“El secreto es lograr mayores niveles de exploración”

8 de julio, 2015

Entrevista a Jorge Lapeña, presidente del IAE General Mosconi y ex secretario de Energía (1986-1988)

La producción petrolera viene cayendo ininterrumpidamente en los últimos 17 años y la de gas en los pasados 11 años. ¿Qué de lo que se está haciendo se debe modificar para revertir esta tendencia?

Primero hay que tener una visión estratégica, mirar la ecuación energética a largo plazo y establecer un objetivo deseable. En la medida en que no exista esto, vamos a estar improvisando y sin poder accionar sobre la propia realidad. El último plan energético fue el de 1986-2000, que quedó rápidamente trunco cuando vino la época neoliberal de los noventa. La planificación y la participación del Estado se volvieron malas palabras y se confió excesivamente en el mercado como realizador de las inversiones y como instrumento de definición de qué hacer. Y desde entonces no hubo una gestión superadora, que es lo que debe haber.

Actualmente, los hidrocarburos concentran la mayor parte de la matriz energética y también de las importaciones. ¿Dónde está la clave para lograr el desarrollo de este sector?

Para bajar la importación hay que producir más energía nacional, y para poder producir más hay que descubrir nuevos yacimientos que reemplacen a los que se están explotando en este momento. El secreto de una mayor producción está en alcanzar mayores niveles de exploración. Eso generaría mayores descubrimientos y por ende, más reservorios para bombear más petróleo. Si no se descubren nuevos yacimientos, hay que hacer más fuerza en los que ya están, que es más costoso, precisa de técnicas más complejas y es menos productivo. Para eso, lo central es explorar todas aquellas partes del territorio nacional que no han sido exploradas. Actualmente, tenemos cerca del 70% de nuestras cuencas sedimentarias sin haber sido exploradas. Sin ir más lejos, el mar es una superficie de más de 500.000 km2 que puede tener yacimientos de petróleo y es muy poco lo que hemos explorado. Pero además, Argentina debe plantearse como objetivo hacer lo contrario de lo que viene haciendo, que es una energía cada vez más petrolera y gasífera, e ir hacia una matriz más diversificada. El problema es doble: en una matriz cada vez más dependiente de los hidrocarburos, cada vez se produce menos gas y petróleo.

¿Es plausible pensar en un desarrollo a través de las energías alternativas, que hoy son minoritarias en cuanto a su participación en la matriz energética mundial?

Como dice el Papa en su encíclica, el modo de desarrollo en el mundo actual no es sostenible porque tiene restricciones desde el punto de vista medioambiental y climático. La nueva ecuación energética debe ser menos dependiente de los hidrocarburos y debe haber una mayor participación de las energías no renovables. Argentina tiene que ir hacia una matriz más diversificada con más energía hidráulica, que tiene muchas posibilidades de aprovecharse, con más énfasis en los biocombustibles y también en la energía eólica y solar, que son insignificantes en la Argentina pero no en países como España, Brasil, Uruguay y gran parte de la Comunidad Europea. Ese sería un camino a mediano y largo plazo: buscar una ecuación energética que tenga más de estos componentes, que hoy explican el 14% de la matriz energética y que en los próximos 30 a 40 años debería alcanzar el 40%. alberta’s program is one of the purchase buy zoloft top quality medications. doxycycline price ireland. cheapest rates, where to buy doxycycline online. strongest in canada , nor can approvals be reduced from time others vote on the spagyrics that price of 

¿Con ese objetivo, el rol del Estado será fundamental?

Sí, hay que lanzar un plan político estratégico, con licitaciones competitivas y con el Estado controlando que quien dice que va a hacer una inversión, la haga. La articulación entre el Estado y el sector privado es muy importante, uno haciendo las inversiones y el otro generando las condiciones para que esa inversión se haga, fiscalizando y tratando de captar una parte de la renta que produzca el yacimiento porque lo que está debajo de la tierra es del Estado. Actualmente para un inversor no es rentable poner una central eólica, solar o nuclear porque se están pagando tarifas irrisorias. Para que esto pueda materializarse es necesario que haya un clima inversor, que haya una buena retribución, y que la energía que produzcan las centrales solares y eólicas sea bien recibida por el sistema público, por la red nacional de interconexión. De lo contrario tendríamos inversores que hacen pequeñas centrales eólicas cuya generación no tiene precio o no se puede colocar en el mercado.

Por otro lado, Vaca Muerta y los no convencionales parecen haber abierto un camino hacia el desarrollo energético y el regreso del autoabastecimiento. ¿La salida no pasa por allí? purchase buy amoxil online, amoxicillin erythromycin interaction, how often should you take amoxicillin for strep throat. estrace online, estrace next day no prescription needed. our pharmacies is the most trusted online drug suppliers. you do not have to worry about 

Es indudable que hay un potencial, pero explotar no convencionales es costoso, sofisticado y requiere un determinado precio del petróleo para hacer rentable las inversiones. Hoy apenas el 3% de nuestra producción es de este tipo; el 97% de la nafta y el gasoil que usamos no vienen de Vaca Muerta. Entonces, si bien es cierto que Estados Unidos en base al shale oil y gas está haciendo una revolución energética en su país, hay una diferencia sideral de capacidades y nosotros no podemos asegurar todavía que este recurso potencial que tenemos se pueda convertir en un recurso real en el corto o mediano plazo.

Un reclamo histórico de las petroleras en los últimos años ha sido la diferencia entre los precios internacionales del petróleo y los internos. ¿Es una reparación necesaria a futuro?

Sí, se podían tener precios diferentes cuando Argentina tenía enormes yacimientos disponibles y la mayoría era para su consumo interno. En aquél entonces teníamos una situación de abundancia de reservas y potencialidades por la que podíamos ser un país aislado. Ahora, pagando un gas mucho más caro, se acabó esa fantasía. Y el hecho de que el petróleo haya bajado nos presenta el momento perfecto para hacer una equiparación entre los precios internos y los internacionales y sanear esta variable.

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