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18.07.08 | Ideas y opiniones

Los datos del INDEC: ¿crecimiento chino o cuento chino?

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El organismo volvió a sorprender con datos sobre el
nivel de actividad que contradicen todos los informes
empresarios. Por Victoria Giarrizzo (*)


La economía argentina pasó del crecimiento eufórico al enfriamiento brusco. Hay extrema cautela en las decisiones de consumo, hay pérdida de poder adquisitivo en las familias, dificultades en la cadena de pagos y muchas empresas están en plena etapa de supervivencia frente a la parálisis de la demanda de los últimos cuatro meses.

Sin embargo, en medio de esta situación crítica, el INDEC nos vuelve a sorprender mostrando que la economía continuó creciendo al 8% anual en mayo y acumula un crecimiento de 8,4% en los primeros 5 meses del año. ¿Es posible que después de 100 días de paro, desabastecimiento, corridas y extrema cautela la economía no haya sufrido un solo rasguño? ¿Mienten las miles de empresas que aseguran que sus ventas se desplomaron? O más, si eso creció la economía en este contexto, ¿cuánto hubiera crecido en condiciones normales?

Fiabilidad

Definitivamente, las cifras del INDEC no son creíbles y el alto crecimiento de 2008 podría ser otra estafa estadística. Empecemos por el primer trimestre del año. Según el organismo, en ese período el PIB creció 8,4% interanual, impulsada por una expansión de 5,9% en los sectores productores de bienes y de 9% en los sectores productores de servicios.

Sin embargo, hay motivos para pensar que

1) la producción en el sector servicios está ‘sobreestimada’;

2) que la economía tuvo un crecimiento entre enero y marzo más similar al de la producción de bienes (5,9%) que al 8,4% informado; y

3) que el crecimiento de 9% registrado en abril y 8% en mayo es otra provocación estadística.

La sobreestimación de la actividad en el sector servicios se produce por la subestimación de la inflación. En muchas ramas que integran ese sector, la actividad se calcula estimando una función de demanda de acuerdo al ‘enfoque de las elasticidades precio/ingreso’ que al considerar una inflación que llega a ser un tercio de la real, arroja una demanda mayor. En otras ramas se utilizan directamente datos corrientes para medir la actividad, como ventas de bienes y servicios en el sector comercio o depósitos y préstamos en el sector financiero, que se deflactan luego por un índice de precios con el mismo problema: está ‘subestimado’ y permite mostrar un crecimiento sectorial superior.

Lugares comunes

La sobreestimación que provoca la inflación dibujada es un clásico observarla en las ventas en supermercados y shoppings. Según el INDEC en los supermercados las ventas a precios constantes, es decir, depurando el ‘efecto precio’, tuvieron un aumento interanual de 25,6% en abril o 32,6% en mayo. Sin embargo, hay un indicador que también difunde el organismo, aunque con un mes de atraso, y son las cantidades de operaciones realizadas en estas grandes bocas de ventas. Resulta allí que en abril, la cantidad de operaciones registradas cayó 2,9%.

A su vez, en los primeros cuatro meses del año, mientras las ventas a precios constantes de los super crecieron 30,8%, la cantidad de operaciones realizadas sólo subieron 0,6%. De mínima: sospechoso.

Cuando los indicadores tradicionales fallan, es común buscar otros indirectos con los cuales cotejar. Por ejemplo, un indicador indirecto son las ventas de bolsas a los shoppings. Si las ventas comerciales suben, es de esperar que aumente la demanda de packaging. Sin embargo, las principales empresas proveedoras de bolsas a los centros de compras nos informan que sus ventas bajaron en marzo, abril, mayo y junio, lo que no condice en absoluto con un sector, que, según el INDEC, creció 24,5% interanual en esos meses.

No sorprende que los datos de ventas estén sobreestimados, porque al subestimarse la inflación, todo el aumento en la facturación se toma como crecimiento genuino del consumo, cuando la mayor parte es aumento provocado por mayores precios. Pero el problema es que ese mismo problema persiste al construir la serie de PIB. Y allí es donde las estadísticas se separan de la realidad, mostrándonos una economía que permaneció intacta a pesar de haber tenido un verano débil, de haber sido afectada por una inflación altísima y del duro golpe que fue (y aún es) el conflicto con el campo.

Dilemas

Con las cifras oficiales difundidas hasta el momento, es difícil proyectar que la economía crecerá menos de 7% este año. Pero al mismo tiempo, se hace difícil justificar cómo se llega a esa tasa cuando el mercado interno está notablemente resentido.

¿Acaso parece la Argentina 2008 una economía que se expande al 9%, al 8 o al 7% anual? Uno se pregunta a esta altura, ¿cuánto realmente está creciendo el país? Y acá hay muchas dudas pero también algunos indicios: en el primer trimestre del año la economía se enfrió por lo menos 2 o 3 grados, en abril mantuvo esa baja temperatura, pero en mayo y junio se congeló en muchísimos sectores y regiones del país. Así, podemos intuir que aunque las estadísticas oficiales informen que la economía continúa creciendo al 8-9% anual, hace meses que esa tasa pasó de ‘crecimiento chino’ a ‘cuento chino’.

(*) Economista y directora de CERX

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