La inflación estuvo ausente en Olivos
El Gobierno sigue sin anunciar medidas para combatir la inflación aunque se observan ciertos ajustes
El principal problema que enfrenta hoy la Argentina es la inflación. Este índice es alto según las mediciones del INDEC (8,5% para 2007) y muy alto según las mediciones de los economistas privados (18% aproximadamente).
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner el sábado pasado no hizo alusión a cómo pensaba solucionar ese problema. Sí en cambio manifestó todo su apoyo a la figura de Guillermo Moreno como secretario de Comercio y a la actuación del INDEC. Para muchos esto hay leerlo como que no habrá novedades en materia de lucha contra la inflación en los próximos meses.
La ratificación, por parte de la misma Presidente, de lo actuado en sus primeros seis meses de gestión refuerza ese punto de vista. Es cierto que el Banco Central hizo ajustes durante este período. El dólar de Cristina no es el dólar de Néstor Kirchner. Sin embargo para muchos analistas esto no es suficiente a la hora de enfrentar la inflación.
Una vez más economistas de ortodoxos y heterodoxos aparecen en la misma vereda: así como meses atrás coincidían que la inflación era el principal problema que enfrentaba el país hoy ven en la tasa de expansión del gasto público el principal riesgo de la economía. En el primer semestre del año este creció 35% respecto al mismo período de 2007 que, si bien marca un descenso respecto al año pasado, todavía resulta demasiado elevado.
Pero el problema es que no queda claro como se revertirá esta situación: el gasto tiene un ‘piso’ elevado producto de la política de subsidiar la energía y el transporte que seguirá ejerciendo presión en los próximos meses más allá del reciente anuncio de aumento de tarifas. ¿Acaso cómo piensa el Gobierno desarmar el actual esquema? ¿Cómo será la transición de los actuales precios bajos de los servicios públicos a otro con tarifas más altas, como en el caso del transporte que la Presidenta usó de ejemplo el sábado en Olivos? Nadie lo sabe.
Para muchos la baja en el ritmo de crecimiento del gasto en lo que va del año se debe a la decisión de demorar el pago a proveedores y suspender obras públicas. Se trata de un artilugio transitorio. Según cálculos privados si la brecha entre los gastos devengados y los pagados en el primer semestre equivale a un 5% de lo que se pagó, esto implica que en vez de terminar el año con un superávit de 3,5% del producto, sea con 2,9%.
La mayoría de los economistas –de vuelta, ortodoxos y heterodoxos- piensa que anunciar un programa antiinflacionario es necesario. El Gobierno en cambio dice que con los instrumentos hasta ahora utilizados es suficiente. Algo así podría desprenderse la conferencia del sábado que terminó resultando previsible aunque también positiva.
Sin embargo muchos reconocen que existe una brecha entre lo que el Gobierno comunica y hace. Y en ese sentido se observan algunas iniciativas como por ejemplo el hecho de que la tasa de crecimiento del gasto público sea menor a la de 2007 y la suba de las tarifas domiciliarias para evitar aumentar subsidios. Claro que la más determinante es una que llegó por sí sola sin que nadie la invitara aunque todo el mundo la dejó ‘entrar’: la desaceleración de la economía.
