Una guía simple y práctica para recorrer las crisis económicas argentinas

25 de agosto, 2015

En el libro, Miguel A. Kiguel, junto a su hijo, sistematizan los diversos hechos disruptivos que sufrió Argentina desde lo ’40.

“Este libro es un intento de presentar, en forma accesible, setenta años de macroeconomía argentina”, escribe el reconocido economista Miguel A. Kiguel, titular de la consultora EconViews, acompañado en esta difícil proeza por su hijo Sebastián, historiador él, en las primeras páginas de “Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes y desajustes” (Sudamericana, 2015).

Es decir, es un libro sobre las crisis. Insumos no faltan. “La Argentina tiene el dudoso honor de ser el país que más crisis macroeconómicas sufrió durante los últimos setenta años en toda América Latina e incluso gran parte del mundo”, dicen los Kiguel en la introducción. “Durante estas siete décadas, la Argentina tuvo que sobrellevar trece recesiones” y, un tercio de ellas, “estuvo asociada a una crisis macroeconómica”. No casualmente el libro, bien prologado por Mario I. Blejer, tiene casi 300 páginas.

El libro no profundiza (y tampoco es su objetivo) en las causas de nuestra volatilidad y en por qué el país “tropieza dos veces con la misma piedra”, aunque arroja una hipótesis más que valedera. “Una cuestión central es la falta de consensos básicos en la sociedad respecto del ‘modelo’ económico, lo que puede explicar los fuertes volantazos observados en la política económica (…) Los nuevos presidentes suelen tirar por la borda todo lo que hicieron los anteriores e introducen un nuevo paradigma, cambian las reglas de juego y destruyen tanto lo que no servía como lo que sí servía”, escriben.

La memoria

“No hay duda de que algo funciona mal”, sostienen los Kiguel. Es un país que “no parece aprender de sus errores”. Si alguien hace lo mismo y espera otros resultados, sugería Einstein, es que el agua no le suba al tanque. ¿Cómo explicar, si no, que un país que sufrió una hiperinflación hace poco, convalide nuevamente un proceso inflacionario? Por ejemplo, “todavía no comprendió que los déficit fiscales hay que financiarlos y que, si se lo hace con emisión monetaria desenfrenada, se acaba en inflación y en una crisis de balanza de pagos. Tampoco entendió que el atraso cambiario puede resultar atractivo desde un punto de vista político para estimular el consumo y el nivel de actividad en el corto plazo, pero que las experiencias de monedas sobrevaluadas terminan mal, con un alto costo económico que derrumba ministros y gobiernos. Es, incluso, un país en el que algunos piensan que la inflación es solo un fenómeno estructural que nada tiene que ver con la política monetaria”, explican. Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. El libro ayuda, pues, a tener memoria económica y contribuye a la tarea de detectar, antes de que sea tarde, que tal o cual política económica es pan para hoy hambre para mañana.

Te puede interesar:  Alberto Fernández: "No habrá doble comando y el que toma las decisiones es el Presidente"

El lector se puede preguntar qué distingue a este libro de otros sobre historia económica contemporánea. Y la respuesta es, por un lado, la simpleza de su lenguaje (sin perder rigor técnico) y la originalidad de su tratamiento pues se trata de un intento, acaso uno de los primeros, en sistematizar las crisis económicas argentinas. Según los Kiguel, en los últimos setenta años, hubo tres tipos de crisis: las de balanza de pagos, las macrofinancieras y las de inflación extrema. Tuvimos de todas y, si bien cada una fue original a su manera, tuvieron elementos parecidos.

El recorrido En una primera instancia, las crisis estaban asociadas al signo del saldo de la balanza comercial. “La disponibilidad o escasez de divisas, que se conocía como la ‘restricción externa’, se volvió uno de los principales determinantes de los ciclos económicos y jugarían un papel central en la primera serie de crisis llamadas de stop and go”, explican los autores. Una vez más, cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. La salida era siempre la misma: un ajuste devaluatorio. “Aunque sus contemporáneos las vivían con desesperación, vistas desde hoy estas crisis ni siquiera parecían crisis. Moderadas y breves, no tenían un fuerte elemento financiero, ni crisis de deuda, ni corridas bancarias”, explican los Kiguel.

Pero con la llegada de los “años de plomo”, las crisis argentinas –dicen los autores– se volvieron cada vez más “intensas y traumáticas”: 1975, 1981-1983 y 1989. Es decir, una con el peronismo, otra con los militares y otra con el radicalismo. “En 1975, un fuerte ajuste económico que intentaba corregir los excesos de los años anteriores culminó en una devaluación de más del 150% y una inflación que superó el 300% anual. Entre 1981 y 1983, una errada política para frenar la inflación que se había generado en los años setenta, agravada por un fuerte endeudamiento externo y la Guerra de Malvinas, desató una fortísima crisis de deuda, que se convirtió en la primera crisis macrofinanciera de Argentina. Finalmente, en 1989, luego de varios planes de estabilización fallidos, la inflación se escapó y se produjo, por primera vez en el país, una crisis hiperinflacionaria”, explican Miguel y Sebastián Kiguel. ¿Por qué las crisis fueron cada vez más profundas y cruentas? Las razones son varias. El libro ofrece recorridos pormenorizados de los meandros que llevaron a las distintas crisis a lo largo de sus capítulos.

Te puede interesar:  Alberto Fernández: "No habrá doble comando y el que toma las decisiones es el Presidente"

La cosa se iba poniendo fea, y eso que aún faltaba lo peor: 2001. “La crisis de 2001 fue tan profunda y tan dramática que no es comparable con ninguna de las anteriores; es el tipo de crisis que los países sufren una vez en su Historia y que deja hondas marcas en decisiones futuras”, dicen. ¿Es tan así? Algunos datos: el PIB per capita cayó 22%; el desempleo llegó al 21,5% y la pobreza superó cómodamente el ¡55%!

Finalmente, llegamos a la era de las “Pingüinomics”, expresión que acuñaron los autores para describir la política económica en clave kirchnerista. “Si los años de la convertibilidad fueron controvertidos, la era kirchnerista no se quedó atrás y seguramente, con el tiempo, lo será aún más”, dicen los autores del libro que dedican el capítulo cinco a describir “la década ganada”.

Por último, no podía faltar un capítulo especial para esa gran pasión argentina. ¿El fútbol? No. ¿El asado? Tampoco. La gran pasión argentina fue, es, y quizás siga siendo, la inflación, “uno de los problemas crónicos de nuestro país”.

En las reflexiones finales, los autores hacen un balance de éstos setenta años y tratan de extraer algunos análisis y lecciones. Uno de los problemas recurrentes, identifican, es “el atraso cambiario y la reticencia a devaluar”. Cualquier similitud con…(ya saben). La incapacidad de absorber shocks externos, el crecimiento irresponsable del endeudamiento externo y la adicción a los déficit fiscales son otros de los problemas recurrentes que identifican los autores. Son todos problemas que, en diversos grados, están presentes hoy en día en estas pampas mientras en otros países, dicen los Kiguel, algo exageradamente, que “las crisis son cosas del pasado”.

Con una tónica jauretchiana, los Kiguel despejan la gran incógnita sobre cuál es el camino para el crecimiento estable a través de un breve decálogo. “Para ello no se necesita mucho, simplemente seguir la receta de la abuela”, concluyen los autores.

Dejá un comentario




One Comment

  • Juan Sagredo dice:

    Incoherencias de las cifras de pobreza argentina.
    En el tema del porcentaje de pobres argentinos, hay cuentas que no me cuadran. El PIB o PBI per cápita de Argentina es similar al de Chile, sin embargo las cifras de pobreza argentina triplican a las chilenas. Eso es como incoherente y se podría interpretar de diferentes maneras:
    1.- La encuesta argentina está mal hecha o exageró la cantidad de pobres con un propósito desconocido.
    2.- Las cifras del PBI argentino estarían exageradas si es que las de pobreza son las correctas, debiendo las del PBI per cápita ser menores.
    3.- No me cuadran las cifras de delincuencia de Argentina, salvo que se oculten tras el eufemismo de inseguridad. Con una pobreza tan elevada debería ser motivo de noticias de prensa el incremento de los robos, asaltos y delitos a mano armada, lo que no me concuerda con la pobreza.-
    4.- Siempre creí la afirmación de una mejor distribución del ingreso en Argentina que en Chile, lo que me parecía loable y envidiable. Me llamó la atención al viajar por varios países del mundo, ver la numerosa cantidad de argentinos en Europa, en EEUU, en México, los que son para nosotros los chilenos fáciles de reconocer por su forma de hablar, aún sin conversar con ellos, lo que me hace pensar que el porcentaje de argentinos ricos es mucho mayor que el de chilenos. Me permito poner en duda las cifras de distribución del ingreso argentino, las que debiera informar la prensa, el BCRA y el INDEC, para saber la verdad y la evolución del fenómeno.

Dejá un comentario