“Corregir precios relativos siempre es complicado”

23 de marzo, 2015

En diálogo con El Economista, Martín Rapetti,profesor de macroeconomía II de la FCE-UBA, entre otras materias, e investigador del CEDES, el IIEP-Baires y el CONICET, aporta una visión desde la academia sobre las dificultades y los trade-off’s que enfrentará el nuevo Gobierno a la hora de encarar la solución de los desequilibrios imperantes en la economía argentina. A continuación, el diálogo completo.

“Domina por estos días la visión de que el gobierno logrará transitar los meses que le quedan sin mayores sobresaltos y que la economía que heredará la próxima Administración se parecerá mucho a la actual”, escribió recientemente en una entrada en su blog intitulado “Cortemos con tanta dulzura: Imaginando 2016”. ¿Concuerda con esta visión o cree que aún no se sabe con cierta precisión cuál será la herencia pues puede haber en el camino algún sobresalto, sobre todo cambiario?

Soy menos optimista que la mayoría sobre la posibilidad de que el Gobierno llegue a entregar el mando sin sobresaltos. No hay que descartarlo. Es cierto que el Gobierno tiene al dólar atornillado y tiene el mercado cambiario bajo control y domesticado. En principio, tiene la capacidad, y la voluntad, de infligirse una recesión aún mayor con tal de no entregar reservas. Si tiene que aumentar la deuda con importadores para preservar reservas, lo hará. Instrumentos tiene. Pero los riesgos son grandes: todo el mundo ve el problema cambiario; el retraso cambiario, por la devaluación de las monedas emergentes, y en particular la de Brasil, se va agudizando y están las elecciones de por medio y esos son momentos de incertidumbre cuando los mercados están muy sensibles. Con cualquier ruido las posiciones se vuelven muy conservadoras. Al mismo tiempo, la expectativa generalizada de que el nuevo Gobierno tenga que hacer un ajuste cambiario genera un incentivo para posponer la liquidación de exportaciones. Si el Gobierno, por ejemplo, tuviera que seguir tres años más, no hay dudas de que enfrentaría una crisis cambiaria nuevamente. Pero como tiene pocos meses por delante y se descuenta que no va a seguir, eso contribuye de alguna manera a evitar una situación de tensión cambiaria nuevamente. Pero, repito, no se debe descartar. Estamos en una situación muy frágil y podríamos ver una situación de estrés cambiario en los próximos meses.

¿La tensión cambiaria se originaría por el retraso en el tipo de cambio?

Sí, hay un retraso y se va a acentuando. El nivel está mal y la película también. Eso puede generar alguna corrida.

Pero el retraso, si llueven los dólares como varios pronostican, se va a acentuar aún más en 2016.

Hay muchos optimistas con respecto a lo que pueda pasar en 2016 con el cambio de Gobierno. Tiendo a creer que esa lluvia de dólares no se dará sin un ajuste cambiario previo. Podría haber un boom inicial pero que al tiempo se revierte. Si queda cada vez más en manifiesto que el país tiene un déficit importante en la cuenta corriente, problemas en las economías regionales y en los sectores manufactureros que son muy sensibles al tipo de cambio, quedará demostrado que la economía no puede funcionar con ese tipo de cambio y que va a tener que corregirse.

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Y nadie va a querer entrar hasta que esa corrección se haga.

Y sí, y los que entraron van a querer salir. Podrás tener un pequeño boom a comienzos de 2016, pero más adelante esos capitales podrían empezar a fugarse. Aun en el escenario optimista en el que entren capitales por un par de medidas de market-friendly, eso podría revertirse después.

Pero la otra opción, la devaluación, también es complicada.

Claro. Es una opción compleja. Devaluar no es otra cosa que bajar el valor de los salarios en precios transables, o en dólares si se quiere. Implica una caída de los salarios reales. Hay que ver si se logra un acuerdo para que eso ocurra. Se debe digerir políticamente. El otro problema es que, cuando hacés esa corrección de precios relativos, y a eso le sumás el ajuste sobre las tarifas, que están muy desalineadas y qué también va a recortar los ingresos reales, la gran pregunta es qué pasa con la inflación. Si cambiás los precios relativos (salarios, tipo de cambio y tarifas) con una inflación de 30%, eso podría acelerar la inflación a un nivel más alto al que estamos acostumbrados.

¿Y entonces además se autodestruiría la ganancia cambiaria producto de la nueva devaluación?

Tomemos la experiencia de enero de 2014. El salto del dólar de $6,50 a $8 llevó la inflación de 25% a casi 40%, y luego se desaceleró porque el Gobierno usó el tipo de cambio como ancla y lo fijó en $8-$8,50. Pero hoy el tipo de cambio real está peor que entonces. Un Gobierno que quiera preservar un nuevo nivel de tipo de cambio real tendrá que ir ajustándolo paulatinamente con la inflación (el llamado crawling peg). Y en vez de irse a 40%, la inflación se iría a niveles aún más altos porque mes a mes le estás dando un impulso adicional. No necesariamente tiene que ser así. Para evitarlo se necesita un equipo y un programa económico que muestren que van a acomodar los precios relativos, subiendo el dólar y las tarifas y, al mismo tiempo, mostrando que esa aceleración inflacionaria inicial producto del cambio de precios relativos va a ser de corto plazo porque va a tomar medidas luego para desacelerarla. Esa es la clave del próximo Gobierno y la complejidad del plan: subir precios relativos, lo que tiene un efecto acelerador sobre la inflación y, al mismo tiempo, mostrar un plan que demuestre que esa inflación en aceleración pronto se va a desacelerar. Si logras ese balance, y aquí reside el arte de la política macroeconómica, se puede hacer bien. Pero no es fácil.

Esa sería la receta para volver a crecer.

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Sí, sería arreglar los desequilibrios. Si corregís los precios relativos, arreglás las políticas fiscales y monetarias y evitás que se disparen las expectativas inflacionarias, estarían sentadas las bases para volver a crecer. No a las tasas chinas de otrora porque el contexto externo no es tan auspicioso. La economía argentina no tiene problemas tan graves como para no volver a crecer con las decisiones adecuadas en los próximos años, más allá de los problemas estructurales que tiene como el déficit de infraestructura. Pero si no se logran tomar esas decisiones o no se puede instrumentar, entonces sí podes entrar en una dinámica del estilo del ‘Stop & Go’ de los ’60 cuando la inflación era un problema, no lograbas corregir los precios relativos y estabas en una dinámica oscilante ente inflación y devaluación. Corregir precios relativos siempre es difícil y la complicación va a en aumento a la par de la inflación.

Esa es una diferencia con respecto a la salida de la convertibilidad pues en aquel momento no había inflación.

Claro. Venías con una economía con enormes problemas de empleo y con inflación cero. No había ningún mecanismo que inercializara la inflación ante el cambio de los precios relativos. Hoy estás en una economía, afortunadamente, con menos problemas de desempleo y con una inflación de 30%. Cuando tenés shocks devaluatorios, tienden a impactar más fuerte en la inflacion cuánto más alta está en un inicio. Eso fueron las híper: shocks devaluatorios sobre niveles de inflación ya muy altos. No es ese el escenario que veo, pero sirve para graficar las complicaciones de intentar arreglar precios relativos en un contexto inflacionario ya de por sí elevado.

¿La baja de la inflación debe ser gradual o en formato de shock?

Las inflaciones que bajás de manera abrupta son las que están muy altas. Allí, todos los precios siguen a uno (el tipo de cambio) y, si controlás el precio del dólar, podés bajar la inflación casi instantáneamente. Si tenés inflaciones más bajas, como la nuestra, los ajustes de precios y contratos se dan en forma gradual y escalonada, y es más difícil complejo de la noche a la mañana. Las políticas deben ir convergiendo gradualmente a una tasa más baja.

¿Qué casos de desinflación gradual podría mencionar y qué podemos aprender de ellos?

Chile y Colombia en los ’90. Partían del 30% y entre seis y siete años la llevaron al 5-6%. La gran diferencia es que ellos tenían los precios relativos bien. Chile, en los ’90, bajó la inflación con un tipo de cambio real muy competitivo y todo pasaba por ir desinflando nominalmente la economía. No tenía que darle ningún shock acelerador a la inflación, y pudo usar el tipo de cambio fijo como ancla. Por eso, el tipo de cambio tiende a apreciarse en los procesos de estabilización. El problema de Argentina es que tiene que controlar su inflación y, antes, corregir los precios relativos.

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