El urgente desafío de reactivar el motor exportador

26 de agosto, 2016

 

La semana que está concluyendo estuvo lejos de ser positiva para el Gobierno en el terreno estadístico. El martes, el Indec informó que el desempleo llegó al 9,3% en el segundo trimestre y que la tasa de empleo (el dato que más preocupó al Presidente) es de apenas 41,7%. Sin dudas, el recorrido hacia la meta oficial de pobreza cero, que se juega en el mercado laboral un round estratégico, no será sencillo.

 

Ese mismo día, y mientras en Hacienda siguen calculando cuánto más deberán gastar en subsidios tras el fallo adverso de la Corte Suprema, el dato fiscal de julio mostró que el rojo en las cuentas públicas se duplicó interanualmente.

 

El miércoles, el Indec informó que la actividad cayó 1,3% en el primer semestre y nada menos que 4,3% en junio (último dato disponible). La recesión sigue vivita y coleando, y afectando los otros dos indicadores antes aludidos a través de menor demanda de empleo (o lisa y llana destrucción) y, lógicamente, menor recaudación tributaria.

 

Ese mismo día, y ese es el dato que nos ocupa, el Indec dio a conocer la evolución del comercio exterior durante el mes de julio: las exportaciones, un motor que el Gobierno pretende incentivar con la devaluación y el relajamiento de la presión impositiva sobre sectores estratégicos como la agroindustria, cayeron 10,9% y acumulan una caída de casi 4% en el año.

 

Pese a las mejoras cambiarias (aunque algo corroídas por la elevada inflación del primer semestre), la quita o reducción de retenciones y el “regreso” al mundo, las ventas hacia el exterior siguen en baja y podrían tener en 2016 una nueva caída interanual. Así, el pico alcanzado en 2011 (arriba de los US$ 80.000 millones) luce cada vez más lejano, y ni hablar de la fantasía de llegar a venderle al mundo US$ 100.000 millones en un año.

 

El experto Diego Dumont, quien acaba de publicar un libro sobre el tema (“Comercio exterior para no especialistas”), celebra que “el Gobierno puso el comercio exterior sobre la mesa”. Se puede apoyar o se puede criticar, dice, “pero nadie duda de que Mauricio Macri quiere un país con más exportaciones y más importaciones, dos vías de una misma autopista”. Destaca, además, que “desde diciembre se fueron tomando medidas que buscan reconstruir, o mejor dicho construir un país exportador”.

 

Según los cálculos de Dumont, hoy hay 10.000 empresas argentinas que exportan, 25% menos que en 2008. “Hay que favorecer la aparición de empresas exportadoras”, dice Dumont, y explica: “Rankings como el Doing Business del Banco Mundial (BM) muestran que nuestro país está entre los másburocráticos del mundo a la hora de permitir la creación de una nueva empresa y, por otro lado, no tiene un mecanismo de exportación ágil paraemprendedores que vaya a consumidores finales (retail). Piénselo bien. Si usted se quiere comprar una computadora en China, un teléfono celular en EE.UU. o un vestido en la India, le basta ingresar por Interneta alguna tienda online, paga con tarjeta de crédito y lo recibe en su casa. Pero talabarteros, modistas o artesanos
y tiendas gourmet, no pueden enviar productos en cantidad por Correo Argentino y cobrarlo con tarjeta de crédito”. Sería, dice, un mecanismo imprescindible para “microemprendedores”.

 

No hay legislación en Argentina que permita despacho con finalidad comercial, puerta a puerta y por correo oficial por parte de microemprendedores, recuerda Dumont. Por eso, sugiere que se podría crear un Registro Nacional y dice que “ya hay quienes lo piden”. Como indicios positivos en favor de los microemprendedores, enumera que en julio pasado se sancionó la Ley Pyme y, hace unos días nomás, el Presidente anunció dos proyectos de ley que se enviarán al Congreso: la Ley de Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo y la Ley de Emprendedores. “Hay que darle pista a los emprendedores en la exportación”, celebra Dumont.

 

“La otra pata es subir la apuesta con el valor agregado”, enfatiza Dumont. “Hay que hacer un all-in en las ventas donde más eficientes somos y más valor hay. Hay que apostar más a las exportaciones que incorporan más valor al esfuerzo nacional, y eso sólo puede significar una cosa: micro, pequeñas y medianas empresas. Personas o empresas que para sobrevivir no pueden apenas subir unas bolsas de soja a un pallet sino que deben jugar mejores cartas. No digo dejar de exportar productos primarios. Hablo de impulsar más las Py- MeX (Nota de Redactor: Pymes que exportan). No son excluyentes entre sí”, aventura.

 

Un dato que debería preocupar: en el país, casi cien empresas grandes (el 1% del padrón) vendía más del 72% del total exportado en 2014, y casi 750 empresas llegaban al 92% de dicho total. Por lo tanto, “más de 9 mil empresas exportadoras no pinchan ni cortan y no llegan ni al 8% del valor exportado”. Conclusión: “Hay que apostar a las PyMeX para sumar valor a las ventas externas”. Es un debate amplio, pero necesario, para empezar a soñar con la esquiva meta del desarrollo. Bienvenido sea.

 

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