La crisis política no cesa para Dilma

8 de octubre, 2015

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En primer lugar, el Tribunal de Cuentas del país vecino rechazó las cuentas fiscales de 2014 del gobierno Dilma –la primera vez que sucede algo así desde 1937-, al entender que la mandataria ocultó el creciente déficit fiscal durante la campaña electoral por su reelección.

La segunda estocada judicial fue un fallo del Tribunal Superior Electoral que indica que existen motivos para investigar a la Presidenta y su compañero de fórmula en 2014, Michel Temer, por presuntas irregularidades en el financiamiento de la campaña presidencial.

Ninguna de las dos decisiones judiciales conllevan medidas concretas a corto plazo contra la mandataria, aunque sí podrían allanar más el camino hacia el juicio político en su contra que vienen impulsando desde los sectores más opositores del Congreso brasileño.

Para contrarrestar esta situación, Dilma accedió a hacer una reforma drástica de su gabinete, que implicó la eliminación de ocho de los 39 ministerios y le cedió más participación a su aliado Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Desde hace años, la coalición del Partido de los Trabajadores (PT) y el PMDB se viene deteriorando: de llevar gobernadores conjuntos en la mayoría de los estados en los primeros ocho años de alianza, el PMDB decidió en 2014 presentarle competencia en varios distritos al PT y ya anunció que en 2018 podrían concurrir por separado para la elección presidencial. La elección de Eduardo Cunha –férreo opositor a Dilma dentro del PMDB- como presidente de la Cámara de Diputados, complicó aún más las relaciones al interior de la coalición gobernante.

El desafío de Dilma consistía en reducir un abultado déficit fiscal. En eso se parece a Argentina. Como señalaba en un informe reciente de su consultora el economista jefe de Econométrica Ramiro Castiñeira, “entre gradualismo y shock, Brasil eligió shock” y enfrentó los problemas derivados de su decisión: luego de un breve crecimiento en su imagen positiva después de su reelección, Dilma cayó gravemente a medida que se producía la depreciación del real (que ya supera las 4 unidades por dólar) y el ajuste fiscal. Una experiencia que valdrá como enseñanza para el próximo Presidente argentino, que deberá enfrentar problemas similares en el frente fiscal y en relación al tipo de cambio.

La próxima administración deberá convivir con un Brasil en recesión y con crecientes niveles de incertidumbre, tanto desde lo político como lo económico. Malas noticias, por cuanto el país vecino es el principal destino de las exportaciones de origen industrial y uno de los socios comerciales más importantes del país.

 

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