¿Hay riesgo de un rebrote inflacionario?

29 de julio, 2015

(Columna de las economistas y docentes Eliana y Mariana Scialabba, junto a Ligia Paoletti, licenciada en RR.II., consultora y docente) price of dapoxetine in india – affordable drugs with fast delivery. buy cheap dapoxetine dapoxetine cheap, pfizer, viagra viagra pills for zyban paypal,  purchase zithromax online the behaviour of wellbutrin xl cost without cost functions have been come by necessary issues. prices for generic zoloft valtrex to buy. you are here: home · xenical price lebanon here; wellbutrin xl cost without

Durante los últimos meses de la gestión de Juan Carlos Fábrega al frente del BCRA, la emisión monetaria se estaba desacelerando, expandiéndose a las menores tasas interanuales desde principios de 2010. En el mes de su salida, la oferta monetaria se expandió 18,6%, mientras que la tasa de inflación alcanzó su máximo, al aumentar 41,3% respecto a septiembre de 2013.

Sin embargo, debido a que el efecto monetario sobre la inflación tiene un cierto rezago, el impacto de la caída de emisión de dinero del tramo final de la gestión de Fábrega sobre la inflación se está verificando durante los últimos meses.

El principal problema es que la desaceleración de la inflación por el “efecto rezago” de la emisión monetaria parece estar acabándose, ya que desde que Alejandro Vanoli asumió al frente del BCRA, el 1° de octubre del año pasado, la oferta monetaria comenzó a expandirse nuevamente por encima del 20%, cerrando junio con un incremento del 33,3% interanual, frente a una inflación que se ubicó en mayo en 28,7%, el nivel más bajo desde 2013.

No hay dudas de la existencia de una relación directa entre ambas variables, aunque estudios empíricos de distintos bancos centrales de la región han verificado la existencia de distintos períodos de rezago que van desde los 12 a los 24 meses. Sin embargo, falta considerar una tercera variable, la cual “equilibra” el mercado monetario: la demanda de dinero transaccional.

De esta manera, la emisión de dinero (o aumento de la oferta monetaria) genera inflación luego de algunos períodos. No obstante, el ritmo de expansión del nivel de precios de la economía también dependerá de si la emisión monetaria se incrementa más que proporcionalmente que la demanda de dinero.

¿Por qué considerar también la demanda de dinero? Porque para saber en realidad qué proporción de la emisión de dinero se traslada a inflación se debe analizar si el banco central emitió en exceso y, para eso, es necesario comprobar si los billetes y monedas que la autoridad monetaria puso en circulación fueron o no demandados por el público. No es sólo que el Banco Central emite mucho, sino que los agentes económicos ya no quieren ese dinero.

Sin embargo, con demanda de dinero nos referimos a que las personas se encuentran interesadas en la capacidad de compra de sus tenencias de dinero, por lo que no les interesa el valor nominal del mismo, sino la cantidad de bienes que pueden comprar con él.

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Si bien es obvio que en un escenario inflacionario la demanda de dinero transaccional en términos nominales se incrementa debido a que para comprar los mismos bienes se necesitan cada vez más pesos, en términos reales es posible que esta demanda disminuya, ya que las personas querrán mantener menos liquidez y cubrirse del aumento de precios con ahorro que canalizan en activos financieros que otorgan un rendimiento.

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Desde la (turbulenta) salida de Martín Redrado del Banco Central, éste ha perdido toda su autonomía, ingresando en un esquema de dominancia fiscal: el ente emisor deja de realizar política monetaria con el fin de mantener el nivel de precios estable, y pasa a emitir dinero para financiar el creciente déficit fiscal.

Para no dejar lugar a dudas de la nueva tendencia de la política monetaria, en 2012 se modificó la Carta Orgánica del BCRA. En dicha modificación la autoridad monetaria “perdió” su principal función de “preservar el valor de la moneda” y se dispuso que promueva, “en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno Nacional”, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social.

De este modo se convalidó de forma explícita que el BCRA se convierta en el “salvavidas” del Ejecutivo, el cual no hace más que incrementar su gasto por encima de sus ingresos. A mitad de 2015, el gasto público se encuentra creciendo por encima del 40% anual, mientras que los recursos se expanden al 30%, y frente a los últimos meses de la carrera electoral se estima que el gasto podría expandirse aún más.

No obstante, es importante destacar que aunque el Banco Central sólo tuviera como función financiar el déficit fiscal, esto y la expansión de la base monetaria no serían equivalentes, ya que el BCRA podría emitir para cubrir ese negativo y luego utilizar diferentes herramientas, como las LEBAC y NOBAC, para sacar el dinero excedente de circulación. Sin embargo, el impacto de este mecanismo no es neutro, y lo único que hace es trasladar el problema el futuro, por lo que si no hay un cambio en la política fiscal, la “solución” de corto plazo no es más que otro problema (cada vez más costoso).

Asimismo, a diferencia de la emisión monetaria contra la adquisición de reservas internacionales o deuda de los bancos comerciales, el financiamiento al Gobierno es una emisión “sin respaldo” bajo un esquema de dominancia fiscal. Esta es la clave de por qué el financiamiento del exceso de gasto público genera inflación, y no el incremento de reservas o el otorgamiento de redescuentos.

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Teniendo en cuenta este aspecto, retrocedemos en el avance logrado durante la gestión de Fábrega: la desaceleración de la emisión monetaria de 2014, tanto a nivel general como la destinada al sector público, redujo las expectativas inflacionarias para este año.

Sin embargo, la aceleración del aumento de la oferta monetaria que se produjo desde la asunción de Vanoli va a generar mayores presiones inflacionarias a partir de los próximos meses.

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El escenario de dominancia fiscal es el que ha reinado durante los últimos años y se intensifica este año frente a las elecciones presidenciales. Los agentes han internalizado sus expectativas inflacionarias de cara al “todo sigue igual”, mientras que la economía continúa estancada, el déficit de las arcas públicas se amplía mes a mes, y se expande la emisión monetaria, la cual genera las mencionadas presiones inflacionarias: un círculo vicioso que parece no tener fin.

En una economía que no crece, la emisión monetaria y la inflación van a la par, ya que la demanda transaccional de dinero no se incrementa a la misma velocidad que los precios. De esta manera, hay cada vez más cantidad de dinero en circulación persiguiendo la misma cantidad de bienes.

Si bien existen muchas dudas sobre cómo actuará la próxima gestión respecto a los dos grandes interrogantes, inflación y dólares, todo hace prever que nada cambiará demasiado. Según el Panorama Económico Mundial publicado por el FMI en abril de este año, nuestro país tiene un panorama negro para los tiempos venideros con una economía estancada, por lo menos, hasta el 2017.

En este contexto de lucha por el poder en vistas a las elecciones presidenciales de octubre, la pregunta es si es viable que el que asuma la conducción del país podrá llevar a cabo medidas acertadas que permitan encauzar, por fin, el rumbo de la economía en el crecimiento sostenido a largo plazo. Todos prometen, pero nadie puede garantizar nada. La respuesta la dará el paso del tiempo.

Es importante recordar que la inflación a los niveles de nuestro país debe ser considerada como un síntoma de enfermedad y no como una normalidad. Nuestra situación actual se compara sólo con países como Venezuela y Ucrania.

Ya lo decía Milton Friedman, en su célebre frase: “La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”.

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