“La grieta se fue transformando de ideológica a sociológica”

31 de agosto, 2017

 

Entrevista a Andrés Malamud Politólogo e investigador de la Universidad de Lisboa Por Alejandro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, el prestigioso politólogo Andrés Malamud habló de todo: la popularidad de Mauricio Macri en el concierto global, la política exterior, la victoria finita de Cristina Kirchner, las perspectivas para octubre y 2019 y, por último, Brasil y Venezuela.

 

Macri, quizás con Justin Trudeau, Evo Morales, Angela Merkel y alguno más que se me escapa ahora, está en el exclusivo lote de presidentes relativamente populares de Occidente, es decir, con guarismos superiores a 40%. Priman, más bien, los presidentes poco populares. Y después está Michel Temer. ¿Cómo lo explica?

En general, la popularidad presidencial (y de los primeros ministros) está directamente relacionada con el desempeño económico. Occidente transita una etapa de bajo crecimiento en comparación con el pasado y con las expectativas sociales, y los jefes de gobierno pagan en imagen y votos. Los líderes mencionados, más allá de su carisma, gobiernan países que crecen más que sus vecinos. Temer, exento de popularidad, se sostiene por el apoyo parlamentario de una clase política decidida a no ir presa.

 

Sigamos hablando un poco de política exterior, un tema que interesa a muy pocos aquí en Argentina. ¿Está bien el rebalanceo o mix que propone Macri entre Occidente y Oriente? Porque el primero envejece (sobre todo Europa), crece poco y se cierra y, el segundo, todo lo contrario.

El rebalanceo no lo propone el Gobierno sino la realidad. Nuestro principal socio comercial es Brasil, y el principal socio comercial de Brasil es China: desde este año, un cuarto de las exportaciones brasileñas tienen a China como destino). El peso de EE.UU. y la Unión Europea en nuestro comercio exterior es cada vez menor, y también disminuye su importancia en financiamiento e inversiones. No se trata de abandonar Occidente sino de reconocer que se encoge. Conviene, entonces, diversificar mercados y riesgos.

 

Occidente transita una etapa de bajo crecimiento en comparación con el pasado y con las expectativas sociales, y los jefes de gobierno pagan en imagen y votos

 

Embarrémonos un poco más. La Justicia Electoral dijo el miércoles que Cristina ganó las PASO del 13 de agosto. ¿Puede volver en 2019?

Desde 1983, los antecedentes son poco amables con ex presidentes que quieren volver. Si Cristina ganara en octubre, se convertiría en la líder de una facción peronista que triunfa en cinco provincias, mientras el peronismo no kirchnerista habrá conquistado más del doble con un número semejante de votos. Con un peronismo dividido en mitades parejas, las mejores chances para 2019 son de Cambiemos.

 

La lectura de los mercados parece haber sido la opuesta y, tras las PASO, ven un Cambiemos de ocho años, pese a la derrota finita (en la PASO) en la “madre de todas las batallas”. ¿Aumentaron sus chances posible?

Sí. Cambiemos ganó la Nación (en votos y en distritos) y la provincia (el kirchnerismo perdió en diputados por más diferencia de la que ganó senadores). Si se repite esa doble victoria en octubre, las percepciones y expectativas se alinearán hacia la reelección.

 

La grieta sociológica divide por clase social: los sectores populares aman a Cristina, los sectores medios la detestan. Por eso CFK roba en el conurbano sur y es arrasada en el interior bonaerense.

 

La famosa “grieta” no se termina y, más bien, parece consolidarse. ¿Y si es algo bueno?

La grieta se fue transformando de ideológica a sociológica. La grieta ideológica dividía a personas de la misma clase social: parientes y amigos que dejaban de hablarse. La grieta sociológica divide por clase social: los sectores populares aman a Cristina, los sectores medios la detestan. Por eso CFK roba en el conurbano sur y es arrasada en el interior bonaerense. Pero el resto del país no está dividido así. Por un lado, está el espacio peronista, dentro del cual el kirchnerismo es una expresión minoritaria y, por el otro, el espacio no peronista, hegemonizado por Cambiemos. En ambos bandos, fuera del microclima de los medios porteños y las redes sociales, predominan los moderados. Por eso las terceras fuerzas hacen agua: el electorado no las necesita para expresar preferencias moderadas.

 

El peso de EE.UU. y la Unión Europea en nuestro comercio exterior es cada vez menor, y también disminuye su importancia en financiamiento e inversiones

 

Por último, la región. ¿Cuándo se quiebra la dictadura en Venezuela?

Nadie sabe. En un estudio sobre estados rentistas y políticas de desmovilización, tres politólogos (Desha Girod, Megan Stewart y Meir Walters) descubrieron que las dictaduras con petróleo reprimen mejor, y duran más, que las que no lo poseen. Por eso, aunque mañana caiga Nicolás Maduro, no hay garantías de que lo suceda un régimen democrático.

 

Y Brasil, un país que usted sigue muy de cerca. Parece, por estos días, que Temer llega a terminar el mandato de Dilma y que, además, pasará reformas no menores mientras la Justicia purga unos cuantos políticos. ¿Saldrá fortalecido desde su 2001?

Es temprano para saber. Por un lado, el Lava Jato muestra que en Brasil existe un sistema judicial autónomo y eficiente, lo cual es infrecuente en el mundo en desarrollo. Por otro, el mismo Lava Jato desarticuló el sistema de partidos. Un poder judicial fuerte genera estabilidad; un sistema de partidos débil expresa volatilidad. Dependerá de reformas institucionales que el sistema político se estabilice o colapse. Ahora, por ejemplo, se debate la posibilidad de instaurar un régimen semipresidencialista. Para bien o para mal, Brasil sigue siendo el país menos típico de América Latina.

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