La importancia de la percepción en la inclusión financiera

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Por Ignacio E. Carballo Universidad Autónoma de Madrid, UBA, UCA y CITRA-CONICET,

Diana Schvarztein Universidad Autónoma de Madrid y UBA

y Adrián Des Champs Universidad de Buenos Aires

 

El uso ampliado del efectivo como medio de pago puede sucederse por diversos motivos. Lo cierto es que se verá materializado en una economía con poca bancarización (entendida como cantidad de cuentas en entidades formales) o una mediana bancarización, pero con escasos usos e interacciones de los individuos con sus productos financieros.

 

A los datos…

 

El caso argentino ilustra un país cuyas tasas de bancarización se han incrementado, pero donde todavía resta mucho por recorrer en términos de aceptación y uso. En esta línea, según denotó el Banco Mundial, el 20% de las personas con cuentas bancarias las tiene sólo para cobrar subsidios y, de éstas, el 76% tiene el hábito de extraer el dinero apenas se ha depositado. Para peor, dicho hábito no se limita únicamente a los receptores de planes sociales y subsidios. El 80% de los empleados registrados que reciben sus haberes en una cuenta bancaria en nuestro país retiran la totalidad de sus salarios al momento de ser acreditados.

 

De esto se desprende la problemática actual en materia de inclusión financiera que enfrentamos. Por un lado, nuestro país aún presenta niveles de bancarización por debajo de la media en la región (51%) y, por otro, aquel sector bancarizado presenta escasos usos y prácticas en la interacción y utilización de servicios financieros.

 

Existiendo cada vez más facilidades tecnológicas y digitales para ampliar en el corto plazo la oferta o los canales de acceso e integrar a la población dentro del sistema financiero, cabe preguntarse por qué nuestro país prefiere el medio líquido al electrónico. ¿Cuáles son los motivos y los incentivos que llevan a esto? La pregunta de fondo en realidad es por qué los comercios y los individuos persisten en el uso del efectivo como medio de pago.

 

Sin duda, la inclusión financiera incluye también la creación de nuevos hábitos y costumbres que se vean materializados en una mayor aprobación de dichos servicios por parte de la población. La experiencia cercana nos dice, por ejemplo, que combinar la educación financiera y las facilidades para los accesos y requisitos es una parte fundamental. También que es esencial crear los incentivos regulatorios adecuados para que sea ventajoso el ser parte del mundo financiero.

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No obstante, un factor comúnmente relegado corresponde a que dichos beneficios sean fáciles de ver y comprender por parte del público. La falta de comunicación e información clara, o la poca disponibilidad de ésta, ha demostrado crear apariencias erradas que supieron limitar a las iniciativas más integrales de inclusión financiera. El caso colombiano constituye un ejemplo en donde se presentan situaciones en términos de percepción fácilmente identificables y reproducidas en nuestro país.

 

El ejemplo colombiano

 

En Colombia, durante los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo desde el sector público para profundizar la inclusión financiera, habiéndose registrado importantes mejoras en términos de acceso. Desde comienzos del 2015, el país logró que todos sus municipios contarán con al menos un punto de acceso financiero a la población. Los cajeros automáticos, por su parte, crecieron a una tasa promedio anual de casi el doble con respecto a la de las oficinas (8,1% crecimiento promedio anual entre 2011 y 2015). De igual modo, los corresponsales bancarios fueron el punto de acceso más dinámico con un crecimiento promedio anual de 52% durante este período. Así, frente a otros países de la región, Colombia ostenta el liderazgo a nivel de cobertura a través de oficinas y corresponsales de entidades bancarias.

 

No obstante, de acuerdo a un estudio recientemente publicado por el Banco de la República (y realizado conjuntamente con la Asociación Bancaria de Colombia, Redeban Multicolor S.A. y la firma Cifras & Conceptos), casi la totalidad de las transacciones del país se realizan todavía en efectivo. Más específicamente, el informe presenta que aunque los consumidores urbanos han alcanzado un alto grado de acceso a instrumentos de pago electrónicos, estos siguen haciendo el 97% de sus pagos en efectivo debido a la limitada aceptación de estos instrumentos en sus transacciones cotidianas.

 

Estudiando las percepciones de los individuos con respecto a los medios de pagos electrónicos para analizar los factores detrás de este fenómeno, según el informe, los comercios reconocen las oportunidades que puede traerles el aceptar pagos electrónicos en términos de eficiencia y competitividad. No obstante, la renuencia a aceptar instrumentos de pago electrónicos en Colombia se debe, entre otros aspectos, a las percepciones.

 

La encuesta reveló que los pequeños comerciantes suelen informar que uno de los motivos por los que no aceptan medios de pagos electrónicos (como tarjetas de débito y crédito) reside en el hecho de que, según su percepción, la mayoría de sus clientes no poseen cuentas bancarias ni algún tipo de tarjeta de crédito. Por otro lado, esta realidad se enfrenta a que muchos consumidores no ven la necesidad ni los beneficios de bancarizarse por el simple hecho de que los comercios no aceptan los medios de pago mencionados. A su vez, aquellos consumidores que sí poseen cuentas bancarias y productos financieros optan por pagar sus transacciones en efectivo, ya que perciben que un amplio número de pequeños comercios no aceptan otro medio de pago que no sea este.

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En resumen, no valdría la pena incurrir en los gastos y esfuerzos que implica integrarse al sistema financiero si se percibe no poder utilizar los servicios y beneficios que este ofrece en las transacciones del día a día (tanto desde la óptica del comercio como desde la del consumidor). Evidentemente, no sólo existe la falta de incentivos adecuados, sino también la ausencia de instrumentos que influyan en la percepción de la población a la aceptación de las políticas implementadas por el sector público.

 

Corolarios y reflexiones

 

En Argentina, son muchos los motivos por los cuales existe resistencia al medio de pago electrónico y, por ende, un alto uso del efectivo. Entre estos, podríamos mencionar la desconfianza al sistema financiero –producto de una historia de perjuicios a los ahorristas–; un bajo conocimiento al respecto del correcto funcionamiento de dicho sistema –consecuencia de una insuficiente educación financiera–; un marco regulatorio con incentivos para quedarse por fuera de los productos financieros –principalmente tributarios– y/o bien una oferta excluyente en términos de requisitos o canales físicos (o virtuales) de acceso.

 

Sin embargo, muy probablemente el triunfo del efectivo por sobre los medios de pago electrónicos no repose en uno sólo de estos causantes sino en varios y, principalmente, en las sinergias generadas entre ellos. Así, una política integral debería actuar en los diversos causantes de manera holística, donde un factor comúnmente relegado corresponde a la correcta comunicación y transmisión de las medidas implementadas. En este sentido, al igual que en el caso colombiano, Argentina debería trabajar sobre la percepción de los actores para potenciar así su aceptación y avanzar en pos de una inclusión financiera benéfica para el conjunto de la sociedad.

 



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