| Actualizado 5.9.2008

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29.8.08 | Ideas y opiniones

El viento de cola para la economía argentina pasó del oro al bronce

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El crecimiento de la economía mundial está mostrando signos de desaceleración y la demanda de commodities comenzó a debilitarse. Por Fausto Spotorno*


El crecimiento de la economía mundial está mostrando serios signos de desaceleración. En especial en las economías desarrolladas. Por otra parte, la inflación continúa siendo elevada en el mundo. En Estados Unidos la minorista en julio fue de 5,6% anual, mientras que en Europa las presiones llevaron al BCE a subir la tasa de interés de referencia al 4,25% anual, lo que está provocando un menor crecimiento de la economía. En Japón también se observa una menor producción industrial aunque en materia de inflación las presiones son menores.

En este escenario de menor crecimiento la demanda internacional de commodities comenzó a debilitarse. De hecho, en el último mes el precio del petróleo WTI bajó de U$S 145 del máximo de mediados de julio a U$S 113 el 27 de agosto.

De la misma manera, los precios agrícolas comenzaron a bajar. La soja que había alcanzado los U$S 609 por tonelada a principios de julio se encontraban en U$S 469 por tonelada (también el 27 de agosto) y lo mismo sucedió con el maíz.

En el caso particular de las commodities agrícolas, sucede que las condiciones de la oferta están cambiando. Por un lado la producción de maíz para la cosecha 2008/2009 será mayor a la prevista anteriormente en 14,3 millones de toneladas. Por otra parte, la producción mundial de soja aumentaría 8,7% en la temporada 2008/2009, respecto del año anterior, mientras que la demanda global crecerá 2,9%.

En este escenario, el balance de oferta y demanda global de soja será algo más holgado este año de lo que fue el año pasado. De hecho, durante la temporada 2007/2008 los stocks finales mundiales cayeron de 62,5 millones a 49,3 millones de toneladas, mientras que este año se mantendrán estables en 49,3 millones de toneladas. Esto también implica que a pesar del fuerte incremento de la producción mundial de soja que se espera para este año, los stocks finales permanecerán bajos.

En el caso del maíz la situación es algo diferente. Durante la campaña 2007/2008 la producción creció 76,9 millones de toneladas respecto del año anterior y se esperaba que durante la actual campaña (2008/2009) la producción bajara 15 millones de toneladas debido a que muchas hectáreas que se habían utilizado para la siembra del maíz se utilizarían para plantar soja. No obstante, la última estimación del USDA sostiene que la producción de maíz en el mundo se mantendrá en torno a los 789,6 millones de toneladas al igual que el año pasado. Este fuerte cambio en las perspectivas del mercado mundial del maíz ha golpeado los precios internacionales de este producto.

En este escenario mundial, en el que la demanda podría desacelerarse por el menor crecimiento de los países desarrollados y en el que la oferta crece aún con fuerza, es de esperarse que los precios de los alimentos se muestren más débiles que el año pasado. Sin embargo, todavía los stocks finales resultan algo bajos –especialmente en el mercado de la soja– y, por otra parte, existe una tendencia alcista en la demanda de estos productos por la incorporación de China como un gran demandante de este tipo de bienes y la mayor demanda de biocombustibles. Por lo tanto, es difícil pensar que los precios de estos productos caigan a los niveles que se observaron en 2005 o 2006.

Con los precios de las commodities algo más débiles, la desaceleración de la actividad económica en los países desarrollados, la suave recuperación del dólar y la reducción del crédito en EE.UU., es posible que en el mediano plazo la inflación en el mundo también se debilite.

Sin embargo, en el corto plazo, todavía será un problema debido a que los precios de los productos primarios aún son elevados. En EE.UU. los precios de los materiales en crudo han aumentado más del 45% en los últimos 12 meses, mientras que los productos de procesamiento intermedio subieron 14,5% en ese mismo lapso.

Esto significa para la Argentina que el viento de cola ha amainado un poco en los últimos meses pero aún continúa siendo favorable. La balanza comercial de julio arrojó un saldo de U$S 1.001 millones y ya acumula U$S 6.145 millones en el año.

Este hecho también resulta positivo también desde el punto de vista de la recaudación tributaria. La mejora en las exportaciones y el aumento de las retenciones en noviembre del año pasado llevaron a un incremento de la recaudación de impuestos del comercio exterior del 80% en los primeros siete meses del año. De esta manera, el superávit fiscal de la Nación pasó de $ 5.000 millones en los primeros 7 meses de 2007 (excluyendo los traspasos de AFJP a la ANSES) a más de $ 15.000 millones en el mismo período de 2008. Más allá de que esta cifra incluye un aumento del orden de $ 3.000 millones en transferencias del BCRA al Tesoro, lo cierto es que el superávit fiscal ha mejorado.

No obstante, el mercado de capitales parece poner en duda el cumplimiento por parte de la Argentina de las obligaciones financieras. De hecho, la tasa que pagan los bonos del Estado a 6 años pasó del 10% a finales de 2007 a 16% en julio de este año. Lo cierto es que esto se debe mayormente al trato que han recibido los acreedores del Estado. En primer lugar, todavía existe deuda argentina en default por U$S 22.000 millones. De los cuales U$S 7.600 millones son el Club de París y otros entes bilaterales y el resto se refiere a los acreedores que no ingresaron al canje de deuda de 2005. Adicionalmente, aquellos que sí entraron al canje y que recibieron bonos ajustados por CER están siendo perjudicados por la debilidad de las estadísticas de inflación.

A esto se suman dos riesgos adicionales. Por un lado, el déficit fiscal de las provincias ya estaría alcanzando los $ 4.500 millones de pesos debido al incremento al rojo en la provincia de Buenos Aires. Por otra parte, está el altísimo nivel de gasto público que está mostrando el Estado Nacional. Si bien este último se ha desacelerado en los últimos meses, lo cierto es que aún permanece por encima del 17% del PIB, muy por encima del máximo de 13,5% que se había alcanzado en los noventa.

Sin embargo, debido los altos precios de las commodities y la fuerte expansión de la inversión que en julio alcanzó 21,2% interanual, la economía argentina aún crece al 6,1% anual. Si bien esta cifra es algo más baja que en los últimos años aún resulta positiva.

(*)Economista Jefe de Orlando Ferreres y Asociados


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