¿Cuánto cambiará el escenario económico global?
Luego de cinco años espectaculares, la economía mundial empieza a mostrar algunas debilidades como una menor tasa de crecimiento –sobre todo en los países ricos– y una aceleración de la inflación
Entre 2002 y 2007 el mundo se caracterizó por un fuerte crecimiento económico, precios altos para las materias primas, un dólar débil y tasas de interés bajas. Fue un escenario casi ideal para los países emergentes que aumentaron durante ese tiempo su participación en el PIB global. Pero, desde hace unos meses, ese escenario es menos benigno y los países tendrán que ir adaptándose a una nueva realidad, que si bien está lejos de ser crítica, es menos favorable que antes. Esto puede afectar más a algunos países que a otros en función del mayor o menor grado de dependencia que tenían sus economías de ese cuadro internacional. La crisis de las hipotecas de baja calidad en Estados Unidos, que está por cumplir un año, se transmitió a las otras economías desarrolladas, pero las emergentes, que por primera vez no fueron las que originaron los problemas, mantuvieron elevados niveles de crecimiento.
Crecimiento e inflación
El mundo está viviendo un ciclo de expansión sin antecedentes en las últimas décadas. Sin embargo, este año el PIB global se expandirá menos que en los dos años anteriores. Según distintos pronósticos, 2008 cerraría con un crecimiento de 3,7 mientras que en 2006 y 2007 fue de 5 y 4,9% respectivamente.
Esta desaceleración es consecuencia, básicamente, de lo que ocurre en el mundo desarrollado en donde el crecimiento será de 1,3% mientas que en los países en desarrollo alcanzará al 6,7%. Y en la actualidad, ese no es un dato menor porque en el mundo en desarrollo ya se genera casi el 50% del PIB global. En los últimos 10 años los países del grupo BRIC (China, la India, Brasil y Rusia) pasaron de representar el 8,8 al 12, 8% de la economía mundial mientras que las naciones más ricas perdieron casi 10 puntos de participación al pasar de 62,1 a 53,4%.
A su vez, la tasa de inflación se ha venido acelerando en todos las regiones del mundo como consecuencia de la suba de los precios de las commodities producto de una mayor presión de la demanda y también, según los economistas más ortodoxos, de las políticas monetarias expansivas que siguieron los países del área del dólar. Muchos analistas consideran que la desaceleración global puede ayudar a poner freno a la suba de la tasa de inflación que se está registrando en casi todos los países que están volviendo a registrar niveles que no tenían desde hace varios años.
El rumbo del dólar
El dólar ha venido cayendo sistemáticamente contra casi todas las monedas del mundo desde su pico a comienzos de 2002. Si bien en 2005 y 2006 se mantuvo relativamente estable desde 2007 volvió a acelerarse su caída. El descenso no fue parejo ya que lo hizo con mayor intensidad frente al euro y en forma mucho menos ostensible frente al yuan y otras monedas asiáticas dado que China y sus vecinos han intervenido en el mercado cambiario para que sus monedas no se aprecien mucho y mantener así competitividad. Por ese motivo, está sobrevaluado un 20% frente al yuan y otras monedas asiáticas pero subvaluado un 7% frente al euro según sostiene C. Fred Bergsten del influyente Instituto de Economía Internacional con sede en Washington.
Por lo tanto, debería bajar aún más con relación a un pequeño grupo de monedas pero crecer contra el resto.
El dólar estuvo perdiendo valor porque se pensaba que el desempeño de la economía estadounidense sería inferior al de las otras desarrolladas, por las reducciones de la tasas de interés que dispuso la Reserva Federal que hizo que los activos denominados en dólares resulten menos atractivos y por los desequilibrios –fiscal y externo– que presentaba la economía de Estados Unidos.
Pero estos tres factores tienden a estabilizarse y consecuentemente el valor del dólar, aunque todavía tiene por delante un escenario complicado, está más cerca de comenzar una recuperación que de profundizar la caída.
Si bien la economía de Estados Unidos está cerca de una recesión, aunque formalmente no caiga en ella, también se están debilitando otras economías desarrolladas, en particular las europeas, con lo cual las diferencias de desempeño tienden a achicarse. Algo similar ocurre en materia de tasas de interés. La Reserva Federal dejará por un tiempo las tasas en su actual nivel de 2%. No las puede bajar dado el riesgo de inflación y menos subirlas dada la posibilidad de un escenario recesivo y una tasa de desempleo que est[a en 5,5% y podría llegar al 6%. El Banco Central Europeo que venía subiendo las tasas porque la inflación se ubicaba por encima de su meta, tendrá menos margen para hacerlo con el nivel de actividad desacelerándose. Además, la baja del petróleo de más de 15% en los últimos días descomprime el frente inflacionario. El cuadro de tasas de interés se mantendrá en niveles similares a los actuales sin que crezca la brecha entre lo que se paga a ambos lados del Atlántico. Finalmente, también tiende a mejorar el frente externo estadounidense –no así el fiscal– que contribuyó a precipitar la caída del dólar. Gracias al mejor comportamiento de las exportaciones, el déficit de cuenta corriente puede llegar a representar en 2008 el 4,5% el PIB. Es todavía un porcentaje alto pero más bajo que el de hace dos años cuando llegó al 6,5%. Y muchos economistas creen que con este nivel del dólar el déficit puede ubicarse, en los próximos años, en un nivel sustentable de 3 puntos del producto. Las monedas latinoamericanas, que se han venido apreciando en los últimos años, también mostrarían un cambio de tendencia acompañando la recuperación mundial del dólar. Se estima que el real comenzará a devaluarse ligeramente frente al dólar a fines de este año luego de haberse apreciado fuertemente en los últimos tiempos.
Las materias primas
El crecimiento de las materias primas en los últimos años ha sido espectacular y los países que las exportan se han visto muy beneficiados.
Han influido en este comportamiento movimientos especulativos en un momento de aceleración inflacionaria y la baja del dólar que hace subir las commodities que se denominan en esa moneda porque los productores quieren preservar sus ingresos. Pero lo determinante fueron las razones de tipo estructural que se van a mantener durante los próximos años.
En el caso de los alimentos hay una creciente demanda por parte de los países emergentes que tienen más ingresos y en los cuales la expansión de los sectores medios implica cambios en la dieta de millones de personas. Tampoco puede obviarse el desarrollo de los biocombustibles, razón por la cual, la suba del petróleo también impacta sobre el precio de los alimentos.
Por otro lado, hay un debate político porque al subir las materias primas, la inflación se acelera y muchos países productores establecieron restricciones a las exportaciones para desligar los precios internos de los externos.
Los importadores, a su vez, se quejan de que esa práctica porque distorsiona los mercados y hace subir el precio de los alimentos. Se trata, en definitiva, de la combinación de varios factores. La mayoría de los pronósticos concuerdan en que los precios de las commodities se estabilizarán –y algunos caerán levemente– y no seguirán creciendo a tasas excepcionales como en los últimos meses. La soja, por ejemplo, subió 119% desde julio del año pasado.
En el caso del petróleo, también influyen cuestiones relacionadas a la geopolítica por la alta conflictividad que se registra en las principales regiones productoras lo que puso en duda, en más de una ocasión, el suministro. Pero, esencialmente, hay una cuestión de oferta y demanda. Ante el fuerte y sostenido crecimiento de la economía mundial en los últimos años la oferta no pudo acompañar la demanda y los precios subieron en consecuencia. En 2002 el barril se cotizaba a 20 dólares y este año superó los 140. Como siempre ocurre con el petróleo, hay pronósticos de todo tipo. Para algunos analistas el precio seguirá siendo alto porque la demanda de los países emergentes que más consumen se mantendrá firme y los costos de exploración han subido considerablemente. Otros consideran que el menor crecimiento global se hará sentir y eso, junto a la suba de dólar, le pondrá un techo a las cotizaciones.
Unas semanas atrás, Goldman Sachs hablaba de un barril a 200 dólares a fin de año y ahora Lehman Brothers pronostica que estará en 100.
