En el tramo final de la campaña, la economía es protagonista. El Gobierno niega que haya inflación, en el INDEC se cambian los datos que manda Mendoza para el IPC Nacional, y la oposición se muda a la verdulería para tratar de aprovechar electoralmente la grieta que se abrió en la política oficial.
Otro tema de discusión en la campaña es si va a haber correcciones en la política económica y de qué magnitud. Hay tres posiciones: en los extremos, la expresión pública del Gobierno que sugiere que está todo bien y sólo hay tensiones por el crecimiento –distinto es en lo privado, donde hay matices–, y la de muchos medios, analistas y dirigentes opositores que postulan la necesidad de serias correcciones de rumbo en política fiscal (freno al gasto y retiro abrupto del paliativo temporario que ha sido el subsidio), política monetaria (suba en la tasa de interés), de ingresos (domesticar a Moyano), en los precios de la energía y los servicios públicos.
En el medio, hay analistas y un sector del Gobierno que consideran que la economía da margen para ciertas correcciones graduales que moderen algunos de los desvíos.
Elisa Carrió designa como candidato a ministro a Alfonso Prat Gay, y delega las soluciones en el ex presidente del BCRA. Pero aclara que imagina un tipo de cambio competitivo pero más bajo, y un enfriamiento de la economía.
Prat Gay propone: “más vale crecer muchos años al 6 % que crecer al 9 % con una inflación del 20 %. Para el joven economista que se integró a la Coalición Cívica, “el problema es la sobreestimulación de la demanda que hace Kirchner para sacarle todo el jugo posible al crecimiento en el corto plazo”. Según él, lo más importante es garantizar la estabilidad de precios y para eso es necesario tener otra política monetaria y una política fiscal contracíclica: un superávit que fluctúe de 1 a 4 % según el ciclo económico.
Roberto Lavagna no necesita proponer un candidato a ministro de Economía. En la última parte de la campaña ha tomado con fuerza el tema de la inflación para golpear al Gobierno: según el candidato del peronismo-radicalismo opositor, la inflación es del 20 % en el conurbano y del 23 % en el interior. Su solución apela al cambio con moderación: ni el recalentamiento kirchnerista ni la paz de los cementerios que, según él, proponen los opositores de la derecha.
La cuestión financiera es materia también de debate político. El Presidente les reclama a los bancos bajar las tasas y prestarle a la producción y no tanto al consumo. Su leal escudero en el tema precios, Guillermo Moreno, anuncia que llevará a los bancos a tribunales por presuntas conductas oligopólicas.
Desde el BCRA tratan de hacer equilibrio, pero plantean: còmo pensar en baja de tasas en pesos si no hay fondeo en pesos porque se destruyó al CER con la intervención en el INDEC, y cómo imaginar tasas abajo del 10 % si la inflación es como mínimo del 15 %, lo que determina de por sì una tasa real fuertemente negativa (que por otra parte estimula a consumir).
Desde Mendoza surgió un dolor de cabeza más para el oficialismo por el tema precios. Ya antes el candidato a vice de Cristina Fernández, el radical K Julio Cobos, había advertido que se imponía la necesidad de “recomponer el INDEC”.
Esta semana Mendoza desmintió al INDEC en el dato de inflación de agosto que cargaron para el IPC Nacional. ¿Qué sucedió? Luego de la “desprolijidad” moreniana, según relatan en Economía, la funcionaria de Estadísticas de la provincia –designada por el opositor Roberto Iglesias– hizo público el retoque y a Cobos no le quedó otra que avalar la queja, porque de lo contrario hubiera tenido que desautorizarla y echar a la funcionaria, potenciando el escándalo a un mes de las elecciones.
Miguel Peirano ha conseguido renovar las expectativas sobre el Ministerio de Economía, luego del deterioro instalado por la última parte de la gestión de Felisa Miceli. Pero sabe que no hay margen para maniobras diferentes antes del 28 de octubre: busca empezar el reordenamiento del INDEC, con concursos, nueva canasta, nueva metodología, pero sigue chocando con la impronta Moreno.
El ministro de Economía sabe que la situación amerita algunas correcciones graduales y luego de octubre, y cree que el matrimonio Kirchner las va a emprender, pero reclama paciencia porque este es el tiempo de consolidar el poder político. Según su óptica, los desvíos no son tan profundos como plantea la oposición, y además el margen de maniobra es alto por la firme actividad económica (recaudación) y por la favorable situación internacional que enfrenta la Argentina.
En la política de ingresos también juega y mucho la política. Desde el Banco Central consideran que, junto a la moderación fiscal, un cierto freno en la política de ingresos ayudaría a bajar las expectativas inflacionarias. La CGT pide puestos en las listas que no le dan, y le avisa a Kirchner que no conoce del todo a Cristina, en una forma sutil pero contundente de manifestarle que pretenden tener, con la supuesta futura Presidenta, el mismo acuerdo que tuvieron con él. Lavagna piensa que Kirchner ha sido excesivamente generoso con Moyano para tenerlo como aliado, mientras que Duhalde considera directamente que Kirchner le teme a Moyano.
Un sindicalista cercano al camionero –Abel Frutos– avisa que pretenden con Cristina la misma relación que tuvieron con Néstor, y anticipa que pedirán incrementos de salarios de entre 20 y 30 % en 2008. Kirchner, para diversificar apoyos y recortar la supremacía moyanista, acude a saludar a Armando Cavalieri en el congreso sindical que le otorgaba un nuevo mandato al frente de los mercantiles. Peirano mira de reojo y rechaza que el Gobierno busque un pacto social formal, firmado entre Estado, sindicatos y empresarios, y se muestra partidario de un “diálogo social” intenso sobre precios y salarios con empresarios y sindicalistas. Resumen: un panorama movido en tiempos de definición electoral.
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