“Macri va a tener que arriesgar más”

19 de agosto, 2015

(Entrevista a Ignacio Ramírez, director de Ibarómetro)

¿Cómo hay que leer las PASO? ¿Son una gran encuesta?

Hay distintas maneras de interpretar los resultados porque lo que se vio en las distintas PASO es que al no ser vinculantes, dan pie a una especie de anarquía interpretativa, donde el mismo resultado habilita distintos análisis. En ese sentido, las PASO pueden ser entendidas como una especie de clasificación donde después se establece el lugar de relativa ventaja o desventaja desde el que parte cada candidato hacia octubre. Las primarias esbozan tendencias que tienden a fortalecerse por una cuestión inercial, pero claramente la recta final comienza ahora.

¿En esta oportunidad, cuál es esa tendencia?

Hay varios puntos. El predominio del oficialismo, en primer lugar. Da cuenta de la vigencia simbólica y política que traduce en competitividad electoral. Evidentemente, el rumbo político en curso, en contra de la versión de fin de ciclo, ha dejado una huella en la sociedad argentina que sigue muy vigente que hace que una parte muy importante de ella se incline por las opciones identificadas con el Gobierno Nacional. Pero aún dentro de un umbral de competitividad, es decir, de incertidumbre respecto del desenlace final. Porque si bien el kirchnerismo tiene mucha eficacia en traducir simpatías en votos, que es una capacidad que muchas veces no tienen muchos dirigentes políticos, el proceso de polarización que se viene acentuando hará que haya una alternativa opositoria que produzca cierta convergencia electoral.

¿Es decir que imagina un escenario de mayor polarización para octubre, con Macri recibiendo el voto útil de los opositores?

Si bien no creo que haya hecho una buena elección, creo que al haber salido segundo y al venir recorriendo una construcción lenta pero más consistente, que es la del PRO, es quien va a ocupar ese polo opositor sobre el cual van a converger la mayoría de los votantes cuya principal motivación es interrumpir el proceso político en curso. En general a lo largo de la campaña no hubo grandes novedades en la intención de voto que suscita el oficialismo, pero sí hubo más oscilaciones en el polo opositor. Eso es un signo de un desfío que tienen las opciones opositoras: establecer un vínculo menos intermitente con sus votantes y sobre lazos emocionales e ideológicos más intensos. En ese sentido, me parece que Macri va a crecer apalancado por esta percepción de competitividad. Las PASO tienden a favorecer al primero y al segundo y a encoger la penetración de terceras opciones, en este caso de UNA, que creo que irá perdiendo votos en virtud de un escenario crecientemente polarizado. De todos modos, Macri no aparece como una alternativa que proyecte gobernabiliad y un discurso con cierta consistencia interna.

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¿Hasta qué punto va a recibir el PRO los votos opositores, teniendo en cuenta que los de UNA no son oficialistas pero son cercanos al peronismo?

No va a ser una migración automática. Especialmente porque esos votos reunían todavía a algunos críticos del oficialismo pero con alguna mirada favorable sobre ciertos aspectos del proyecto político nacional y otros marcadamente opositores. Por eso no creo que todo el caudal de votos de UNA se traslade a un mismo candidato.

Postulaba recientemente en el estadista que existe una adhesión importante por parte de una mayoría de la población al discurso, políticas y cierto clima de época asociado al kirchnerismo. Es una ventaja eso para Scioli en detrimento de Macri para salir a huscar votos que no fueron a ellos en las PASO?

Cada etapa histórica, y el kirchnerismo es una, está envuelta en un clima de época ideológico. Eso no ha cambiado en los últimos años y se ha consolidado un ecosistema ideológico que aunque no despierta una adhesión universal, es mayoritaria, y consiste básicamente en un aval a la idea de un rol activo por parte del Estado, que se ve reflejado también en el alto índice de aprobación de ciertas políticas públicas asociadas a la inclusión social. Ese clima favorece al kirchnerismo, que es quien mejor expresa ese ecosistema, y en ese sentido entiendo el giro de Macri para adaptarse a este clima. Distinto sería el discurso del Pro hace 10 años. Los casos que podrían ser análogos al macrismo, como el Partido Popuar de España o el Tea Party en Estados Unidos no tienen eficacia en Argentina en esta etapa. Además, otro elemento es el voto retrospectivo. Una sociedad en una elección presidencial lo que hace es convalidar o castigar al que venía gobernando. Si entiende que lo viene haciendo bien, si el balance le da positivo, convalida la continuidad. Si no, se inclina por un cambio. Todas las encuestas muestran que la mayoría de la sociedad hace un balance positivo del Gobierno Nacional, aunque eso no significa que no haya algunas críticas o aspectos negativos sino que en el balance la mayoría cree que hubo um avance. Y eso favorece un escenario continuista. Como así también un clima económico que no genera un eufórico optimismo pero que  en los últimos meses se ha venido suavizando cierto pesimismo y han mejorado las expectativas económicas.

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¿Con eso tiene que ver que el tema económico no sea central en las campañas?

Absolutamente. Si no, las alternativas políticas que buscan representar el cambio hubieran puesto el eje en la economía. Eso no sucedió porque aunque no hay un clima eufórico, en los últimos meses, las percepciones de la sociedad se han recuperado mucho.

En base a los resultados de las PASO, ¿cómo imagina las campañas de cara a octubre?

El FpV es ganador hasta que se demuestre lo contrario. Se ha demostrado la fortaleza política del oficialismo, aunque no ha conseguido un desempeño electoral suficiente como para clausurar la discusión. Todavía subsiste la incertidumbre pero va a ser difícil disolver la hipótesis de un triunfo oficialista. El oficialismo tiene menos necesidad de arriesgar, pero tiene que hacerse fuerte en esta perspectiva de continuidad más que cambio y de estos valores ideológicos que el FpV representa, de un Estado activo y reparador, y al mismo tiempo, cierta épica, que ha sido central siemprr en el kirchnerismo. Por su parte, Macri tiene que arriesgar más para disolver este clima de triunfalismo en torno a Scioli y lograr instalar la verosimilitud de un triunfo de Cambiemos.

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