“Estamos viviendo una crisis de balanza de pagos”

31 de agosto, 2015

(En una entrevista con El Economista, Gabriel Caamaño Gómez, de la Consultora Ledesma, analiza el momento del dólar, la devaluación de las monedas emergentes y cómo impacta en Argentina. Por Facundo Matos Peychaux)

 

¿Cómo ve esta suerte de guerra de monedas que se viene dando en el último tiempo?

En perspectiva, no es una guerra de monedas sino una situación en la que todas las monedas se deprecian contra el dólar, que es lo lógico del ciclo de liquidez mundial que estamos viviendo. El dólar tiene que fortalecerse frente a todas las monedas e incluso ante los bienes en un ciclo donde la liquidez empieza a escasear. Todas las monedas se devalúan en distintos momentos, pero todas se deprecian contra el dólar, entre ellas no.

¿Qué pesa más en el fortalecimiento del dólar? ¿La recuperación de la economía norteamericana, la política menos expansiva de la Fed, la posible suba de tasas?

Es importante la Fed pero a corto plazo diría que lo primordial es el tamaño del déficit de cuenta corriente en Estados Unidos, que es lo que inyecta dólares en el mundo. La velocidad con que exporta dólares la economía mundial está dada por la magnitud de ese déficit de cuenta corriente, que se ha cerrado significativamente durante los últimos años. De la mano de un ajuste importante del déficit fiscal, que ya se hizo, y, lo que ahora quedó pendiente y que todos estamos esperando: el ajuste monetario. Están esas dos partes combinadas. O sea, está relacionado con la política monetaria pero también tiene otras determinantes.

¿Hasta qué punto el mercado ya hizo el acomodamiento anticipándose a lo que vendrá?

Siempre la parte más violenta está generada por las expectativas. Sucede que en este caso además, el mercado no reaccionó desde un primer momento hasta que de repente el mercado se la creyó y sobrerreaccionó y comenzó todo el ajuste junto. Es como si el mercado se pasó del otro lado: se va a mover por lo que vendrá y los hechos van a producirse cuando ya estén consumados sus efectos. Parecería que ahora la dinámica del mercado va a ir adelante. Cuando la Fed empiece a subir las tasas, el mercado ya va a estar pensando cuándo va a llegar al 3% que es el punto a partir del cual la política monetaria deja de ser expansiva y empieza a ser contractiva.

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¿Hacia qué escenario mundial nos lleva este esquema de dólar fuerte, menor liquidez y devaluación de las monedas de los emergentes?

A un escenario más parecido al promedio histórico. Hoy estamos viviendo la excepción, con precios históricamente altos de las commodities, dólar excepcionalmente barato y tasas de interés excepcionalmente bajas. Nos fuimos de los mínimos históricos de las tasas pero siguen siendo bajas, seguimos con una soja que si bien no está en su pico máximo de US$ 600, sigue teniendo precios históricamente muy altos. Vivimos una etapa de auge total para el mundo emergente y ahora nos estamos moviendo hacia algo más en línea con el promedio tradicional.

¿La irrupción de China como demandante de commodities va a ponerle un piso a esa caída que cabe esperar que se siga dando con ese nuevo escenario mundial?

Va a haber etapas de caídas más abruptas y otras de estabilizaciones pero el serrucho va a tener tendencia negativa. La demanda China te garantiza un piso alto en relación al promedio histórico, pero por ejemplo en el caso de la soja, tenemos precios tres veces mayores a ese promedio histórico. Espacio para que siga cayendo hay.

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Sí, pero la devaluación en sí no es ni mala ni buena. El tipo de cambio bien entendido es una política anticíclica en sí misma. Que la moneda se fortalezca en los períodos de auge y riqueza y se debilite en los que se empobrecen los períodos de intercambio, permite que el sector exportador no viva a 220 voltios el momento de auge ni a -220 voltios el momento de crisis. La flexibilidad del tipo de cambio es buena. No es malo que el real se haya apreciado mucho cuando la soja valía US$ 600 y ahora se deprecie cuando vale US$ 300 porque desde el punto de vista del productor sojero de Brasil lo que le está garantizando es un movimiento anticíclico, que le compensa la suba cuando crece mucho la soja y le compensa la caída cuando cae. El problema es justamente cuando la economía por problemas de política económica local, no puede garantizar ese movimiento del tipo de cambio nominal para que cumpla un rol anticíclico.

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Es que vos podés tener un modelo como Chile: todo el ingreso excepcional porque el cobre vale muy por encima de su promedio histórico se ahorra en un fondo anticíclico y no se gasta. Con esa política, minimizás la volatilidad del tipo de cambio: no se aprecia en el auge ni se deprecia durante la crisis. O podés tener un caso como el de Brasil, que en vez de ahorrar el ingreso extraordinario por la suba del precio de sus bienes exportables, dejó que se apreciara su moneda. Y ahora que cae el valor de sus bienes exportables, deja que se deprecie. Pero Argentina no es ninguno de los dos: nuestro país cobró las retenciones cuando hubo ingreso excepcional, pero se lo gastó. Entonces generó una apreciación real del tipo de cambio vía inflación, con una política fiscal muy procíclica. Pero ahora, no puede depreciarlo porque generó fuerzas inerciales que hace que cualquier movimiento nominal del tipo de cambio se traslade a inflación volviendo a provocar la apreciación. Entonces así como vivimos todo el shock positivo en un mismo momento, ahora sufrimos todo el shock negativo junto porque no hay posibilidad de política anticíclica: no ahorramos ni compramos flexibilidad de tipo de cambio.

¿Cómo imagina la salida a este esquema?

Todo perfila para que sea una salida desordenada, en forma de crisis, lamentablemente. En verdad, ya estamos viviendo una crisis por balanza de pagos, que se evidencia en que tenemos cepo y controles a las importaciones. Los ajustes que hay que hacer son demasiado grandes para hacerlos todos juntos y en forma ordenada; nadie tiene el espacio político para por ejemplo, hacer el ajuste fiscal que hay que aplicar. Lo más probable es que se dé por la vía inflacionaria y que haya un evento disruptivo que permita que se hagan los ajustes que de forma no disruptiva y por decisión política del nuevo Presidente, la sociedad no los aceptaría.

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