| Actualizado 3.9.2010

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2.10.2009 | Ideas y Opiniones

La mejor situación financiera deja un rebote para fin de año

Jimena Calvo

Para 2010 se espera un crecimiento de entre 2-3%, explicado por una mejora a fin de año y un viento de cola externo.

Por Jimena Calvo (*)
De la edición impresa

Luego de que junio mostrara fortaleza en la evolución de los datos del nivel de actividad, tanto en la comparación interanual como en la desestacionalizada (con muy buena performance en la recaudación, supermercados, shoppings, servicios públicos, construcción, exportaciones y confianza del consumidor) julio vuelve a verificar un retroceso. En efecto, la gripe A trajo como consecuencia nuevamente indicadores mixtos en el nivel de actividad, afectando por ejemplo el consumo en shoppings debido al aislamiento (caída de 14,8% respecto al mes anterior, en términos desestacionalizados), mientras que benefició las ventas en supermercados (aumentó 2,9 respecto de junio). Así como también, por el lado de la inversión, la construcción continuó en franco descenso (7% i.a, aunque con un aumento del 1% en términos desestacionalizados), la compra de bienes de capital importados volvió a guarismos negativos, luego del alza coyuntural de junio (cayó 37,9 i.a. y 2,3%), se desaceleró el crecimiento de servicios públicos y la industria continúa arrojando tasas importantes de caída. Ni qué hablar del efecto de la gripe A sobre el sector de hoteles y restaurantes, donde se estima la actividad podría haber caído un 50%, así como también del comercio en general (CAME observó un retroceso del 16% en los volúmenes comercializados). En resumen, la gripe trajo como resultado la pérdida de cerca de un punto del PIB y frustró de algún modo la posibilidad de consolidar dos meses de recuperación económica consecutivos.

Los datos de agosto no fueron muy diferentes a los de julio (más indicadores mixtos): se registró nuevamente un deterioro en las expectativas de los consumidores (que mantenían cuatro alzas consecutivas); por otro lado, la producción automotriz se contrajo 17,7% i.a. (la segundo menor tasa de variación negativa en lo que va del año, después de junio), impulsada en gran parte por la paulatina normalización de los envíos al exterior. Por su parte, en lo que respecta a los intercambios con el resto del mundo, las exportaciones se desplomaron 41% i.a., mientras las importaciones lo hicieron 37% i.a. con una brecha de crecimiento negativa por primera vez en siete meses. En el caso de las exportaciones la caída se debió a la base con la que se compara el dato: un año atrás se destrababa el conflicto con el campo y se exportaba la producción agrícola retenida (adicionalmente, se alcanzaban los niveles más altos de precios de commodities, tanto agrícolas como de petróleo, afectando los cuatro rubros). Sin embargo, vale la pena resaltar que los datos del bimestre julio-agosto, pese a mostrar un retroceso respecto de junio, no registran de ninguna manera un regreso al fuerte deterioro evidenciado en el primer trimestre del año, cuando la crisis internacional estaba en su apogeo e incluso en muchos casos se supera la performance del bimestre abril-mayo.

Septiembre podría ser el mes del quiebre. En efecto, el mejor ánimo que se ha visto en los mercados para con la Argentina, materializado en la suba de los precios de los bonos; la menor salida de capitales observada como consecuencia y la mejora en las variables financieras y monetarias a partir de agosto, sumado al reciente avance para encaminar la cuestión de la deuda en default y el acercamiento al FMI, estaría augurando un mejor cierre de año, con un último cuarto más dinámico que sus tres precedentes. De esta forma, y con una sexta suba mensual que arroja el indicador líder de la Universidad Di Tella en agosto, el cuarto trimestre podría encaminarse hacia un crecimiento de por lo menos 1% trimestral, luego de tres trimestres consecutivos de baja y uno (el que actualmente culmina) de estancamiento. El año cerraría con una caída en el producto de cerca de 2,5%, aunque dejando un arrastre positivo para el año 2010 de alrededor de 0,8 puntos. En consecuencia para 2010 se espera que el crecimiento económico entre 2 - 3%. Esto se explica como producto de la mejora de la economía a fines de 2009 y la vuelta de los factores exógenos positivos que estuvieron presentes en los años de crecimiento más alto de la Argentina posdevaluación (2003-2007): la mejora del contexto internacional con indicadores positivos para actividad económica de los socios comerciales más importantes para la Argentina (Brasil y China); la mejora de los precios de commodities y un incremento de la cosecha agrícola local (luego de un año de fuerte retroceso por efecto de la grave sequía que azotó al país). Este escenario supone un crecimiento trimestral en torno al 0,5% en términos desestacionalizado, con un incremento del consumo total del 2,2% (el consumo público tendría una expansión del 3% real anual y el privado alcanzaría un crecimiento del 2,1% i.a.), que volvería a liderar el crecimiento económico ya que explicaría tres cuartas parte del mismo.

A pesar de las mejores expectativas y mayor dinamismo económico, no se espera un gran avance por el lado de la inversión, tal como se observó en el rebote de 2003, sino que es probable que varíe en torno al 4%-5%. Mientras que, en el frente externo, mejorarán las perspectivas tanto para las exportaciones (8% i.a.) como para las importaciones (11% i.a.), las primeras por la mayor demanda mundial, la mayor oferta agrícola y por mejores precios (que incentivarán mayores envíos); mientras que es probable que las importaciones tengan un repunte de dos dígitos debido a la recuperación del sector industrial especialmente y la normalización de restricciones para la importación. Finalmente, es preciso destacar que el desafío seguirá estando en el frente social, toda vez que el crecimiento económico esperado (inferior al potencial) no será suficiente para mejorar sustancialmente el deterioro del último año de los indicadores sociales.

(*) Economista jefe de la Fundación Capital.

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