Los desafíos de la Argentina

18 de mayo, 2012

Mientras la economía global se caía a pedazos en 1930, Keynes imaginaba un futuro sin carencias económicas para sus nietos, en el cual los economistas serían como los dentistas: gente práctica que resuelve problemas concretos, no oráculos que aparecen en televisión para responder qué va a pasar con el país.

El futuro que Keynes describió en su ensayo “Las posibilidades económicas para nuestros nietos” es nuestro presente, y sin embargo ahí estamos, todos trabajando para llegar a fin de mes (los que consiguen trabajo) y los economistas en la tele. ¿Qué pasó? ¿Se equivocó el maestro?

Keynes imaginaba un ingreso per capita de entre cuatro y ocho veces mayor en 2030 comparado con 1930 en los países ricos, y no se equivocó. El PIB per capita en Inglaterra hoy es más o menos cuatro veces lo que era en 1930, y todavía tenemos veinte años por delante. Angus Maddison calculó que entre 1950 y 2001, los países desarrollados multiplicaron por cuatro su ingreso per capita, mientras que el resto del mundo lo multiplicó por tres. Punto para Keynes.

También según Maddison, en Inglaterra y EE.UU. las horas trabajadas por persona cayeron entre 30 y 40% desde 1913. Y el 80% del valor agregado en las economías avanzadas viene del sector servicios. EE.UU. es una potencia agrícola, pero el sector primario es apenas 1% de su valor agregado total. Otro punto, o al menos medio, para Keynes. No llegamos a su ideal en el que todos nos dedicamos al ocio, pero en los países ricos los trabajadores tienen en promedio más tiempo libre y empleos de mayor calidad.

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El problema económico de la escasez absoluta (la falta de satisfacción de las necesidades básicas) está resuelto para casi todos. En la Argentina nos fue peor. Con suerte multiplicamos por dos nuestro ingreso per capita entre 1950 y la actualidad, desde un punto de partida similar al de los países desarrollados. Estamos todavía lejos del futuro que imaginó Keynes. El desafío económico para los próximos 20 años es acercarnos a los niveles de ingreso del primer mundo. Los países que lo lograron o que están en camino a hacerlo no son Corea del Norte, Cuba o Venezuela. Son países como Corea del Sur y Chile, que se integraron con inteligencia al mundo, creando empresas de primer nivel internacional que encontraron nichos en las cadenas de producción global.

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No hay casos de éxito económico desde 1950 cuya receta haya sido aislarse del mundo, y hoy esa alternativa es menos viable que nunca. Con el cuento de que el mundo está en crisis – otra mentira del relato oficial, ya que en 2012 crecerá al 3,5% contra 3,9% en 2011– el kirchnerismo se empeña en una estrategia económica que nos aleja de la tecnología de punta y de la inserción en cadenas de producción globales.

El “modelo productivo de matriz diversificada, tipo de cambio competitivo e inclusión social” que pregonaba Néstor montado sobre la recuperación del 2001 y los precios de la soja han dado paso al atraso cambiario, los déficit gemelos y los controles arbitrarios de Cristina. El resultado es que estamos entrando en un proceso de estancamiento con inflación. Para que nuestros hijos se acerquen al sueño que tuvo Keynes para sus nietos necesitamos un desarrollismo moderno, que identifique las inversiones en infraestructura, educación e instituciones necesarias para insertarnos con inteligencia en el mundo, y un Gobierno que recupere el valor del futuro en la política.

(De la edición impresa)

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