El desafío de la calidad

8 de julio, 2015

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En la última década, Argentina consiguió mejorar algunos indicadores laborales. Quizás uno de los mayores logros fue estabilizar el desempleo en un dígito. Con un índice cercano a 7%, el mercado se acomodó a un modelo que puso el foco en el consumo interno y en la supuesta reactivación de la producción y el empleo. Esto apuntalado con programas de protección social que acompañaron el proceso. Pero si bien el fantasma del desempleo logró alejarse, el comportamiento del mercado de trabajo reveló algunos desafíos estructurales que son necesarios superar para apuntalar el desarrollo.

Empleo de calidad

Después de cierta estabilización, la creación de empleos formales privados perdió dinamismo y luego se estancó. El sector productivo –sobre todo industrial– muestra desde hace un tiempo problemas para generar trabajo. Ecolatina muestra que en 2007 y 2008, por cada punto de crecimiento de la actividad, se creaban 0,4 puntos de empleo. Ese ratio se redujo luego a 0,15. En 2014, el Estado fue el principal protagonista del mercado y creó ocho de cada diez de los nuevos puestos.

En este sentido, un estudio de Idesa destaca que si bien la recesión no disparó la destrucción de puestos de trabajo, un tercio de las personas en edad de trabajar no lo hace. Y que una parte importante no tiene un empleo de calidad. Tres de cada diez son personas inactivas (no trabajan ni buscan) que se mantienen al margen del mercado laboral. Sólo 21% es asalariado registrado en el sector privado, mientras que 43% tiene otro tipo de empleo: en el sector público, en el sector informal, en el servicio doméstico o trabaja de forma autónoma.

La reducción de la informalidad laboral sigue siendo una deuda pendiente. Los números oficiales muestran una pequeña caída del índice en los trabajadores asalariados hasta alcanzar cerca de 33% del total. Sin embargo, el problema se centraría en los trabajadores independientes. El barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) subraya que siete de cada diez cuentapropistas no realizan aportes, mientras que la OIT asegura que 58% de los independientes operan en la informalidad. Por lo tanto, si se tienen en cuenta estos guarismos, el porcentaje del trabajo informal en el total de los ocupados se eleva por encima del 45%.

Según la Unión Industrial Argentina (UIA), los trabajadores independientes informales son cerca de 2,4 millones. Y entre desocupados y trabajadores informales, suman 8,5 millones de personas en situación de vulnerabilidad laboral sobre una Población Económicamente Activa (PEA) de 19 millones. Además, hay que tener en cuenta las desigualdades territoriales. En el noroeste la tasa de trabajo asalariado no registrado se dispara a casi 41%, según el último informe del Indec. En el noreste 35,7% de los empleados trabaja “en negro”, en Cuyo 35,4%, en el Gran Buenos Aires 31,5%, en la región pampeana 29,8%, en la ciudad de Buenos Aires 23,5% y en la Patagonia 19,9%. Según la OIT, los núcleos más duros para combatir la informalidad están en la industria de la indumentaria, las Pymes (en particular las de la construcción y el comercio), el trabajo doméstico, el cuentapropismo y el empleo rural.

Cuestión de género

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