¿Una nueva oportunidad para la inversión?

Por Ricardo Delgado (*)
La decisión de cancelar la deuda con el Club de París tiene varias lecturas. La versión oficial es que la Argentina está demostrando tanto voluntad como capacidad de pago. La idea de la “voluntad” parece basarse en el aun elevado stock de reservas internacionales que, aunque utilizadas en el pasado para pagarle al FMI (en una cifra incluso superior) luego se recuperaron. “Si antes lo hicimos, ahora lo haremos”, parecería ser la consigna gubernamental. La noción de capacidad de pago aparece un tanto más confusa. Cancelar una deuda con un stock es simple. Pero las dudas en el exterior acerca de la solvencia argentina no pasan por su capacidad por acumular reservas, sino para cubrir los vencimientos de deuda de 2009 (alrededor de 19 mil millones de dólares) en un contexto de menor actividad económica y, por ende, menor fortaleza fiscal. Las primeras reacciones de los mercados financieros parecen no compartir todavía el criterio oficial, sencillamente porque la capacidad de pago está vinculada a los flujos fiscales y no a la cantidad de reservas disponibles.
Una mirada, obvia y superficial, desde una perspectiva del sector real es que el pago resulta también una señal positiva que permitirá el regreso a fuentes atractivas de financiamiento de inversiones, como las que provienen de algunos países europeos y del Japón, en momentos en que los mercados financieros voluntarios, por razones exógenas pero también internas (INDEC, por caso) están cerrados para la Argentina. Podría decirse que ésta es la visión ingenua, voluntarista, del asunto. Quizá facilite el financiamiento de algún proyecto polémico, como el del “tren bala” con Francia, y algún otro puntual, pero no demasiado más.
La inversión, como proceso, demanda más que gestos como lacancelación de deudas. Iniciar el ataque a la inflación, con un programa explícito y consistente con medidas fiscales, monetarias, cambiarias, de coordinación de salarios y tarifas, es el único camino posible para articular un plan integral de inversiones. Ya no alcanza sólo con reformar el INDEC. La certidumbre –el condimento vital para los espíritus animales de los empresarios– no regresa sólo cancelando un stock, importante, pero limitado al fin.
La inversión no explotó ni en los tiempos en los que la Argentina crecía más de 8 puntos al año; ¿por qué lo haría ahora, con un crecimiento inferior a 6%, menor competitividad cambiaria, cuentas fiscales apretadas y una dinámica externa en la que las importaciones vuelven a ser competidoras importantes en muchos sectores productivos?
El anuncio del pago al Club de París puede significar que el Gobierno comienza a desandar el camino que lo alejó de la inversión. Pero para eso hace falta un compromiso mayor con la política económica: hace falta retomar la senda del crecimiento. Creciendo se alejará el fantasma (exagerado) del default, porque se recuperarán los impuestos vinculados al consumo.
Creciendo con señales claras aumentará el atractivo de una economía que sigue teniendo varios bolsones de actividad con alta rentabilidad. Los próximos pasos del Gobierno dirán si el cambio finalmente llegó.
(*) Economista y consultor de empresas
