¿Cómo sigue Brasil en 2016?

22 de diciembre, 2015

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Para cualquier observador atento debería resultar llamativo el vuelco sufrido por la sociedad brasileña en los últimos años. Hasta 2010 Brasil parecía condenado a un destino de grandeza. Su economía crecía a tasas razonablemente elevadas (4,4% promedio de 2003 a 2010), mejoraban los salarios y la distribución del ingreso, así como todos los indicadores sociales. El desempleo se reducía a niveles mínimos y la inflación estaba controlada. El país se posicionaba en el escenario internacional con una política externa activa, orientada a los mercados emergentes de Asia, Africa y América Latina. Como parte de los BRICS, Brasil era escogido como sede de grandes eventos deportivos como el Mundial de Fútbol 2014 y los JJ.OO. de 2016. Petrobras, su empresa líder, acababa de anunciar el descubrimiento de inmensos yacimientos de petróleo ubicados en la plataforma continental (el denominado Pre-Sal) que prometía inundar de prosperidad el futuro del país.

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En 2015 el escenario es exactamente el opuesto. La economía caerá entre 3% y 4% y la depresión se extenderá al año próximo. La inflación se disparó a dos dígitos, el desempleo sube y todos los indicadores sociales se deterioran en forma acelerada. El Gobierno de Dilma Rousseff camina por la cuerda floja del juicio político. Petrobras se encuentra colapsada por un escándalo de corrupción que interrumpió buena parte de sus actividades, planes de inversión y condiciones de financiamiento.

A primera vista parecería que Brasil sufrió un shock internacional de grandes proporciones, como argumenta el Gobierno. Si bien es innegable que los precios internacionales se deterioraron en los últimos años y las ventas al exterior crecieron a una tasa reducida de 2011 a 2014 (1,6% en promedio), las exportaciones representan una porción pequeña del PIB y menor aún del valor agregado, ya que cuentan con un elevado componente importado [1]. Brasil tiene US$ 370.000 millones en reservas internacionales y su Estado es acreedor neto en dólares. La posición internacional del país no sufrió ninguna modificación drástica que justifique semejante vuelco en el cuadro de situación.

Los motivos deben buscarse en la política económica, que fue modificada como respuesta a la creciente presión de la oposición, grandes corporaciones empresariales, bancos, agencias de rating y, en especial, los grandes medios de comunicación. Ya en 2011, Dilma decidía reducir la participación del Estado en la economía. El sector privado era el que debía liderar el crecimiento. Para ello se apeló a un conjunto de incentivos como bajas de impuestos, menores tasas de interés y una persistente devaluación orientada a recuperar la competitividad externa. Con el argumento de evitar que estas medidas se tradujeran en inflación, el Gobierno también optó por reducir la inversión pública, desacelerar gastos gubernamentales y morigerar la participación de empresas y bancos estatales. Demás está decir que estas medidas fueron un rotundo fracaso. La tasa de crecimiento del período 2011-2014 se redujo a la mitad, la inflación subió y la inversión nunca dejó de caer desde entonces.

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Es fundamental entender que si bien el PT tiene un genuino compromiso con las mejoras distributivas, siempre procuró evitar confrontaciones directas con el poder económico y mediático. Esta situación se agravó en el último año. Cuando prima el estancamiento, los planes sociales y los aumentos salariales se transforman en factores irritativos, como quedó demostrado en las manifestaciones que precedieron a las polarizadas elecciones de ese año. En 2015, el Gobierno buscó calmar los ánimos designando como ministro de Economía a un director del Banco Bradesco qué debía profundizar el rumbo con un severo ajuste fiscal, suba de tasas y una mayor devaluación del Real. Estas medidas, lejos de tranquilizar a los irritados, provocaron una dramática caída en los niveles de popularidad de la Presidenta, circunstancia que la oposición está aprovechando para forzar su caída.

[1] Para más detalles, ver Serrano, F. & Summa, R. “Aggregate De mand and the Slowdown of Bra zi lian Economic Growth from 2011-2014”, CEPR: 2015.

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