Caminos que se cierran

6 de marzo, 2015

Pese a la escasez de divisas, el Gobierno no da señales de modificar su hoja de ruta y difícilmente la cambie de cara a las elecciones. La estrategia oficial apunta a lograr la mayor estabilidad cambiaria posible como mecanismo “disciplinador” de las expectativas y, con ellas, de los precios. Con un control más efectivo de las operaciones bajó el tipo de cambio paralelo y la brecha con el oficial. El Banco Central aspira a que con la calma cambiaria la inflación se mantenga estable y por debajo de los próximos aumentos salariales para recomponer el consumo. El faltante de divisas no se ajustará por precio sino por cantidad. Así, la política cambiaria no administra el tipo de cambio sino la demanda de divisas entre dólar ahorro e importadores. Para todos no hay.

Concretamente, desde que Alejandro Vanoli asumió la presidencia del Banco Central en octubre pasado, la cotización oficial del dólar subió apenas 7% anualizado (2,4% entre puntas). Si bien en los últimos dos meses aceleró la devaluación al 13% (anualizada) no vemos como escenario probable que el Gobierno dinamice la suba del tipo de cambio. Más aún considerando que las negociaciones paritarias no serán sencillas y que se avecina un largo calendario electoral en el cual el kirchnerismo se juega su poder en los próximos cuatro años. Para viabilizar el “plan”, el Gobierno tendrá que exprimir al máximo las alternativas de financiamiento externo que aún tiene para evitar perder reservas: habrá más swaps con China y seguramente un nuevo intento de colocación de deuda en moneda extranjera en el mercado local, de manera de amortiguar la pesada carga de vencimientos de deuda. La probable cosecha récord de soja es la mejor noticia en lo que va del año y le daría tiempo al BCRA a no generar ruidos en el mercado de cambios.

Pero el escenario que se viene es mucho más complicado y pondrá en jaque la estrategia trazada por el Gobierno. El tipo de cambio estable junto al congelamiento de las tarifas de servicios públicos en un contexto de caída del consumo fueron determinantes para moderar la inflación en los últimos cuatro meses. Pese a la desaceleración, la inflación continúa en niveles muy elevados. De hecho, aun suponiendo que el alza de precios baje al 25% (contra el 38% interanual en 2014), esto será el doble a lo que suba el tipo de cambio oficial.

Ante este contexto, se profundizará el atraso cambiario que viene sufriendo la economía en los últimos años y que tanto perjudica a las cuentas externas. El tipo de cambio real respecto del dólar estadounidense está en el mismo nivel que en diciembre de 2001. El panorama se complica aún más debido al fortalecimiento que está mostrando la moneda americana frente a la demás monedas, en especial frente al real que en lo que va de 2015 se devaluó más del 8% y 20% en un año. Así las cosas, el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) continúa en baja y ya está en 1,20 (base diciembre de 2001=1), 15% más caro que un año atrás. Suponiendo que se cumplan los supuestos anteriores y con las monedas de nuestros socios comerciales estabilizadas, en lo que resta del año el TCRM caería otro 8%. De esta manera, el kirchnerismo dejará el Gobierno con un TCRM 50% inferior al del que recibió y apenas superior al de fines de la convertibilidad.

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Además de los efectos nocivos que genera el atraso cambiario, las cuentas externas se complican por el deterioro que muestran los términos de intercambio que, si bien permanecen en niveles históricamente altos (30% mayores a los registrados entre 2003 y 2007 y 50% superiores a los del período 1999 y 2002), desde fines de 2012 acumularon una pérdida del 18%. Esto obedece a que los precios de las exportaciones bajaron 11% mientras que los de las importaciones tuvieron un comportamiento opuesto al aumentar 9%. De esta manera, “el modelo” se queda sin su principal aliado: la ganancia por la mejora en los términos de intercambio fue clave para explicar el salto de las exportaciones y el crecimiento registrado entre 2003 y 2011 en un contexto de superávit en la cuenta corriente.

Esta tendencia iniciada a fines de 2012 se profundizará en 2015. La importante caída de los precios de las commodities en los últimos meses obedece principalmente a incrementos en la oferta, en especial en el petróleo y soja, en un contexto en el que la demanda crece más lentamente, por lo que este escenario no parece revertirse en el corto plazo. Sin la ayuda de los precios, las exportaciones quedan expuestas a la muy pobre performance de las cantidades en la última década: entre 2003 y 2014 las cantidades exportadas crecieron 1% por año, muy poco si se lo compara con otros períodos (por ejemplo, entre 1992 y 2001 crecieron al 10% anual). Peores son los resultados de los últimos tres años en el que los volúmenes cayeron a razón de 4,5% por año, destacándose la muy mala performance de las manufacturas industriales. Los recientes datos publicados de enero, no hacen más que confirmar esta tendencia: las exportaciones cayeron 18% interanual, siendo lo más destacado el derrumbe de las ventas de manufacturas industriales, que tuvieron una caída del 25% interanual, producto de la contracción del 30% en las cantidades.

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Así, en 2015 las exportaciones tendrán doble impacto negativo de menores precios y caída en cantidades por lo que alcanzarían los US$ 65.000 M, 9% inferior a las de 2014. Este será el cuarto año consecutivo de caída y habrán acumulado una reducción de 22% desde el máximo registrado en 2011. Con la menor oferta de divisas de los exportadores, todas las demás cuentas deberán ser ajustadas. En estas condiciones, las importaciones y el nivel de actividad serán la variable de ajuste para mantener la estabilidad cambiaria.

Con este panorama, el desafío de la sucesión será recomponer las cuentas externas para fortalecer las reservas internacionales. Requerirá diseñar un plan macroeconómico integral que apunte a restablecer el equilibrio del balance de pagos y reanimar el nivel de actividad. Sin la ayuda de los términos de intercambio, la apertura de la cuenta financiera –no sólo apuntando al financiamiento externo sino también a la repatriación de activos externos de los argentinos (neto de inversión directa en el exterior, suman US$ 190.000 M)– será clave para evitar un ajuste brusco en el tipo de cambio en un contexto de inflación alta y actividad estancada.

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