¿Puede bajar la inflación?

18 de marzo, 2015

(Columna de Camilo E. Tiscornia, economista, director de C&T Asesores Económicos y profesor de Economía Monetaria -UCA-) Según el economista Milton Friedman, “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”. Esta frase constituye una de las principales conclusiones de la ciencia económica y está avalada por amplia evidencia empírica. Hoy en la Argentina la cantidad de dinero crece al 32% interanual, según la medida que se considere. Por lo tanto, aquí tenemos un parámetro que nos puede dar una referencia aproximada de cuál será la inflación argentina de no mediar significativos cambios en la política económica. No obstante, el principal matiz que debe hacérsele a la afirmación de Friedman es que su verificación se da más bien en plazos largos. Esto implica que, por ejemplo, en el plazo de un año puede haber cierto divorcio entre el crecimiento de la cantidad de dinero y la inflación porque hay otros factores que son también muy incidentes. Uno central en la Argentina es el tipo de cambio. Este influye de modo directo en la determinación de los precios internos de un amplio conjunto de bienes, tanto más cuanto más abierta sea la economía. Así, la suba de 18% que tuvo lugar en enero de 2014 en el tipo de cambio oficial fue la principal causa de que la inflación pasara de cerca de 25% anual a fin de 2013 a más de 40% en junio de 2014. Asimismo, el aumento de apenas 9,5% que presentó el dólar oficial en el último año explica, en buena medida, la reducción de la inflación anual a 31% el mes pasado. Esta modificación en el comportamiento del tipo de cambio oficial responde a una clara intención del Gobierno de contener la inflación en un año de elecciones a la luz de la escalada que tuvo el año pasado. Otro factor determinante para la inflación en el corto plazo son los precios regulados por el Estado, que en Argentina son cada vez más: trenes, colectivos, luz, gas, educación, salud, etcétera. Y a ellos pueden sumarse también otra serie de bienes como, por ejemplo, los incluidos en el plan de Precios Cuidados. Aquí ya hay una moderación en relación al año pasado porque el Gobierno no está ajustando tarifas. Un tercer factor clave es el estado de la demanda agregada de la economía. Por un lado, hay aspectos de la coyuntura que contienen la demanda, como el menor crecimiento del mundo y de Brasil en especial, la baja competitividad, la escasa inversión y la mayor presión impositiva. Pero otros factores sostienen la demanda, como las tasas de interés menores que la inflación y el déficit fiscal financiado con emisión monetaria. Como en otros años de elecciones, el Gobierno está siendo más expansivo con sus políticas fiscal y monetaria, lo que garantizará un buen nivel de demanda agregada. Por último, están también los salarios. A pesar de los esfuerzos oficiales por estimular la demanda agregada, la economía entró en recesión en 2014 y eso afectó el

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nivel de empleo. Por ello, en 2014 se verificó una fuerte caída de los salarios reales. En 2015 creemos que la actividad económica puede tener una suave mejora pero que no impedirá que se produzca otra recesión. Así, difícilmente las renegociaciones salariales de este año puedan apartarse mucho de la inflación esperada, lo que implica que la merma de poder adquisitivo del año pasado no se revertirá. Esta combinación de determinantes de corto plazo seguramente generará al cabo de este año una inflación menor que la de 2014, más cercana al 30% que al 40%. La expectativa de una escasa devaluación del peso en el mercado oficial, la falta de ajuste en sectores regulados y renegociaciones salariales contenidas por la recesión serán los factores más incidentes. No obstante, la expansión de las políticas oficiales para tratar de impulsar el consumo y la financiación monetaria de las mismas mantendrán un piso elevado para la inflación, en línea con el paradigma de Friedman.

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