Malcorra a la ONU: ¿acierto o jugada condenada al fracaso?



Por Gino Pauselli (*)

Argentina ha sido históricamente un fiel defensor e impulsor del multilateralismo a nivel internacional y regional. Su servicio exterior está altamente formado en asuntos de derecho y organismos internacionales. A su vez, uno de los destinos más prestigiosos para un diplomático es la Representación Permanente ante Naciones Unidas. Recientemente, se confirmó que Susana Malcorra será candidata respaldada por el Gobierno para ocupar el cargo de Secretario General de Naciones Unidas.

Nunca un candidato propuesto por el Consejo de Seguridad ha sido rechazado en la Asamblea. Esta lógica se dio respetando una regla implícita de rotación regional de los secretarios generales.

La postulación abre dos interrogantes relevantes para la política exterior argentina. Por un lado, ¿qué es necesario para que Malcorra se convierta en la próxima Secretaria General de la ONU? Y, por otro lado, ¿qué significa en términos de inserción internacional e influencia en la agenda internacional que una argentina ocupe dicho cargo?

La candidatura tiene tres planos de análisis. Veamos.

  • En primer lugar, la elección del Secretario General se realiza en la Asamblea General, en la que todos los países integrantes de las Naciones Unidas tienen un voto. Pero la presentación de la candidatura a la Asamblea General la realiza el Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros no permanentes y los miembros permanentes: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Entonces, para que un candidato sea propuesto por el Consejo debe tener el visto bueno de estos cinco países. Aquí Malcorra enfrenta un escenario complejo y poco claro. Ella tiene una buena relación con los cancilleres de Estados Unidos y Rusia, y esperaría tener su apoyo. En cuanto a Francia y China, sus apoyos estarán condicionados por si existen o no otros candidatos más atractivos para esos países que la canciller. El Reino Unido es el obstáculo más importante a superar: a partir de ese objetivo deben leerse las últimas declaraciones de Malcorra con respecto a la relación con Londres y el reclamo argentino a Malvinas.
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  • En segundo lugar, necesita el apoyo de la mayoría de los países. En principio, nunca un candidato propuesto por el Consejo de Seguridad ha sido rechazado en la Asamblea. Esta lógica se dio respetando una regla implícita de rotación regional de los secretarios generales. Según esta regla, el próximo Secretario General debería ser de Europa del este pero, previendo un posible veto ruso, han proliferado candidatos de otras regiones. Sin embargo, los países no permanentes del Consejo pueden ver a la regla implícita como una garantía de que en un futuro no lejano tengan posibilidades de colocar un nacional en la Secretaría General. Si esta regla se rompe, con ella desaparecería esta certeza.

 

  • El tercer plano aborda la competencia que enfrenta Malcorra con otros candidatos argentinos para ocupar cargos en organismos internacionales. En este sentido, la candidatura en la ONU compite contra la de Rafael Grossi, embajador argentino en Austria, quien ha sido postulado el año pasado para dirigir la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). Grossi es uno de los favoritos para ganar ese cargo y, si este es el caso, podría disminuir las posibilidades de Malcorra. Por otro lado, si el Gobierno Argentino coloca como prioridad la candidatura de Malcorra, probablemente deba restar esfuerzos en la candidatura de Grossi.
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¿Y si llega?

 

ONU

En cuanto a la influencia en la agenda internacional y la inserción internacional del país, la Secretaría General tiene un desempeño ambiguo. En esta discusión, existen dos posturas. La primera, sostiene que el Secretario General de la ONU le genera muy pocos beneficios directos al Estado del que proviene principalmente por dos motivos: a) el puesto requiere una alta dosis de obediencia y adaptación a las preferencias de las potencias, y b) Birmania, Corea del Sur, Egipto, Ghana, Perú han obtenido pocos o nulos réditos en materia de política internacional gracias a la actuación del Secretario General de su nacionalidad.

 

La segunda postura es más optimista. Esta pone énfasis en que la candidatura es importante en sí misma para el Estado y demuestra que el país tiene personas capaces y muy valiosas para dirigir el organismo internacional más importante que existe. A su vez, para el caso particular de Argentina, la candidatura de Malcorra se alinea y refuerza la búsqueda de “reinserción internacional” de Cambiemos. En este sentido, su candidatura es parte de los servicios que la canciller le presta al país e impulsa con mayor fuerza la consecución de los objetivos de política exterior del Gobierno.

 

Argentina ha decidido apoyar una candidatura nacional para la Secretaría General de la ONU. Esta decisión no necesariamente desembocará en una Secretaria General argentina o en mayores posibilidades internacionales para el país si es elegida, pero sí puede potenciar la estrategia de inserción internacional de la administración de Mauricio Macri.

 

(*) Universidad de San Andrés.






Diario EL ECONOMISTA

martes 19 de noviembre, 2019
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