La economía de la corrupción

28 de octubre, 2013

(Columna de Vicente H. Monteverde, director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Morón)

La corrupción es un fenómeno complejo, con múltiples causas y efectos, y fluctúa desde el simple acto de pago ilícito hasta el funcionamiento endémico del sistema económico. Así, el problema de la corrupción ha sido considerado no sólo como estructural sino también como moral, cultural e individual. En este sentido, la corrupción constituye una de las principales críticas de la ciudadanía a los actores políticos, generalmente realizadas desde fuera y difundidas por los medios de comunicación.

La palabra corrupción proviene del adjetivo corruptus, que en latín significa estropeado, descompuesto o destruido. La corrupción es hoy un tema popular en las ciencias sociales. El aumento del interés es evidente en economía y otras disciplinas, en las que las principales revistas han publicado muchos artículos sobre el tema. Algunas organizaciones publican datos indicativos sobre corrupción. Por ejemplo, Transparencia Internacional (1) publica un “Indice de Percepción de Corrupción” para la mayoría de los países, que es muy citado y cuyos datos se usan frecuentemente en los análisis estadísticos de desempeño económico. La definición del concepto determina lo que se modela y se mide, es decir, los datos empíricos.

¿Qué es?

Por consiguiente, el estudio de la corrupción ha sido multidisciplinario y disperso y ha fluctuado desde modelos teóricos universales hasta descripciones detalladas de escándalos de corrupción individual. La fase muchas veces utilizada “para beneficio privado” se puede definir de manera más estricta y limitarla a los casos en los cuales las personas involucradas obtienen algún tipo de recompensa personal, como dinero, estatus, bienes o servicios.

Pero aunque esta definición puede cubrir la mayoría de los casos de corrupción en el mundo real, excluye algunos casos importantes en los que los individuos actúan corruptamente con fines morales. Esto se denomina corrupción por “causas nobles”. El fenómeno de la “corrupción por causas nobles”, raro pero real, sugiere que la corrupción no es estricta y universalmente para beneficio privado sino a veces para beneficio de un sector de la comunidad (un Robín Hood), aunque a menudo intervienen motivaciones egoístas, a veces en una dinámica de la famosa frase “roba pero hace”.

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En general, cualquier decisión tomada por una persona o grupo que tenga poder discrecional para hacerlo, sin que exista transparencia total sobre el proceso de toma de decisiones, es vulnerable a la corrupción. La corrupción requiere la interacción entre dos actores, uno de los cuales tiene un papel dentro del sistema político o es empleado del Estado, quien es corrompido, y otro que los corrompe: “La corrupción tiene lugar en la interacción entre los sectores público y privado. Cada vez que un empleado oficial tiene poder discrecional respecto a acciones distributivas que afecten al sector privado, se crean oportunidades de soborno” (2).

Las definiciones de corrupción implican casos de violación de algunas leyes, como cuando los empleados públicos reciben sobornos o cobran “comisiones” por ejecutar alguna acción. Sin embargo, en otros casos puede haber corrupción sin que se violen leyes. Por ejemplo, la repartición del botín estatal puede ser legal, pero en beneficio de algunas personas y en detrimento del bienestar social como cuando un empleado público asigna un contrato a un amigo, copartidario o pariente sin cobrar una “comisión” ni recibir un soborno y cumpliendo con los requisitos formales estipulados por la ley. Lo mismo ocurre cuando se da una licencia de importación, se fija un precio, etcétera. Por ello, cuanta más discrecionalidad exista en la economía, más potencialidad de corrupción hay, ya que muchas acciones y beneficios dependen de la decisión u omisión de funcionarios públicos.

En suma, en las ciencias sociales gran parte de la literatura sobre la corrupción se ha restringido al sector púbico. Esto es objetable ya que existen casos en la esfera privada, como la “contabilidad creativa” del caso de Enron Corporation.

Las consecuencias

La corrupción es contagiosa y no respeta fronteras sectoriales (3). La corrupción implica duplicidad y reduce los niveles de moralidad y confianza. Una vez que echa raíces, tienta a otros con sus ganancias pecuniarias y reduce los incentivos para acatar las reglas. Cuando los niveles de moralidad y confianza disminuyen se hace más difícil resistirse a las prácticas corruptas. La corrupción virulenta puede extenderse fácilmente del sector privado al sector público o viceversa. La corrupción genera externalidades negativas que atraviesan las fronteras sectoriales, debilitan las normas legales y morales y facilitan otros actos de corrupción.

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En consecuencia, los estudios empíricos deben enfocarse en los niveles de corrupción integrales y no limitarse sólo a la esfera pública. Cuando se analizan los modelos teóricos de economía de la corrupción nos encontramos con dos modelos explicativos que tienen un eje microeconómico: la búsqueda de rentas y la relación principalagente. A los dos enfoques es posible modelarlos desde el lado marginalista y se desarrollan a través de los análisis de costos y utilidades marginales. Algunos autores agregan la maximización de utilidades, pero el modelaje en este punto no es completo, ya que la decisión de corrupción no es solamente económica, también es conductista.

La corrupción como captación de rentas impacta sobre las variables económicas, y directamente sobre el gasto público, el crecimiento económico y la inversión como sobrecostos y en la microeconomía como externalidad negativa (decisiones discrecionales, sobrecostos, etcétera). Resumiendo, la investigación empírica sobre corrupción ha sido durante mucho tiempo entorpecida por falta de buenos datos. No es posible creer en un purismo científico absoluto. Las observaciones básicas sobre el fenómeno de la corrupción son de naturaleza vaga y subjetiva, no se pueden dejar al mero “sentido común”.

Las políticas anticorrupción deben basarse en un conocimiento más preciso sobre lo que acontece dentro y fuera de los actos corruptos, como un proceso, para poder atacarlos. El desafío es ensayar diferentes métodos de investigación empírica.

(1) Es la organización mundial de la sociedad civil que lidera la lucha contra la corrupción.

(2) S. Rose-Ackerman, “Corruption and Government: Causes, Consequences and Reform” (Cambridge University Press, 1999)

(3) Algunos autores hablan de “redes de corrupción” como efecto contagio, con modelos de equilibrios múltiples.

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