ULTIMA EDICION, 10 DE AGOSTO DE 2007 - BS. AS. ARGENTINA
 

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La mezcla óptima
para entender que nos
pasó a los argentinos


La Resurrección es definitivamente de lo mejor que se ha escrito sobre la recuperación argentina logrando un fino análisis y un entretenido repaso


Escribe:
FRANCISCO SANCHEZ
francisco@eleconomista.com.ar

Hasta aquí, el lector podía encontrar buenos testimonios pero análisis mediocres de la poscrisis. La Resurrección vino a cambiar ese estado de cosas por ser, hasta aquí, lo mejor que se ha escrito sobre la recuperación argentina.

Los autores prometían. Eduardo Levy Yeyati está en la liga de los mejores economistas argentinos y es especialista en macro de economías abiertas, una de las ramas más difíciles. Diego Valenzuela es un excelente periodista político y económico que, además, se dedica a la difusión de la Historia, con formación adecuada.

Empecemos por lo que no hay. La Resurrección no ofrece un análisis de las causas de la crisis de 2001 aunque señala que la apuesta de la convertibilidad era a todo o nada puesto debido a sus altísimos costos de salida. También se señala, sin profundizar, que las crisis de 1989 y 2001 tienen “muchas coincidencias”: “recesión, corrida financiera, abstención de la comunidad internacional, saqueos, cambio de régimen”.

Ahora, a lo que promete y ofrece: el análisis y la historia valorada de la recuperación argentina que, aunque milagrosa para algunos, parece mucho más natural y razonable al concluir el libro.
El libro tiene muchas virtudes. Desde el punto de vista analítico, las mejores son sus reflexiones sobre la administración de la crisis y su análisis del rebote y la persistencia del crecimiento.

Un buen ejemplo del análisis de una medida equivocada de política económica es el corralito: la corrida era la fuga de ahorro en dólares “pero no involucraba las cuentas transaccionales”. Sin embargo, el corralito limitó justamente las cajas de ahorro y las cuentas corrientes “contribuyendo a la contracción económica”.
Sobre la pesificación, el diagnóstico es favorable aunque con reservas. De un lado, están los que “sostienen que era totalmente innecesaria para salvaguardar a los bancos”. Del otro lado, los que argumentan que otra solución llevaba a una “prolongada recesión y bancarrotas generalizadas”. Y, en el medio, donde presumiblemente se ubican los autores, los que piensan que “algún seguro cambiario parcial y selectivo era probablemente inevitable” pero que la pesificación “fue una compensación excesiva que se debió más a las presiones empresariales que a las consideraciones económicas”.

Cuando trata temas financieros, La Resurrección ofrece una combinación fascinante de divulgación, crónica e historia secreta.
Por caso, la intervención cambiaria del Banco Central a la salida de la crisis. El problema era que los dólares que el BCRA vendía llegaban mucho más caros a la gente por la intermediación de las casas de cambio. El Banco Central organizó un sistema de venta directa de las reservas al público utilizando las sucursales de los bancos, que vendían por cuenta y orden del BCRA.

Así, se evitó la percepción de que los bancos vendían dólares “hurtados” a sus depositantes y, también, las incautaciones judiciales. Sobre la crónica, Levy Yeyati y Valenzuela divulgan ideas técnicas, como “racionamiento de la demanda” y muestran reuniones secretas entre cambistas y economistas del BCRA donde éstos, algo ingenuamente, parecen haber comprendido que el nudo del problema era la falta de bocas de expendio. La solución, de cualquier manera, funcionó bien.

Otro caso de divulgación, crónica e inside story es el nacimiento de las LEBAC como un intento de erigir un activo alternativo al dólar. Aquí se aprende de economía monetaria y se sabe que las LEBAC originalmente se iban a ofrecer también a los inversores minoristas atrapados en el corralito pero se volvió atrás porque “¿para qué pagarle el rendimiento de las LEBAC a un dinero que de todos modos no se puede ir a ningún lado?”
Una de las sorpresas para el lector no especializado tal vez sea enterarse de que a mediados de julio de 2002, la economía ya había rebotado, “la pulseada con el mercado estaba ganada”, las reservas internacionales netas y los depósitos subían, y la inflación empezaba a bajar.

Levy Yeyati y Valenzuela se preguntan entonces: “¿por qué la híper no fue?” Argumentan que, contra los pronósticos de muchos economistas, la demanda de pesos se recuperó rápidamente luego de la devaluación. El peso no había muerto a pesar de los innumerables certificados de defunción que, en el camino, muchos profesionales firmaron. La gente, explican, ahorra en dólares pero transa en pesos, sobre todo en una economía que, corralito mediante, se había vuelto intensiva en el uso de efectivo. Además, “¿por qué habrían de indexar los precios al dólar si los costos se mantenían relativamente estables?” Probablemente este sea un factor clave de la recuperación exitosa: el altísimo desempleo planchó los salarios nominales que funcionaron como ancla nominal.

El otro determinante de la salida exitosa fue el ajuste fiscal que incluyó la imposición de retenciones, el recorte de las inversiones públicas y el congelamiento de salarios y jubilaciones. El pasado de Duhalde no ayudaba a pronosticar el conservadurismo fiscal pero, dicen los autores, “los analistas habían subestimado la capacidad de aprendizaje y los mecanismos de defensa de los políticos profesionales”. Tal vez faltaría agregar a la lista de razones del rebote al bajo peso de la deuda, al estar en cesación de pagos, lo que ayudaba a la holgura fiscal.

Y no sólo a nivel del Gobierno Nacional sino de las empresas y las familias que estaban completamente desapalancadas y con todo el ingreso disponible libre para consumo e inversión.
Hasta aquí se explica el rebote pero ¿cuál es la base de la sostenibilidad del crecimiento? Levy Yeyati y Valenzuela sintetizan así a “la nueva etapa económica”: dólar alto, superávit fiscal y tasas de interés reales negativas con una “manita de afuera”. El viento de cola, ya se sabe, es la mejora sostenida en el precio de las commodities y la abundante liquidez global pero no depende de nosotros y, además, lo tuvimos en los noventa. Así que entre el dólar alto y la solvencia fiscal hay que dar cuenta de buena parte de la sostenibilidad del crecimiento. ¿Hasta cuándo? El libro no da una respuesta definitiva pero advierte sobre algunos riesgos como inflación y energía. Y, en todo caso, le corresponde al lector la tarea y el placer de descubrir los argumentos.

Los autores no ahorran críticas a los actores que, a lo largo de la crisis, tuvieron diagnósticos o prácticas equivocadas. Un caso fueron los economistas que pecaron de “superinstitucionalismo” y no supieron ver las buenas noticias aún bien entrada la recuperación. Otro caso, el FMI “prepotente y antagónico”, exigiendo lo imposible para el acuerdo, en una muestra de “dogmatismo y expresión de deseos” ya que “aún peor que un fracaso de Duhalde con programa del Fondo habría sido un éxito sin programa”.

El mayor desafío en un libro de esta naturaleza es el tránsito y la tensión entre el análisis de temas económicos y financieros, usualmente áridos o complejos, a la narración pura de la tragedia de la crisis. Y esta tensión se resuelve con éxito. Nuevamente, el ejemplo del corralito y el corralón donde los autores combinan bien el análisis de los problemas de liquidez y ahorro que planteó la indisponibilidad y la reprogramación de los depósitos con las dramáticas historias personales detrás esos ahorros inmovilizados. La narración realista es tan eficaz como el análisis y el efecto final atractivo: las “digresiones” técnicas resultan buenas pausas en el racconto de la tragedia de las crisis.

La Resurrección es entonces una mezcla óptima de muchas cosas: buena divulgación económica, historia contemporánea, análisis consistente y todo en el marco de una narración muy bien escrita. Desde aquí, será difícil debatir el pasado reciente sin recurrir en una forma u otra a este libro.





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Lecturas Económicas
La globalizacion que viene
Frederic Mishkin es un economista académico de peso. Es profesor en Columbia, autor de numerosos libros de bancos y finanzas (entre ellos, uno en coautoría con Bernanke), editor de varias de las revistas académicas más prestigiosas e investigador de algunos centros de investigación importantes. Es por eso que, cuando habla, hay que escucharlo.
Un manual necesario pero
con varias omisiones
En el prólogo, los autores de Macroeconomía Argentina prometen escribir un libro de texto con “explicaciones más acordes con una realidad como la de la Argentina”, una economía “pequeña y abierta”. Más aun, sus autores prometen “elaborar un modelo de corto plazo” que dé cuenta de esta realidad diferente.
Más allá de los límites
de la economía
LKeynes escribió que la economía no requería dotes especialmente elevadas pero que el gran economista tenía que tener “una inusual combinación de dones”. Para Keynes, un economista debía ser, en algún grado, matemático, historiador, hombre de Estado y filósofo.
La economía vista desde arriba
Las ideologías es un análisis de cómo piensan los “máximos responsables o ejecutivos de un conjunto representativo de grandes congomerados locales: Aceitera General Deheza, Arcor, Bunge, Coto, Eurnekian, Fate-Aluar, Ledesma, Mastellone, Pérez Companc, Sidus, Techint y Werthein”.
La versión oficial de la
acumulación de reservas
Con bombos y platillos se anunció que a nueve meses de haber cancelado toda la deuda con el FMI, el Banco Central recuperó los niveles de reservas previos al pago. Este ensayo, siendo uno de sus coautores el propio presidente del BCRA, es entonces, la palabra oficial acerca de cuáles son los motivos de la acumulación de reservas. O debería serlo.
La crítica ortodoxa que se viene en 2007
Para los economistas de MacroVisión, en el año 2007 “el panorama de la economía real parece menos auspicioso que en los últimos cuatro años” por varias razones. Primero, un escenario internacional caracterizado por una desaceleración en el crecimiento, tal vez una recesión corta, una inflación algo más alta y una corrección en los mercados inmobiliario, de bonos, de acciones “incluyendo a los mercados emergentes junto a una baja en el precio de las commodities excepto por el petróleo.”
Explicaciones y propuestas
El lector tiene derecho a tener expectativas muy altas de “El país que queremos”: escrito por dos académicos brillantes más un practicante de la buena política; todos con posgrados en universidades de primer nivel de los EE.UU.; todos menores de 45 años. Pero no siempre tienen éxito. A veces, el libro parece un manual de buenas prácticas políticas genérico. Otras, una plataforma política (exceptuando de estas críticas a los trabajos académicos que acompañan en CD al libro).
Aprender divirtiéndose
Steven Levitt es un economista inusual. Al menos, se ocupa de temas inusuales tales como el impacto disuasivo de la pena de muerte, la corrupción en las peleas de sumo, la estrategia para patear penales, la peligrosidad de los conductores ebrios, las finanzas de las pandillas que venden drogas, y así podríamos seguir la lista. Además, es inusual en otros sentidos porque escribe bien, enseña bien y es muy respetado por sus pares.
El crecimiento es un fenómeno moderno
Angus Maddison es un historiador especializado en el análisis de los procesos de crecimiento de largo plazo. Maddison es, además, un experto en medir el crecimiento económico en períodos muy largos mucho más allá de la existencia de estadísticas de la existencia de estadísticas de actividad sistemática. En GROWTH... se ocupa de las raíces de la modernidad que están profundamente asociadas a la interacción del cambio científico con el crecimiento económico.
Economistas en busca de la felicidad
Empecemos por un par de puntos que pueden parecer, en una mirada ligera, algo académicos. Primero, los economistas (los ortodoxos al menos) desconfían profundamente de las encuestas: lo que la gente dice que hace o que siente no es importante para una profesión que suele concentrarse sobre lo que la gente hace antes que lo que declara. Segundo, los economistas (una vez más, los ortodoxos al menos) consideran que cuanto mayor es el nivel de ingreso, mayor la satisfacción del individuo.

Buscando explicaciones

Entender la frustración argentina a partir de la comparación con Australia es ya casi una tradición en quienes se dedican a la intersección de la economía y la historia. En forma deliberada, ya que reconocen y a veces comentan a sus predecesores, Gerchunoff y Fajgelbaum se suman a la corriente. Como en toda experiencia de análisis comparado, hay en general dos grandes formas de aproximarse. Hay visiones más estilizadas que buscan aislar uno o pocos factores (más cerca de la economía) perdiendo así riqueza conceptual pero ganando en simplicidad y diagnóstico. Y hay aproximaciones más detalladas, más ricas en reconocer la complejidad y la especificidad de la experiencia histórica pero, por lo tanto, menos claras en su aspecto normativo.
Religiosos antes que científicos

Para un argentino contemporáneo, la idea de que los economistas tienen una enorme influencia en la política no es una novedad ni un hecho llamativo. Para bien o para mal, es parte de la vida cotidiana en la que una historia marcada por crisis económicas llevó a los economistas a participar activamente de la discusión y la formulación de políticas. No siempre fue así, aquí ni, sobre todo, en la comunidad de economistas más importante: la de los Estados Unidos.

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Entrevistas con economistas
QLa ciencia económica está cambiando. O, al menos, hay economistas trabajando en la frontera del conocimiento económico, o bien porque se ocupan de temas infrecuentes, o bien porque lo hacen con métodos infrecuentes, o ambas cosas. Colander, Holt y Rosser llevaron adelante conversaciones largas con diez de economistas de frontera a lo que agregaron dos entrevistas cortas con Kenneth Arrow y Paul Samuelson, reconocidos premios Nobel en Economía.

Pasado y futuro de Lavagna

Quiso la suerte que, como advierte Liascovich en el prólogo, el “libro estaba marchando a imprenta el lunes 28 de noviembre de , el mismo día en que Roberto Lavagna dejaba de ser ministro de Economía del presidente Kirchner”.
La Argentina siempre da para escribir

Tony Nangle es el director del sector de renta fija de Barings Asset Management. Resulta muy interesante que un participante del mercado financiero reconozca algunas de las influencias negativas que existen en la relación que todavía hoy tienen Wall Street y los organismos multilaterales frente a los mercados emergentes de deuda. m
Un balance preliminar
Para un argentino contemporáneo, la idea de que los economistas tienen una enorme influencia en la política no es una novedad ni un hecho llamativo. Para bien o para mal, es parte de la vida cotidiana en la que una historia marcada por crisis económicas llevó a los economistas a participar activamente de la discusión y la formulación de políticas. No siempre fue así, aquí ni, sobre todo, en la comunidad de economistas más importante: la de los Estados Unidos.

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“Metas de Inflación: implicancias para el desarrollo” por Martín Abeles y Mariano Borzel. CEFID-AR. Mimeo

La mecha del debate sobre la política monetaria está encendida y ahora se suma a la fogata el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de
la Argentina.
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Entre la teoría y la experiencia

Hace poco más de dos días, Martín Redrado se presentaba al Senado proponiendo objetivos múltiples (y potencialmente en conflicto) para la política monetaria y cambiaria: la promoción del crecimiento (mediante la expansión del crédito y la inversión) y la preservación del valor de la moneda.
Los años '90, la Argentina y el FMI todavía dan que hablar

Hay que decirlo de entrada: Tenembaum consiguió armar, como reza el subtítulo, un libro apasionante y novedoso. Apasionante por la franqueza –casi diría crudeza– de las respuestas de Loser.

Un país en deuda

Marcelo Bonelli habla y doña Rosa escucha. Marcelo Bonelli habla y los funcionarios tiemblan. Es el periodista económico de los medios más vistos, escuchados y leídos del país. Sólo por eso se justifica la lectura del libro. Pero hay más.

Un intento sin éxito

Guillermo Calvo es uno de los economistas argentinos más influyentes en el mundo. Economista jefe del BID, asesor del FMI, premio del Rey Juan Carlos en Economía, decenas de artículos publicados, entre otros muchos galardones.

Entre la teoría y la experiencia

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El empujón vino desde afuera

Si el presidente Kirchner no leyó el último libro de Paul Blustein entonces debería hacerlo. El periodista de The Washington Post muestra con buenas razones y una prosa fluida los roles y las responsabilidades del FMI y de la comunidad financiera internacional en la crisis argentina.
El largo brazo de la economía

Si se le preguntara a la gente su opinión sobre la economía, las respuestas no serían entusiastas. Es comprensible: la mayor parte del contacto cotidiano con los economistas pasa por la decodificación del ministro de Economía de turno y la búsqueda (a veces desesperada) de cursos de acción frente a los problemas macroeconómicos usuales como inflación, desempleo, ahorro, etc.
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