La situación externa no es sostenible, advierten analistas

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Aunque hay analistas que vienen festejando con ganas la consolidación de la recuperación económica, que arrancó en algún momento del segundo semestre de 2016 (algunos lo ubican en el 0,1% que dio el PIB para el tercer trimestre y otros recién en el cuarto) y que se consolidó en el primer semestre del 2017, también hay muchos analistas que se cuestionan la sostenibilidad de largo plazo, tomando en cuenta el déficit de la cuenta corriente que caracteriza al presente. El dato se vislumbra en la balanza de pagos que publica el Indec en forma trimestral y también en los informes de evolución del MULC que divulga todos los meses el BCRA y preocupa por el historial de Argentina, con las restricciones externas como protagonistas, incluso en contextos que arrancaron con bonanza por la vía del crédito. Las exportaciones no mostraron un boom significativo tras la señal de precios que fue la devaluación de principios de gestión, las importaciones crecieron incluso en el recesivo 2016 de la mano de cierta apertura, el turismo siguió generando drenaje de la mano del atraso cambiario y los intereses que se van generando por el endeudamiento como política para financiar el rojo (fiscal y externo) que, paradojica, lo terminan engrosando.
Por el lado de la cuenta financiera hay relativamente poco aporte de la IED e incluso de las inversiones de portafolio. Y, con una fuga minorista drenando en forma constante, el mayor ingreso se da por la vía del endeudamiento público. El director socio de la Consultora Ledesma, Gabriel Caamaño Gómez, opinó: “La situación no es sustentable en el largo plazo, a menos que hagamos reformas, caiga el déficit fiscal y logremos crecer en forma sostenida”.

 

Desequilibrio externo

 

El informe mensual de PxQ, la consultora del ex viceministro de Economía, Emmanuel Alvarez Agis, publicado hace unos días, puso este tema entre las prioridades a observar en 2017: “La cuenta corriente acumula un déficit de 2,5% del PIB y se encamina a transformarse en unos de los principales factores de inestabilidad. El déficit externo se financia casi exclusivamente con endeudamiento público, dinámica que aprovecha el gradualismo de la Fed que por ahora parece garantizado, pero absolutamente fuera del control de las autoridades de política económica locales”.

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“La magnitud y el signo de los números a julio de 2017 debería ser suficiente para comprender la gravedad del desequilibrio externo”, sostuvo. Lo que destacan los números observados por PxQ en el MULC es que el rojo de US$ 13.699 M de cuenta corriente, es decir 2,5% del PIB, para lo que va del año tiene como protagonistas a la cuenta bienes con US$ 6.379 M positivo, es decir, 1,2% del PIB, y a los intereses, utilidades y dividendos con un rojo de US$ 11.082 M, es decir, 2% del PIB. Mientras que por el lado de la cuenta financiera el superávit sube a US$ 27.743 M, es decir, 5,1% del PIB, con mínimas participaciones de la IED e incluso de la de portafolio, aunque con un buen aporte de los préstamos privados (US$ 11.304 M), es decir 2,1% del PIB. Pero los principales protagonistas ahí, en la cuenta financiera, son la Formación de Activos Externos (US$ 13.626 M), es decir, 2,5% del PIB (empata con lo que sale por cuenta corriente) y sobre todo el endeudamiento público, que llega a US$ 23.571 M, es decir 4,3% del PIB.

 

No sostenible

 

El director de FyEConsult le dijo a El Economista que, mirando el balance de pagos, “se está pasando el 3,5% del PIB de déficit de cuenta corriente y se está yendo a romper la barrera del 4%”. Y dijo: “Te vas a niveles altos históricamente para Argentina. Para sostenerlo necesitás la combinación de un contexto internacional favorable y la perspectiva de que vas a normalizar la economía. Viendo la Historia Argentina, ya pasados dos años, cuesta pensar que se pueda mantener mucho más”. En concreto, Hirsch considera que en términos de sostenibilidad la situación actual en materia externa “puede ser duradera, pero no sostenible: podés tener un año o dos de este déficit pero en algún momento esto se te corta”. Y avisó: “En los dos años de durabilidad que tenés, debería pasar que el endeudamiento tenga una contrapartida que sea un mayor gasto de inversión que redunde en un aumento de la productividad tal que te permita repagar ese endeudamiento”. Por lo cual agregó: “Hoy en día, en parte, se usa para gasto corriente y hay una parte que va a inversión, pero como el endeudamiento es resultado del déficit público, genera dudas”.

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Atraso cambiario

 

El informe de PxQ afirma que una de las claves es que “el cambio de modelo no logró modificar aún la dinámica comercial y el superávit de bienes continúa en niveles bajos y con poca reacción a las modificaciones del tipo de cambio real”. En ese sentido destaca que la devaluación de principios de gestión sólo sirvió para que se liquidaran las cosechas retenidas, más por una razón financiera que económica, ya que en 2017 volvieron a caer. En ese sentido, Hirsch destacó al atraso cambiario como explicación. “No hubo explosión de las exportaciones por el atraso cambiario. Posdevaluación y quita de retenciones hubo una vuelta al atraso cambiario. La apuesta del Gobierno es corregir con más inversión, mejoras de productividad y que así se pueda compensar el efecto del atraso cambiario”, dijo.

 

En esa lectura, el atraso cambiario, además de explicar la timidez de las exportaciones, también da las razones del incremento del rojo en servicios. Si a eso se le suma la estrategia de financiar el rojo vía deuda, con su consiguiente carga de intereses, se llega a una explicación del porqué del cada vez más abultado rojo de cuenta corriente.



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