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“Trump será una combinación de Reagan y Berlusconi”


11 de noviembre, 2016



 

Entrevista a Ricardo López Murphy Exministro de Economía. Por Juan Radonjic

 

El exministro de Economía, Ricardo López Murphy, en diálogo con El Economista, opinó acerca del nuevo escenario global que se abre con la elección de Donald Trump, de los desafíos que enfrenta la economía local y brindó su visión sobre la política económica actual.

 

¿Cómo va a impactar en el mundo en general y en Argentina en particular el triunfo de Trump?

Primero: yo no hubiera votado por Trump. Su visión del mundo es contraria al orden liberal que desde la segunda guerra mundial le dio al mundo en su conjunto una gran prosperidad. Yo tengo una visión que es distinta esencialmente a la del presidente electo. Me da la sensación de que la política de él va a ser una combinación de lo que fueron Reagan y Berlusconi. Reagan en el sentido de bajar impuestos, modificar regulaciones, fortalecer la defensa. Y Berlusconi porque tiene ciertos prejuicios sobre qué hacer en determinadas áreas que no son consistentes con las ideas más liberales de Reagan. Mi impresión es que se viene una época de una política fiscal más expansiva que la de Obama, que logró reducir dramáticamente el déficit, lo que dio lugar a una política fiscal razonablemente contenida y una política monetaria muy expansiva. Debe haber pocos escenarios más favorables para América Latina que esa política de Obama. Yo creo que Trump va a ir para el otro lado. Va a ir a una política fiscal mucho más expansiva y la Reserva Federal va a reaccionar con una política más restrictiva. ¿Cuál es el problema? Que volvamos a la década del ‘80. Esa década fue muy mala para América Latina, entre otras cosas porque no decodificamos a tiempo cómo reaccionar a esa combinación. Eso va a fortalecer el dólar, va a hacer que las commodities caigan en términos de dólar, va a encarecer la deuda… yo diría que el mundo, donde se premiaba mucho a los deudores, va a comenzar a terminar. Trump va a ser un gran factor de atracción de capitales, porque el Tesoro va a aumentar el gasto por la defensa y por la infraestructura y va a bajar impuestos. Ese déficit que va a tener que financiar Estados Unidos va a traer capitales de todo el mundo, va a apreciar el dólar y va a golpear a los que dependen de deuda en lugar de exportación. O sea, acá va a haber que pegar el giro, sobre todo América del Sur, que es muy sensible a esta combinación.

 

Plantea un escenario de un dólar más fuerte. Eso nunca es buena noticia para Argentina, porque nos convierte en un país más caro en dólares al mismo tiempo que abarata lo que exportamos.

Eso es lo que yo creo. No es una buena noticia. Creo que la lentitud en reaccionar para América del Sur en la década del ‘80, estuvo vinculada a eso. No se decodificó lo que significaba la combinación de Volcker en la Reserva Federal y Reagan en la presidencia.

 

Hay quienes dicen que estas políticas de expansión del gasto público, inversión en infraestructura y gasto de defensa, más allá de la rentabilidad a largo plazo, en el corto plazo le va a dar un mayor nivel de actividad a Estados Unidos y, en ese caso, si crece Estados Unidos crece el mundo y eso sería positivo para Argentina.

Algún efecto va a tener. Si uno se pone donde ese derrame es positivo, que es en el mercado exportador, le va a ir mejor. Si uno se pone en el lugar donde eso es costoso, que es ir a buscar financiamiento, le va a ir peor. Es decir, creo que la novedad implica y requiere un viraje. La realidad, me parece, cambió al contexto que vamos a enfrentar y lo mejor es que lo tengamos claro. El gran error de los ‘80 fue no percibirlo.

 

Hay un tema muy sensible para este Gobierno, que es el de las inversiones. Lo ha hecho el centro de su estrategia de política económica. ¿Este cambio del escenario global también puede afectar eso o el nivel de inversiones en Argentina está determinado por otras cuestiones?

Mi sensación es que está determinado por otras cuestiones. Hay tres preguntas muy claras: una es la apreciación cambiaria. Es muy difícil invertir cuando uno enfrenta un tipo de cambio apreciado. Es más caro invertir. El tipo de cambio tan revaluado que tiene Argentina es un obstáculo a la inversión, en mi opinión. La segunda es que cuando uno proyecta hacia adelante la situación fiscal de Argentina, es decir el ritmo de acumulación de deuda, uno queda con preguntas muy complicadas. ¿Quién va a pagar esa cuenta? Me parece que los inversores saben que si ponen el capital acá van a tener que hacerse cargo de esa futura carga de impuestos. Y la tercera es que en muchas áreas muy decisivas para la inversión las reglas de juego todavía no se terminaron de clarificar. Eso no quiere decir que la gente no registra que han habido muchas cosas que hacen a un clima más favorable de la inversión ni que por supuesto el blanqueo no ayuda a muchos argentinos a incorporar capital que estaba bloqueado por las reglas tributarias. Hay otros factores, pero esas tres razones son las que están bloqueando un nivel de inversión importante. Han venido muchos préstamos, financiamiento. Pero no ha venido inversión directa.

 

¿Cómo hacemos para tener un tipo de cambio más competitivo si se quiere en un escenario de ingreso de dólares, oportunidades financieras y blanqueo?

En diciembre o noviembre de 2015, cuando se discutían estas ideas, a mí me preocupaban dos cosas, que las hice públicas, y después me llamé al silencio porque a mí me interesaba que la transición fuera lo más exitosa posible. Era muy importante salir del problema del que veníamos. Es el primer país que sale de estos regímenes populistas del Siglo XXI, entonces era muy importante que fuera exitoso. A mí me parecía que si teníamos un déficit muy alto y una política monetaria muy dura, que era la combinación elegida por la meta de inflación y por el gradualismo fiscal, eso lleva inexorablemente a una apreciación cambiaria. Así como una política monetaria muy dura y una política de ingreso y gasto público más laxa me lleva al receso. Esas dos cosas me harte de comentarlas desde noviembre hasta febrero. Tenemos un tipo de cambio muy apreciado producto de la política fiscal y monetaria que seguimos, tenemos receso y eso tiene que ver con haber puesto el centro de la estrategia en la política monetaria para abatir la tasa de inflación sin hacer el complemento de política fiscal y la política de ingresos. Si uno quiere mejorar el tipo de cambio real, no tiene más remedio que cambiar esas políticas. No es un problema cambiario, sino un problema de cuál es la política fiscal y monetaria. Si uno hace una política fiscal menos laxa va a tener un tipo de cambio real más alto. Porque una política fiscal menos laxa significa menos deuda y si traés menos dólares por deuda los tenés que generar por exportaciones. Si conseguís dólares vía bonos no los necesitas vía exportaciones de bienes y servicios. El corazón del problema cambiario argentino está ahí. Un déficit fiscal alto significa atraso cambiario y debilitamiento de la inversión y del empleo. Es políticamente más llevadero pero…

 

A la vez, si se va a una política fiscal más ajustada, eso deriva en menos soluciones sociales que se traducen en un escenario electoral desfavorable para el Gobierno. En ese caso, los inversores van a decir “no invierto en Argentina porque no hay garantía de la continuidad de esta orientación política porque el oficialismo perdió las elecciones”.

Dilemas hay. Creo que salir de una situación de muchos años tal como la que nosotros traíamos, una situación fiscal, monetaria y de reservas, desesperante, con todos los mercados bloqueados… Este año hubiera sido catastrófico si se seguía con la política anterior porque la deuda que vencía, olvidándonos de la que estaba bloqueada, la que vencía era infinanciable. Hubiéramos enfrentado un colapso por vencimiento de deuda. El cepo no daba más, no había forma de seguir financiando eso. Eso había que cambiarlo. Ahora, ¿que creía yo? Que a lo mejor el primer turno tenía que ser una presidencia de transición. A lo mejor, jugar, gastar y armar una coalición que soportara esa corrección en lugar de restringirse a la coalición propia.

 

¿Qué es una coalición amplia?

Una que asegurara que se podía aguantar una reforma como la que había que hacer en el financiamiento a las provincias, en el financiamiento previsional, en el financiamiento de todo el gasto público. Acá se han agregado 16 o 17 puntos del producto no sólo por subsidios de servicios públicos sino por un aumento del gasto. Corregir eso, que es lo que yo tenía en la cabeza, implicaba eliminar los subsidios y además producir una reforma en el consolidado del sector público de entre 4% y 5% del PIB. Si uno sumaba ambos, de los 16% no es que se revertían totalmente, porque 6% o 7% son inevitables, pero me parecía que la presión impositiva que tiene Argentina, las pymes, los empleados… es de tal envergadura que es difícil crear empleo genuino. Y ha quedado una alta presión impositiva incluso después de la baja impositiva que hubo.

 

¿Cómo ve los números económicos en el corto plazo?

Yo creo que el pronóstico del FMI es bastante razonable. La inflación estará por encima del 20%, será del 22%, y el crecimiento en el orden del 2%. Es decir, se recuperará la caída de este año. La caída este año será de 2%. La recuperación la liderará la expansión del sector agroindustrial, los salarios menos afectados al bajar la inflación y el costo real del financiamiento del sector de la construcción. Esas tres fuerzas algún efecto van a tener en la recuperación del año que viene. La decisión de poner todo el corazón de la política en reducir la tasa de la inflación, obliga a que la política monetaria tenga que morder… y para que muerda y llevar la tasa al nivel anunciado, esas políticas normalmente hacen muy difícil un rápido crecimiento. Y no estoy proponiendo inflación, sino que digo que una política donde es unilateral el esfuerzo en materia monetaria, obliga a apretar todo el tiempo.

 

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