a EE.UU.), los “brotes verdes” en la relación bilateral entre EE.UU. y Argentina han sido escasos.

 

En rigor, “las relaciones se están deteriorando”, sostiene Benjamin Gedan, quien se desempeñó como director del Cono Sur en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca en 2016-2017 (hasta la llegada de Trump) y, antes, como responsable de Argentina en el Departamento de Estado, y hoy se dedica a la investigación en la John Hopkins University y en el Woodrow Wilson International Center for Scholars.

 

Días atrás, escribió una columna crítica sobre el trato del Gobierno de Trump para con Argentina, “el aliado más importante, hoy, en América Latina”. Sobre ese tema dialogó con El Economista desde Washington.

 

Recientemente escribió que los “lazos entre Argentina y Estados Unidos se están deteriorando”. ¿Cuáles son las razones detrás de esa conclusión?

Durante la presidencia de Barack Obama, EE.UU. estaba claramente comprometido a apoyar a Macri mientras avanzaba reformas importantes -y políticamente peligrosas-. EE.UU. consideró que las reformas pro-mercado tomadas por Macri eran el camino más seguro para crear empleos y reducir la pobreza en Argentina, así como para demostrar a la región una alternativa al populismo. Con esto en mente, Obama no esperó mucho tiempo después de la elección de Macri para anunciar una visita a Argentina. Tampoco minimizó su entusiasmo por la transformación que acababa de comenzar, a pesar de sus inciertas perspectivas de éxito. En su visita a Buenos Aires en marzo de 2016, la primera de un presidente estadounidense en una década, Obama dijo: “Estados Unidos está dispuesto a trabajar con Argentina a través de esta transición histórica de cualquier manera que podamos”. Notablemente, además de las expresiones de mutua admiración, los dos líderes demostraron inmediatamente el valor de su asociación, anunciando una extensa lista de acuerdos sobre mantenimiento de la paz, cambio climático, reasentamiento de refugiados y otras cuestiones de importancia mundial.

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¿Qué cambió con Trump?

La administración Trump parece reconocer la importancia de Argentina y las oportunidades de cooperación en temas regionales y globales. Macri fue el segundo líder latinoamericano en visitar a Trump en la Oficina Oval. Al hablar en la Bolsa de Buenos Aires en agosto, el vicepresidente Pence elogió la “audaz agenda de reforma” de Macri y dijo que “Argentina ha resurgido como un ejemplo destacado del futuro productivo y positivo que América Latina está construyendo”. Pero, dicho esto, EE.UU. ya no está cumpliendo su promesa de amistad. Una y otra vez, ha rechazado solicitudes para apoyar la lenta recuperación económica de Argentina. Por ejemplo, no actuó sobre la solicitud de Argentina de reincorporarse al Sistema General de Preferencias; se movió a paso cansino para aprobar el acceso al mercado para los limones y la carne de res de Argentina; amenazó con imponer aranceles abruptos al biodiésel argentino y emprendió una investigación sobre las importaciones de aluminio que también podría azotar a los productores argentinos. A pesar de que alabó a Macri, Pence dejó en claro en Buenos Aires que estaba más preocupado por los productores de cerdo en Indiana que ayudar a asegurar la supervivencia del Gobierno de Macri. Incluso la modesta ayuda de seguridad estadounidense a Argentina no está asegurada, ya que la Casa Blanca presiona para agotar los recursos del Departamento de Estado.

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Usted sugiere fuertemente que este deterioro tiene un responsable exclusivo: Donald J. Trump. ¿Qué dicen sus acciones hacia la Argentina sobre su visión del mundo y su manera de relacionarse con los aliados?

En general, la Casa Blanca ha definido muy estrechamente la búsqueda de los intereses de EE.UU. Frecuentemente, esto significa que la política exterior estadounidense se reduce a las disputas sobre cuestiones de acceso al mercado, incluso cuando las preferencias para la economía de EE.UU. son relativamente menores. En este paradigma, subestima con demasiada frecuencia el valor a largo plazo de las alianzas. En el caso de Argentina, el apoyo estadounidense hoy en día podría ayudar a garantizar un socio estable y próspero en los próximos años, que serviría de modelo regional y promovería una serie de prioridades de EE.UU., incluyendo temas de interés para la administración Trump, como el antiterrorismo. Seguramente esa perspectiva supera las necesidades de un puñado de productores de cerdos.

 

¿Cuál sería la mejor manera de relacionarse con la Argentina hoy en día y existe alguna posibilidad real de que se produzca pronto?

Es perfectamente apropiado que la administración Trump promueva los intereses económicos de EE.UU. en Argentina, aun cuando el programa de reforma de Macri sigue siendo frágil y el apoyo público es incierto. Esto incluye, por ejemplo, las demandas de EE.UU. de una mayor protección de los derechos de propiedad intelectual. Dicho esto, EE.UU. debe reconocer que el éxito de Macri está en sus intereses a largo plazo. Dicho de otro modo, por el momento, una postura “Argentina Primera” será ocasionalmente la respuesta correcta a las solicitudes de ayuda de uno de los aliados más importantes del Hemisferio.

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