El acecho de la deflación

4 de marzo, 2015

El mundo se tomó un respiro – sólo en términos económicos – en los últimos días. Grecia logró un plazo de cuatro meses para arreglar su deuda. Sin lugar a dudas sirvió para descomprimir la situación en Europa y aquello bancos que tenían una alta exposición a la deuda griega respiraron aliviados.

Mientras tanto se espera los efectos que tendrá la decisión del Banco Central Europeo – que muchos consideran tardía– de inyectar dinero en la economía a partir de marzo para reactivarla.

A su vez, la titular de la Reserva Federal Janet Yellen sostuvo en el Congreso que la suba de tasas no será inminente y ahora los analistas la esperan para la segunda parte del año.

Para Yellen la economía muestra un comportamiento satisfactorio y destacó que si bien la tasa de desempleo cayó al 5,7% todavía persisten dificultades en el mercado laboral porque los salarios están estancados.

Pero el dato que frena cualquier intento de endurecimiento de la política monetaria es el de la inflación, que está muy por debajo del 2%, que es el objetivo implícito de la Reserva Federal. En Estados Unidos preocupa la posibilidad de una deflación que también amenaza a otras economías. En un año, los precios subieron sólo el 0,8% en China y 15 de los 19 países de la eurozona están en deflación. La baja del precio del petróleo es determinante para explicar esta tendencia global. Si bien un barril a US$ 60 es un alivio para los consumidores, la deflación implica riesgos para la economía.

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En primer lugar porque no ayuda a fomentar el nivel de actividad porque se postergan las compras de bienes suponiendo que en poco tiempo más se podrán adquirir a menor precio. Y el consumo explica dos tercios del PIB en la mayoría de los países. Además, en la medida en que los precios bajen y los salarios no, las empresas tendrán menos incentivos para incorporar nuevos empleados. Finalmente, la deflación hace más pesadas las deudas en términos reales, lo cual complica a empresas y países endeudados. Tal vez no se llegue a una situación de deflación extendida pero todos los bancos centrales están atentos, sobre todo porque las tasas de interés están en niveles mínimos y ya no hay margen para bajarlas más.

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En este contexto se corre el riesgo de una nueva guerra de divisas en las cuales todos los países procuran hacer devaluaciones competitivas que les permitan reactivar sus economías por el lado de las exportaciones. El dólar se sigue fortaleciendo contra las monedas de mayor peso en el comercio global. Hay una curiosa excepción que es China. Durante años se acusó al Gigante Asiático de manipular su moneda y mantenerla artificialmente baja para lograr grandes saldos positivos en el intercambio comercial con Estados Unidos. Pero desde hace tiempo el yuan está atado al dólar por lo cual también se valorizó frente al resto de las monedas. Y no cabe esperar una devaluación porque las autoridades chinas serían acusadas de manipular la moneda y eso es incompatible con su deseo de darle al yuan un lugar preponderante en las finanzas mundiales.

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