La evolución reciente del mercado de trabajo

26 de agosto, 2015

(Columna de Jorge A. Paz, economista, investigador del CONICET y director del IELDE)

Alrededor de 12 millones de personas forman la PEA de las principales ciudades del país. Hay más de 700 mil desocupados y más de un millón de subocupados. Sin tener en cuenta la informalidad laboral y las remuneraciones, estas cifras muestran la situación actual del mercado laboral.

Los datos proporcionados esta semana, y referidos al segundo trimestre de 2015, muestran una caída de un punto de la tasa de desempleo. La información es particularmente relevante por la proximidad de las elecciones presidenciales y porque, como se sabe, este indicador no es sólo un parámetro del mercado laboral sino también de la actividad económica en general.

La evolución (en principio) favorable del desempleo en Argentina es el resultado de una leve retracción de la oferta de trabajo y una cierta constancia de la demanda de empleo por parte de los empleadores. Se aprecia también una suave caída de la tasa de subocupación horaria, lo que mostraría una mejora en la situación de satisfacción por el trabajo por parte de los ocupados.

Quizá sea la evolución de la población económicamente activa (PEA) la responsable de buena parte de lo que sucede hoy en el mercado de trabajo en el país. Por alguna razón, que no está muy clara aún, la PEA se mantiene estable (con una leve caída en el último año) desde que comenzó la recuperación económica del país allá por 2003.

¿Qué puede estar pasando?

Comparada con igual período de 2014, en 2015 la tasa de actividad cayó en la mayoría de los aglomerados urbanos del país. Esto implica que la presión de oferta sobre el mercado de trabajo cedió y ello colaboró claramente a mantener bajo el nivel de desocupación. Además, en aquellas ciudades en las que no cayó, se mantuvo estable, es decir, no aumentó.

Este análisis tiene importancia porque la PEA es sensible al ciclo económico. Son dos los efectos que tienen una gran importancia para evaluar el impacto de la actividad económica agregada sobre la PEA: en una recesión la PEA puede aumentar o disminuir. El aumento suele adjudicárselo al denominado “efecto del trabajador adicional” mediante el cual individuos tradicionalmente inactivos deciden salir a buscar trabajo por la necesidad de colaborar con el sustento familiar y motivados por el desempleo del principal proveedor de ingresos del hogar, tradicionalmente llamado el/la “jefe”. La caída puede estar provocada por el llamado “efecto del trabajador desalentado”, el retiro de la actividad económica (caída del la PEA) por desaliento ante las bajas perspectivas de conseguir un empleo.

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Admiten un análisis similar los períodos de expansión. Por el efecto del trabajador adicional, la PEA disminuirá (las/los jefes conseguirán trabajo y los trabajadores adicionales regresarán a la inactividad) y por el efecto del trabajador desalentado la PEA aumentará por las mejoras en la probabilidad de encontrar empleo. En este último caso el trabajador ya no podrá llamarse desalentado sino más bien “alentado”.

Hay un aspecto de estas explicaciones que cabe rescatar para Argentina. La política social se orientó claramente a los trabajadores secundarios: no jefes de hogar, jóvenes y adultas/os mayores. La inclusión de individuos al principal programa social (la Asignación Universal por Hijo) proveyó un ingreso adicional, similar al que puede generar el efecto del trabajador adicional, en ausencia de política social. Por otra parte, programas como el PRO.GRE.SAR actuaron sobre el grupo más propenso a la desocupación: las/os jóvenes. Por último, la inclusión de adultas/os mayores al sistema previsional descomprimió la oferta de trabajo no sólo de la población foco de la política, sino de la población en edad de trabajar que coreside con estas/os adultas/adultos mayores.

El empleo y la calidad

Comparada con igual período de 2014, en 2015 la tasa de empleo muestra una situación más repartida que la tasa de actividad: de los 31 centros urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), aproximadamente 13 experimentaron aumentos del empleo. En 17 el empleo cayó y sólo en 1 (San Nicolás) mantuvo el nivel. Es por esto que puede decirse que en promedio el nivel de empleo no contribuyó a la baja de desempleo que se registró en el conjunto de aglomerados en promedio.

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Sí hubo cambios en la conducta de las personas acerca de la cantidad de horas trabajadas. La tasa de subocupación en general y la de subocupación demandante en particular registraron una disminución durante el último año. Esto significa que cayó el porcentaje de ocupados que dice estar trabajando menos horas que las deseadas y también se redujo el porcentaje de los que dicen que además de estar insatisfechos, hicieron algo para conseguir un empleo de más horas.

Este indicador puede interpretarse como un mejoramiento en las condiciones de la demanda de trabajo. Los empleadores están ofreciendo puestos con el número de horas deseadas por las personas, pero también de oferta: el trabajador no está necesitando trabajar más horas de las que efectivamente trabaja. En ambos casos la interpretación no es ambigua e implica una mejora en las condiciones de trabajo que no está expresada en la tasa de empleo.

Combinando dimensiones

Claramente, entonces, un bajo desempleo puede resultar de una situación no tan buena del mercado de trabajo. Así se observa un desempleo muy bajo en Santiago del Estero, pero con una tasa de actividad muy por debajo de la media nacional. Resulta interesante mirar, sin embargo, aquellos aglomerados que aún con una tasa de actividad elevada logran mantener, gracias a tasas de empleo altas y vigorosas, niveles de desocupación razonables, esto es, cercanos o menores al 5%, por ejemplo.

En ese caso se encuentran la ciudad de Buenos Aires, Bahía Blanca y Ushuaia: tasas de actividad superiores al 44% (media nacional) con tasas de desocupación que no superan el 5,5%. Tasas de actividad similares a éstas se encuentran en Córdoba y Rosario, pero en estas ciudades las tasas de desocupación son más del doble al 5,5%. Por otra parte es llamativo el caso de Salta: con una tasa de actividad muy alta para la media regional (NOA) ha logrado disminuir la tasa de desocupación ostensiblemente durante el último año.

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