| Actualizado 3.9.2010

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23.7.10 | Ideas y opiniones

La Argentina y dos modelos de inserción en América Latina

autor

El país se beneficia de una de las zonas más dinámicas
del mundo y donde existen dos visiones sobre cómo
aprovechar el viento de cola.

Por Ernesto A. O’Connor (*)
De la edición impresa

Apropósito del viaje de la Presidenta de la Nación a China, es importante revisar algunas tendencias acerca de la inserción internacional. En momentos en que el mundo se debate ante los efectos de la crisis europea –que promete ser larga– la lenta recuperación de EE.UU., y la inercia de estancamiento de Japón, los emergentes surgen como líderes de la actividad mundial. Los pronósticos de crecimiento para 2010 de más de 8% para China, de 7% para la India, y de 7% para Brasil parecen ser los más destacados. El EMAE ha registrado para mayo subas de 12.4% anual en la Argentina, y 8.6% en cinco meses, según el INDEC, con lo cual la Argentina estaría, en base a estadísticas oficiales, dentro del grupo de países de alto crecimiento.

Con todo, América Latina esta resurgiendo luego de las recesiones sufridas mayormente por “contagio” en 2009, a diferencia de los países desarrollados. Los motivos centrales están en el tipo de inserción internacional que ensayó en los años 2000, muy diferente de la de los ’90, pues se basó en lo comercial, mucho más que en lo financiero, debido a la “abrupta” aparición de China como creciente demandante de bienes primarios. Por su parte, los sistemas financieros privados, y también, los fiscos nacionales, no se han endeudado en los ‘2000 en la medida de lo hecho en la década anterior.

La región ha sido una de las más beneficiadas por el contexto global, y, como un determinismo histórico, el ciclo mundial volvió a decidir el crecimiento de la región. Los países volvieron crecer, además de tener superávit comercial y fiscal, y reducir las deudas externas en general. Si este fuera el argumento central, una vez más, el crecimiento de estas economías estaría siendo esencialmente exógeno, es decir, motivado por cuestiones no controlables por los gobiernos. De todos modos, se pueden distinguir distintos tipos de inserción global en la región, a partir de las acciones de diferentes naciones. En los ‘2000 no es fácil realizar generalizaciones en torno a estrategias de desarrollo en América Latina. Existe, por un lado, un paragidma de desarrollo con más intervencionismo estatal, control de cambios y capitales, inflación creciente como fuente de financiamiento, renacionalizaciones, reindustrialización con protección, políticas de redistribución del ingreso con redistribución social y sectorialproductiva de los beneficios del comercio exterior hacia otros sectores internos, “menos” mercado, y ciertas tendencias no de aislamiento global, pero sí de mayor mercadointernismo, que implícitamente significan una menor propensión a la integración con naciones de ultramar. Estos son los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, y la Argentina, aun con diferencias entre ellos.

En tanto, otros países han intensificado una inserción internacional multipolar, y en alguna medida –y con cierto disimulo– reorientada hacia los nuevos mercados gigantes de Asia-Pacífico, como China y la India, bajo un modelo de crecimiento de la economía del tipo export- led growth, con una oferta exportadora de agroalimentos de mayor escala y con agregación de valor. En este grupo se destacan Brasil y Chile, y con renovado esfuerzo reciente, Uruguay y países andinos como Perú y Colombia. Por caso, Chile y Perú han firmado tratados de libre comercio con China, mientras que Costa Rica se encuentra en negociaciones similares, el propio Chile ha sido admitido en la OCDE, y Perú ha ingresado en la ASEAN, la asociación de países del este de Asia, habiendo sido Lima la sede del encuentro anual de 2010.

Los resultados en materia de crecimiento económico han sido similares para los países de la región, independientemente del enfoque ecónomico aplicado. Es decir, los dos grupos de países han crecido en forma relativamente pareja. La recesión de 2009 golpeó a la mayoría de las economías, sobre todo a México y Venezuela (con caídas de 6,5% y 3,3%, respectivamente) y a la Argentina (3.5% sobre la base de datos propios). La recuperación es generalizada para el año en curso, y con las excepciones de Venezuela –con persistente recesión– y del bajo crecimiento de Ecuador, el resto superará el 3% anual. En materia de precios minoristas, se vislumbra una aceleración en la Argentina (24%), y otro tanto en Venezuela (37%).

Pero sintetizando la performace macro a partir del crecimiento y la inflación, hacia 2010 la economía de Venezuela se encuentra comprometida. Por su parte, la Argentina acumula alta y continua inflación, si bien logrará crecer luego de la recesión de 2009, y Ecuador muestra cierta ralentización. Uruguay, Brasil, Perú y Chile conforman las mejores combinaciones, con baja inflación y crecimiento superior al 4% anual. Es decir, los resultados muestran agrupaciones relacionadas con los dos bloques de países señalados precedentemente, lo que no permite afirmar conclusiones, pero sí esbozar tendencias. Otra perspectiva, más estructural, la da el market share en el comercio mundial donde los países de América Latina ocupan posiciones muy rezagadas. En 2009, la Argentina compartía con Chile y Venezuela –economías de menor tamaño y menor potencial– una baja participación relativa, del orden de 0,4%. Brasil y México alcanzaban porcentuales superiores, 1,25% y 1,86% respectivamente, si bien siguen lejos de tener gravitación, en relación al monto total de importaciones mundiales, que en 2009 –recesión mediante– había sido de U$S 12.332 billones. Brasil y Chile han incrementado su market share en los ‘2000, mientras que la Argentina lo ha mantenido. Si se considera que el comercio de primarios y alimentos es del orden de U$S 3.400 billones, el margen para crecer en market share debería ser mayor. Estas estadísticas confirman que el crecimiento de la región tiene un elemento ‘exógeno’ pero también existen diferencias: un grupo realiza esfuerzos exportadores y otro “maximiza” los resultados de corto plazo sin desarrollar políticas para el largo. La inserción internacional es una decisión estratégica, y la sostenibilidad o no de los resultados en el largo plazo, ya se estaría perfilando.

(*) Investigador, Departamento de Economía, UCA.


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