| Actualizado 5.3.2010

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La economía será la primera preocupación de Obama

El candidato demócrata ganó porque la demanda de cambio, a partir de la crisis, superó todas las barreras y supo leer mejor que nadie las transformaciones que se están produciendo en la sociedad estadounidense


El triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos fue contundente como lo habían anticipado todas las encuestas. La diferencia en votos populares fue significativa ya que alcanzó a 6 puntos –George W. Bush le había ganado a John Kerry en 2004 por sólo 3 puntos– pero más importante fue la ventaja en materia de Colegio Electoral como consecuencia de que Obama ganó en la mayoría de los estados grandes y en casi todos aquellos que se consideraban disputados como Florida, Ohio y Colorado que habían sido ganados por Bush en 2004. También aumentó el número de votantes por una mayor afluencia de jóvenes y por la gran movilización política que se vio a lo largo de todo este año porque se está terminando la presidencia de Bush, hubo primarias muy atractivas en el campo demócrata y un fuerte deseo de cambio que se incrementó en las últimas semanas cuando se agravó la crisis económica. Obama supo leer adecuadamente los nuevos rasgos de una sociedad que está cambiando y que está menos atada a las divisiones del pasado en términos políticos, culturales y raciales. Las principales tendencias demográficas y culturales del país –crecimiento de las minorías, nuevos valores en los votantes jóvenes, menos peso de la religión, entre otros– tienden a favorecer a los demócratas.

La campaña de Obama fue considerada por los analistas como la mejor que se haya hecho en Estados Unidos. Utilizó adecuadamente Internet para reclutar voluntarios y juntar fondos para evitar utilizar los recursos públicos y mantuvo la misma consigna “necesitamos un cambio” desde el primero al último día. Logró ubicarse como la expresión de una instancia superadora de los debates de los ´60, los excesos de los ´80 y del fallido gobierno de Bush.

A su vez, los demócratas ganaron con comodidad en las elecciones legislativas y sumaron varios escaños por lo cual dominaron la Casa Blanca y el Capitolio lo que les brinda la posibilidad de impulsar su agenda de cambios. Esta situación no se daba desde 1995. Por su parte, los republicanos, tendrán que recomponer una coalición que les había permitido tener 7 de los últimos 10 períodos presidenciales y que ahora muestra signos de agotamiento. El Partido Republicano necesita cambiar para no depender tanto del voto de los hombres blancos y a su vez encontrar nuevas ideas para no continuar aferrado a las batallas culturales del pasado. De todas maneras, obtuvo 56 millones de votos demostrando que los partidos políticos en Estados Unidos conservan un fuerte arraigo popular más allá de un circunstancial mal gobierno. Se considera que las elecciones son sobre el futuro y por lo tanto se puede cuestionar a Bush y al mismo tiempo votar por John Mc Cain.

De todas maneras, conservadores y progresistas no se ponen de acuerdo en la interpretación de los resultados. Para los primeros, los resultados reflejaron el hastío con Bush pero que la sociedad sigue siendo esencialmente de derecha y que superada esta crisis volverá a desconfiar de la intervención del Estados como antes y si Obama no gobierna desde el centro, reconociendo esa realidad, tendrá problemas. Los segundos, por el contrario, sostienen que se puso fin al ciclo conservador y que están dadas todas las condiciones – entre ellas los cambios demográficos e ideológicos– para un realineamiento político duradero. Y son precisamente esos cambios los que explican el éxito de Obama.

La economía

Obama asumirá la presidencia en un momento difícil. La economía de Estados Unidos está en recesión. El PIB cayó en el tercer trimestre y lo mismo está ocurriendo en el actual. La mayoría de los economistas pronostican que la caída seguirá en los primeros tres meses de 2009. Pero a partir de allí se terminan las coincidencias porque hay quienes sostienen que en el segundo trimestre del año próximo comenzará la recuperación mientras que otros pronostican que la recesión se puede extender.

También hay discrepancias sobre la profundidad de la caída aunque se coincide en que será la mayor desde comienzos de los ’80. En cualquier caso, todo indica que habrá nuevos estímulos fiscales en Estados Unidos y el primero puede concretarse dentro de las próximas semanas antes que asuma Obama el 20 de enero. Lo que se busca es que la recesión no sea ni muy profunda ni muy prolongada. De lo contrario la tasa de desempleo podría ser muy alta y ese es un tema socialmente muy sensible. Por eso nadie querrá quedarse corto con las medidas de estímulo. Ya hubo un paquete este año por 150 mil millones de dólares que apuntó directamente poner dinero en el bolsillo de los constituyentes y fue bastante efectivo para que no empezase la recesión ya en el segundo trimestre. Pero la situación financiera se agravó desde entonces y la restricción del crédito está impactando en la economía real porque el consumo explica dos tercios del PIB.

De todas maneras, quedan puntos por aclarar. El más importante es el monto del paquete de estímulo fiscal. Algunos economistas consideran suficiente uno de 300 mil millones de dólares mientras que otros sostienen que harán falta 450 mil millones distribuidos a lo largo de varios trimestres aunque con un desembolso fuerte en los primeros meses de 2009. Claro que a estos montos hay que agregarles los 700 mil millones que autorizó el Congreso para rescatar al sistema financiero que a su vez se sumaron desembolsos previos para salvar a Fannie Mae y Freddie Mac. Y todo junto anticipa un déficit fiscal elevado para los próximos años.

Algunos economistas consideran que en la breve transición hasta que asuma el próximo presidente el paquete fiscal debería apuntar a ampliar los beneficios para los desempleados y ayudar a los gobiernos locales mientras que otras medidas deberían esperar hasta el 20 de enero. Los estímulos de corto plazo apuntan a tener un rápido impacto en la economía incentivando el gasto. A su vez, los estímulos de largo plazo tienen como objetivo el aumento de la productividad en el largo plazo y por eso pretenden, entre otras cosas, que suba la inversión en infraestructura.

Además, cuando asuma Obama todavía tendrá la posibilidad de utilizar parte de los 700 mil millones con destino al sistema financiero. En este contexto se podría recurrir también a otros instrumentos disponibles para que la recesión no sea muy profunda como otra reducción de la tasa de interés, inyecciones de liquidez en los bancos por parte de la Reserva Federal, intervenciones en el mercado inmobiliario y acciones coordinadas con otros países. Este último punto tiene un interés adicional porque el 14 de noviembre se reunirá en Washington el G 20. Se supone que no se anunciarán medidas concretas precisamente teniendo en cuenta que a esa altura poco importará la opinión del actual gobierno de Estados Unidos sino la del presidente electo. Pero Obama no querrá cogobernar en esta transición porque pretende que haya un límite claro entre una y otra gestión. Sin embargo, acompañará la intención del Congreso de aprobar un nuevo paquete de estímulos fiscales que esté concentrado en aliviar la situación de los sectores más afectados por la crisis. El presidente electo habló mucho de economía en la campaña y se esperan cambios en algunos temas como los impuestos. Impulsará una reducción de las cargas tributarias para los sectores de ingresos medios pero le pondrá fin a los recortes para los más ricos.

También se espera una nueva aproximación a los temas de comercio internacional. Obama es crítico de los últimos acuerdos negociados por la administración Bush pero que todavía no recibieron la aprobación del Congreso como ocurre con los casos de Colombia y Corea del Sur. Por otra parte, para seguir adelante con las negociaciones de la Ronda Doha es importante que el presidente de Estados Unidos tenga la autorización para hacer negociaciones por la llamada “vía rápida”. Y se supone que con la mayoría obtenida en las últimas elecciones no tendrá dificultades para obtenerla. De todas maneras, la crisis actual demostró que los problemas de Estados Unidos no se originaron en los bajos salarios de México o en la manipulación cambiaria de China sino en los excesos de Wall Street.

Colaboradores

También en los próximos días se irá perfilando el equipo de colaboradores de Obama, tanto para manejar la transición como para ocupar responsabilidades en el futuro gobierno. Todo indica que habrá tres componentes básicos: un grupo estará integrado por personas cercanas a Obama y que expresen renovación, otro por ex funcionarios de Clinton que reflejen experiencia y habrá al menos un republicano para mostrar apertura y coherencia con el discurso de la campaña cuando sostenía que “hay un solo Estados Unidos”.

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