La economía y los márgenes de acción

6 de diciembre, 2015

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La pericia técnica y política que tenga Macri y su equipo económico para pasar al quirófano (y operar con los menores costos posibles sobre el nivel de actividad) será clave para que el nuevo Presidente pueda sostener (y acrecentar) sus niveles de popularidad. Asimismo, será importante ofrecer ante la sociedad, en el mientrastanto, algunos victorias, por ejemplo, un Indec saneado. Una suba del MNI, una idea en estudio, también será bien recibido por un sector de los asalariados formales y una rebaja y/o eliminación de la retenciones será una noticia más que positiva para el agro. Los cambios de índole más política, por ejemplo, una comunicación más abierta y menos confrontativa; un mayor diálogo entre el oficialismo y la oposición y/o postulantes socialmente aceptados a la Corte Suprema también serán clave para prolongar la luna de miel de la sociedad con las nuevas autoridades mientras se arregla “la macro”.

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Al mismo tiempo, la sociedad tolerará y ofrecerá una cuota de confianza (aunque no será muy extensa y podría no tener el beneplácito de un PJ desempleado) para que el nuevo equipo acomode la macroeconomía en un sendero más saludable y tolerará, si lo hubiera, un período de cierta volatilidad nominal. El sostenimiento del nivel de empleo (y del salario real) será la prueba ácida del plan. Si el ajuste viene por ese lado, podría haber problemas.

Si la operación es exitosa (y hay varios motivos para creer que puede serla), Macri dispondrá del tiempo, el capital político y la energía necesarios para avanzar en los otros frentes de su gestión e implementar su ambiciosa agenda de reformas. Si la economía se embrolla, el Gobierno quedará a la defensiva, se resentirán sus niveles de apoyo y perderá capacidad para avanzar e innovar en las otras áreas. Ejemplos históricos sobran. El éxito del programa económico es, entonces, muy importante.

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La clave será hacer un ajuste expansivo (o lo menos recesivo posible). ¿Será posible? Hoy, es difícil hacer prognosis más o menos certeras sobre el impacto sobre el PIB que tendrá el plan económico de Cambiemos. El éxito de los ajustes que se hagan durante el verano serán clave para vislumbrar con mayor certidumbre qué puede pasar con el nivel de actividad en 2016.

Si la economía termina el verano con un mercado cambiario libre y único, una paridad $/US$ más competitiva y un BCRA con espaldas (mucho) más anchas para defender el tipo de cambio y convencer al mercado que “el billete” no seguirá escalando (y sin una suba sensible en la tasa de inflación), las probabilidades de un rebote económico en 2016 aumentan considerablemente, y más aún si la política económica puede ofrecer mayores cuotas de previsibilidad para que aumente la alicaída inversión privada, ingresen capitales al sistema e incentivos para que los agentes se queden en pesos.

Si, en cambio, la inflación se coloca varios escalones más arriba por el corrimiento del dólar, la brecha cambiaria persiste, la salida del cepo se complica, no hay ganancias de competitividadprecio para los sectores exportadores, se dispara la tasa de interés o se busca reducir el gran déficit fiscal muy apresuradamente, se podría prolongar la estanflación que sufre la economía desde 2011. El contexto externo será otra variable para monitorear de cerca. Por ahora, nadie se la juega. Todos quieren esperar para ver.

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