El empleo público y el privado

14 de noviembre, 2014

El empleo en la Argentina se enfrenta en 2014 a una recesión y destrucción de puestos de trabajo del sector privado. En tanto, el sector público actúa como amortiguador del proceso, con creación de empleo en los tres niveles de gobierno. Con todo, el desempleo total crece a la par de la caída en la actividad económica. ¿Es neutral el proceso de reemplazo de empleo privado por nuevos puestos de trabajo en el sector público?

El punto de partida

En 2013 en Argentina había 17.200.000 personas en condiciones de trabajar (PEA), de las cuales 16.016.000 estaban ocupadas, y 1.184.000 desocupadas. Del total de ocupados, 6,3 millones lo hacían en el sector privado formal, otro tanto, 6,1 millones en el sector privado informal y 3,6 millones en el sector público. Se entiende por Sector Público al nivel consolidado de Nación, provincias y municipios, más las empresas públicas y organismos descentralizados. Es decir, el 38% eran trabajadores informales, y el 22%, empleados públicos. La tendencia desde 2006 muestra claramente que, hasta 2010, hubo dinamismo en la creación de puesto de trabajo a nivel privado, pero desde 2011 se ha detenido el proceso de creación de empleo privado formal, se redujo el informal, y ha crecido solamente el empleo público, en casi 600.000 puestos de trabajo (2009-2013).

Esta situación se debe a la creciente inestabilidad macroeconómica derivada de la pérdida de los superávit gemelos, debido tanto al incremento del déficit fiscal, a su financiamiento con emisión monetaria, y la introducción del cepo cambiario, que paralizó el ingreso de divisas más allá del superávit comercial.

La creación de empleo 2014 -2011 evidencia que sólo el Sector Público ha venido generando puestos de trabajo. Con la recesión que se verifica en 2014, que a fines de tercer trimestre se estima en un mínimo de 2,5% anual de caída, la destrucción de puestos de trabajo y la creación de empleo público, amparado por un gasto público nacional que acumula un crecimiento de 46% anual, evidencia un modelo productivo y de empleo de características particulares.

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Recesión y después

En el primer trimestre de 2014, según datos del SIPA, el empleo formal creció en 21.000 puestos de trabajo, con una destrucción de 27.000 puestos en el sector productor de bienes y una creación de 417.000 puestos en el sector productor de servicios; pero la Administración Pública, Defensa y Organizaciones y Organos Extraterritoriales crearon 41.000 puestos. El sector privado destruyó 20.000 puestos anuales. Según el Indec, la tasa de desocupación del segundo trimestre fue del 7,5%, 0,4 puntos por encima de la del primer trimestre del año en curso. Las estimaciones privadas, en tanto, la ubican más cerca del 10% a comienzos del cuarto trimestre.

Con todo, el empleo público formal (e informal) es el que mantiene los “promedios”. Estos datos son previos a la agudización de la recesión desde el no acatamiento del fallo de la Justicia norteamericana por la deuda en default en junio, a partir de lo cual se ha profundizado la recesión en el sector privado, y consecuentemente la reducción de puestos de trabajo en la actividad privada.

En la práctica, el mercado de trabajo perdería por lo menos 250.000 puestos en 2014, con una tasa de desempleo que llegaría al 10%, y con perspectivas no favorables para 2015, de persistir el default de la deuda, no lograrse revertir las expectativas macroeconómicas negativas y, por ende, no recuperarse la rentabilidad de la producción privada.

Si bien el empleo público viene “compensando” en parte la caída del empleo privado, este modelo de mercado laboral tienen algunos problemas de sostenibilidad.

Uno de cada cuatro asalariados es del sector público, en el cual no queda clara la productividad del trabajo, además, muchos monotributistas y autónomos trabajan también para el Estado. Luego, un tercio del total trabajadores es público o trabaja con el sector público.

Se trata del tradicional “modelo de empleo provincial”, aplicado en muchas provincias desde hace décadas, donde casi todos los trabajadores tienen algún empleo público, pero ahora aplicado desde la Nación, y aún cuando tengan un puesto permanente o temporario en la actividad privada.

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Lo que es más importante, el reemplazo de puestos de trabajo privados por puestos de trabajo en el sector público consolidado (proceso 2010-2015) no garantiza la marcha de la actividad económica, por las diversas características de los bienes y servicios que pueden ofrecer el sector privado y los que puede ofrecer el sector público. Esto genera desequilibrios en la estructura productiva en el mediano plazo, pues el sector privado produce bienes y servicios en general transables, junto a otros no transables; en cambio, el sector público produce esencialmente bienes no transables (administración del Estado, Justica, seguridad y defensa, y gasto público social). La especialidad de estos trabajadores no es la misma que la que pueden tener los trabajadores del sector privado. Luego, un reemplazo que ya lleva cinco años, de empleo privado por empleo público no es neutral para la función de producción de la economía de un país.

El empleo privado formal dejo de crecer fuerte desde 2008, cuando había creado 349.000 puestos en un año. El sector privado garantiza la creación de puestos de trabajo de competitividad, pero en escenarios de estancamiento o de recesión, no es posible mantener los puestos de trabajo, y menos aún, crear nuevos puestos.

Perspectivas

Si bien 2015 no promete ser un año fácil para el mercado laboral, es de esperar que las expectativas se regeneren desde 2016. En este sentido, una reactivación del sector privado como consecuencia de una normalización de los desequilibrios macroeconómicos debería repotenciar la creación de puestos de trabajo privados, generando empleo genuino y digno y, de esta manera, una fuente de ingresos personal relevante para la producción, la equidad y el desarrollo humano.

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