Crecimiento económico, ahorro e inversión

19 de marzo, 2015

(Columna de Eliana Scialabba, economista, consultora y docente)

No es posible explicar el crecimiento económico sin analizar su relación con el ahorro y la inversión. El aumento del nivel de actividad depende de la formación de capital y ésta, a su vez, necesita del ahorro – el cual puede provenir de la economía doméstica (ahorro interno) o del resto del mundo (ahorro externo o cuenta corriente) – para ser financiada.

Por este motivo, la visión de una economía que se expande sólo en base al aumento del consumo es cortoplacista. Un país que pretenda crecer de manera sostenible debe esforzarse en ampliar la oferta productiva y mejorar la productividad por medio de la inversión, lo cual requiere un esfuerzo financiero, ya que el aumento de la inversión financiada con ahorro externo puede ser una rápida salida con altos costos en el largo plazo debido a la carga que genera el endeudamiento externo. Es por ello que es necesario que generar una tasa de ahorro interno que sea suficiente para financiar la inversión y evitar el desequilibrio del sector externo.

No obstante, el proceso no es tan sencillo, debido a que las fallas de coordinación, la incertidumbre generalizada y la irreversibilidad de la inversión hacen del crecimiento económico un proceso complejo.

Ahorro e inversión: panorama mundial

Según datos del FMI, tanto la inversión total del mundo como el ahorro como porcentaje del PIB han tenido un incremento en torno a 2-2,5 puntos porcentuales durante los últimos años. Sin embargo, cuando se analiza por grupos de países y países se observa un cambio en el patrón de ahorro e inversión.

Las economías avanzadas han declinado su inversión en casi 2 puntos, pasando de 22% del PIB en el período 1991-1998 a 20,3% en 2014. Como correlato, la misma tendencia se verificó para el ahorro, el cual pasó de 21,7% a 20,4% del PIB.

Hacia el interior del grupo, analizando las economías seleccionadas, se observa que Estados Unidos incrementó su inversión del 18,5% a 19,7% del PIB, mientras que su ahorro interno creció de 16,4 a 17,3 puntos del PIB, una tasa insuficiente para financiar su gasto interno, explicando esto su fuerte déficit de cuenta corriente. En tanto, en la Eurozona, la inversión declinó dos puntos del PIB (de 21,7% a 19,7%), mientras que el ahorro se mantuvo casi sin cambios (de 21,4% a 21,6%). Alemania, la principal economía del bloque, descendió su inversión de 22,4% a 17,2% e incrementó su ahorro de 21,4% a 24,2%, generándose de esta manera una notable expansión en el superávit del sector externo.

Comparando las cifras de Estados Unidos y Alemania es posible extraer una primera conclusión: mientras la primera economía del mundo basa su crecimiento en el consumo y, consecuentemente, en el incremento de importaciones, Alemania ha generado una política orientada a las exportaciones de bienes de alta tecnología, lo que le ha reportado grandes excedentes de cuenta corriente y sostenibilidad de largo plazo.

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En el grupo de las economías emergentes la dinámica es diferente. Estas aumentaron su tasa de inversión de 26% a 31,9% del PIB y su tasa de ahorro interno de 23,6 a 32,6 puntos del mismo, convirtiéndose en exportadores netos de capital. Asimismo, la tasa de crecimiento superó a la de los países avanzados (4,4% versus 1,8% en 2014). No obstante, al interior del grupo los diferentes bloques presentan comportamientos muy disímiles.

El grupo comprendido por los países de Asia en desarrollo (que incluye a China y la India) ha tenido un fuerte incremento, tanto en su tasa de inversión como de ahorro interno, y consecuentemente, del crecimiento económico (+6,5%). Para este grupo de países, en el período 1991 – 1998 la inversión alcanzó el 33,9% del PIB, mientras que para 2014 la misma se incrementó en más de 8 puntos, alcanzando el 42,3%, explicado principalmente por la inversión de la economía China, que se encuentra en torno al 48% del producto. En el caso del ahorro, la evolución es similar: pasó de 32,7% a 43,4% durante 2014. En este caso, además de la pujanza de la economía China, que ahorra casi 50 puntos de su PIB, también se suma Singapur, que tiene un excedente de ahorro de más de 18% de su producto.

En América Latina y el Caribe la situación de la inversión ha empeorado con el transcurso del tiempo, ya que pasó de 21,3% en 1991-1998 a 20% en 2014 y ubicándose casi 5 puntos por debajo del promedio mundial con una tasa de crecimiento del 1,3%, 2 puntos por debajo de la expansión global. La tasa de ahorro interno ha verificado el mismo comportamiento: en los 90 era del 18,5% del PBI y en 2014 alcanzó los 17,3 puntos. Esto indica que la región es una importadora neta de capital, ya que sus requerimientos de formación de capital no pueden ser cubiertos por recursos excedentes internos y deben recurrir a la financiación del resto del mundo.

Inversión y crecimiento económico

Sin lugar a dudas, las economías que más invierten y ahorran son las de Asia en desarrollo, las cuales, en línea con la teoría del crecimiento, son las que mayores expansiones del nivel de actividad presentan. La noción que altas tasas de inversión generan crecimiento económico se encuentra presente desde los días de David Ricardo hasta la actualidad, y la evidencia empírica no hace más que confirmarla.

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Tal como se observa en el gráfico 1, existe una (fuerte) relación positiva entre la tasa de inversión como % del PIB y el crecimiento del mismo. En el extremo superior derecho se encuentran las economías de Asia en desarrollo y en el inferior izquierdo la zona euro, América Latina y el Caribe y los Estados Unidos: las economías que más invierten crecen más que las que destinan menos recursos a la expansión de su capacidad productiva.

Existen numerosas teorías que explican el crecimiento económico a través de otras fuentes diferentes a las altas tasas de inversión y ahorro. Sin embargo, debe destacarse que aunque estos no constituyen el único “motor” del crecimiento, son su pieza principal. Asimismo, por lo general es difícil encontrar países que hayan crecido a altas tasas y sostenidas durante largos períodos sin un importante esfuerzo de formación de capital.

¿Y Argentina?

Las cifras expuestas sirven como referencia para ver en qué lugar se encuentra la economía argentina, la cual durante 2014 destinó a formación de capital sólo el 17,9% de su producción, una tasa muy baja respecto de los guarismos del resto del mundo. Para tener una idea más aproximada, la participación de la inversión en el PIB de Argentina es similar a la de Sudán, y es superada por Burkina Faso (18,0%), Jamaica y República Eslovaca (18,5%).

La inversión no sólo es un componente de la demanda agregada que aumenta el PIB en el corto plazo, sino que en el largo plazo expande la oferta global, ya que con la aplicación de la capacidad productiva es posible producir mayor cantidad de bienes y servicios para hacer frente a una demanda creciente, evitando la fuerte suba del nivel general de precios. Asimismo, la incorporación capital aumentan la productividad de la economía, y por lo tanto los salarios de los trabajadores, lo que se traduce en un mayor bienestar social.

De esta forma, la escasa tasa de inversión de la economía argentina, la cual disminuye año a año, estanca el crecimiento de largo plazo, y los beneficios derivados de ella.

Nos encontramos muy lejos de los países emergentes más pujantes. Es por eso que para recuperar el dinamismo de la variable clave de la economía es necesario llevar adelante políticas económicas que restauren la confianza de los empresarios, como así mismo implementar medidas que estimulen la ampliación de capital productivo. Sólo de esta manera la economía podrá retomar su senda de crecimiento económico sostenido.

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