¿Es posible un TLC entre el Mercosur y la Unión Europea?

7 de septiembre, 2015

exportaciones importaciones intercambio comercial

buy cialis online – best prices guaranteed, approved online pharmacy, discreet worldwide shipping (Columna de Eliana Scialabba, economista, consultora y docente, y Melisa Galvano Quiroga, analista internacional, consultora y docente)

¿Cómo negociar hacia fuera cuando las principales diferencias existen hacia adentro? Es una buena pregunta para tratar de entender qué pasa en el Mercosur al momento de negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE).

Las negociaciones entre ambos bloques regionales comenzaron en 1999 y la fecha meta para llegar a un acuerdo es noviembre del presente año. Sin embargo, todavía queda un largo camino por transitar respecto a las diferencias sobre los sectores que dejarán de ser gravados, sumado a las discrepancias existentes entre los socios del Mercosur sobre las barreras a las importaciones, en un contexto de desaceleración económica.

Por otro lado, hay un sector que se torna clave por la sensibilidad que representa a cada una de las partes: el agrícola. En ese sentido, se destaca que los países de la UE son muy proteccionistas y que las economías del Mercosur tienen ventajas comparativas de producción. Debido a estas ventajas naturales, los países del Cono Sur han planteado expresamente que bajo ninguna circunstancia van a llevar adelante negociación alguna que no incluya la discusión de incluir al sector agrícola dentro del TLC.

Esto lleva a la configuración de dos concepciones diferentes a la hora de acordar un tratado comercial. Por un lado, el Mercosur plantea una estrategia ofensiva en la producción agrícola pero defensiva en cuanto a resignar espacios de su relativamente creciente industria y economía de servicios. Por otro lado, la UE es agresiva en la búsqueda de ubicar su excedente industrial que se incrementa cuanto más se profundiza su crisis, pero a la defensiva en términos de resignar posiciones agrícolas que no forman parte de sus ventajas comparativas pero que constituyen uno de sus más valiosos (y controvertidos) tesoros a partir de la Política Agrícola Común (PAC).

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Hasta aquí se han señalado los principales temas a negociar bloque a bloque, pero hay un punto particularmente especial que se relaciona con la situación interna que atraviesa el Mercosur. Sin lugar a dudas, en los últimos años el bloque regional ha atravesado varios cambios, desde la incorporación de nuevos miembros hasta la profundización de las diferencias hacia el interior. En ese sentido se destaca que históricamente las posiciones de Argentina y Brasil han sido muy diferentes a las de Paraguay y Uruguay.

Entre idas y venidas, los socios menores han amenazado varias veces en buscar ventajas extrabloque si sus demandas no lograban ser contenidas hacia el interior. El cruce de palabras y amenazas no fueron más que señales que intentaron aumentar el margen de maniobra para negociar. En ese sentido, el principal dolor de cabeza gira sobre la opción de que los miembros cierren acuerdos de forma bilateral, lo cual si bien no es una opción del todo viable porque ninguno de los miembros fundadores quiere abandonar el bloque y la firma de un acuerdo por fuera del mismo implica salir del proceso de integración.

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La postura del bloque frente a la posibilidad de firmar acuerdo por fuera del mismo es clara. Por un lado, el Artículo 5 Inciso C del Tratado de Asunción establece: “Un arancel externo común, que incentive la competitividad externa de los Estados Partes”. Esto se refuerza con la Resolución N°32/00 basada en el Tratado de Asunción, el Protocolo de Ouro Preto, la Decisión CMC Nº 10/92 y la Resolución GMC Nro. 35/92, que reafirma en su Artículo 1 “el compromiso de los Estados Partes del Mercosur de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extra zona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

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Lo mencionado previamente constituye un compromiso político de los Estados miembros, que si bien no se encuentra internalizado en los sistemas jurídicos internos de cada una de las partes, representa una clara violación a la vocación de integración. De allí la necesidad de los países miembro de negociar alguna solución conjunta, porque los cambios en la región y en el contexto internacional, sin lugar a duda, obligan a repensar estrategias y generar cambios que posibiliten estar a la altura de las circunstancias, lo cual no siempre es visualizado como tal.

Frente a esta situación, es cierto que el debate sobre la posibilidad de establecer acuerdos de forma bilateral no es algo nuevo y es normal que en los procesos aparezcan necesidades de reacomodamiento e incluso la posibilidad de rever nuevos giros de adaptación, por eso la situación en la que se encuentra el bloque no es algo novedoso ni atípico, pero la clave está puesta en el margen de maniobra de los actores para sortear victoriosamente o no la situación. En ese sentido se destaca que la UE ha pasado en varios desafíos que la han obligado a explorar nuevas estrategias.

Ante la necesidad de dar respuesta desde varios sectores se reflexiona sobre cuáles pueden ser las mejores opciones de adaptación. Se destaca que especialmente en Brasil y Uruguay algunos sectores académicos y empresariales comienzan a considerar la posibilidad de que se habilite la libertad de establecer los llamados “acuerdos paraguas” dando la facilidad de encarar compromisos birregionales con diferentes velocidades, en especial respecto a un tema sensible y clave, como es la desgravación arancelaria.

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Las diferencias se aventuraron más cuando uno de los socios de mayor peso, como lo es Brasil, comenzó a enviar señales que dejaban entrever la posibilidad de cerrar posiciones con la UE, bloque con el que viene desarrollando vínculos especiales desde hace unos años. Los cambios en el tablero internacional y regional y el reposicionamiento de Brasil desde diferentes espacios como es el G20 o los BRICS, hace que seavisto con otros ojos, no solamente por su peso estratégico sino por su rol en la región.

La relación especial entre la primera economía de América Latina y la UE se encuentra afirmada en los hechos. En ese sentido, se afirma que los números confirman esa tendencia de acercamiento. Durante 2014 Brasil recibió inversiones de origen europeo por una cifra de 35.000 millones de euros (U$S 39.327 millones) representando el 54% del capital extranjero captado por el país.

El rol de Argentina

Sin lugar a duda, la postura de los socios menores y el rol de Brasil, dejan a Argentina en una situación particularmente sensible, ya que si bien el país es miembro del Mercosur, ha impuesto barreras al libre comercio con sus socios, lo que ha generado muchas críticas y conflictos entre los países vecinos.

En varias oportunidades, Argentina ha instado a la negociación en bloque, y para que esto sea posible, los tres países miembros iniciales han pedido al Gobierno eliminar, a más tardar en diciembre próximo, las barreras no arancelarios para el comercio interno del bloque regional, aunque de todos modos el país deberá eliminar las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) en diciembre porque lo ordenó un fallo de mediados del mes de julio de este año de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Retomando la línea de la negociación de los bloques comerciales, se espera que para este mes de septiembre se presente una lista más amplia de bienes y servicios para avanzar hacia el TLC, consensuada a nivel bloque. La nómina presentada por el Mercosur a la UE estaría abarcando el 87% de bienes y servicios frente al 80% propuesto y una paulatina reducción arancelaria para un período de quince años. Se incluyen en ella 10.000 bienes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, porque los nuevos miembros del Mercosur, Venezuela y Bolivia, no participan de la negociación.

De aprobarse el TLC entre ambos bloques regionales, se crearía un espacio comercial de unas 750 millones de personas. Es momento de llamar a la reflexión recordando que una crisis significa una oportunidad, no sin aclarar que primero hay que saber gestionar las oportunidades porque, de lo contrario, se corre riesgo de quedar empantanado en la crisis.

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One Comment

  • Nicolas dice:

    El tema es que no se puede considerar poner el tema agrícola en la mesa de debate internacional con una política tan liviana en cuanto a reglas de juego por parte del sector público latinoamericano, poniendo como ejemplo el rumbo tomado por el gobierno argentino de apretar al sector en cuestión. En relación al total de sectores productores de bienes, el campo en la economía argentina representa un 23% en cifras estimativas al año 2012. Esto, ante la posibilidad de la ejecución de un tratado internacional, se encontraría ante la imposibilidad de atender la demanda excedente que se volcaría en el mercado de productos no manufacturados por dos razones, siendo una consecuencia de la otra. Primeramente, la rigidez de la oferta del campo, sumada a la estrangulación impositiva, en busca de dólares por parte del gobierno. Esta siendo el resultante de una política cortoplacista sin incentivo de aumento de productividad. La segunda razon, consecuencia de la anterior, se vería por el lado del cuello de botella del sector, que generaría un traslado del problema a precios internos, asumiendo que se optaría, por condiciones más favorables, el vuelco al mercado de exportación.

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