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25.6.2010 | Ideas y opiniones

¿Qué importa que la economía crezca al 5%, 6% o 7%?

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Aunque el producto se expanda a tasas altas, la economía que tendremos a fin de año no será muy diferente a la que tenemos hoy.

Por Victoria Giarrizzo (*)
De la edición impresa

Que la Argentina crece 5%, que crece 7%, que con esta inflación no es sostenible, que sí lo puede ser, que a mitad de año nos desaceleramos, que la desaceleración será a fin de año, “que…”, “que…”, y otras cien teorías nos dicen “que”, sobre un montón de cosas relacionadas con la numerología del crecimiento económico 2010. Pero en el fondo, esas discusiones no tienen mucho sentido. En primer lugar porque el porcentaje de crecimiento para 2010 es relativo al porcentaje de crecimiento o caída en el PIB que se considere para 2009. Y a esta altura es redundante repetir que no tenemos mucha idea sobre qué sucedió el año pasado con la economía. Desde las mediciones privadas que nos dicen que el PIB habría caído 3%, 4% o 5% en 2009, hasta el INDEC que nos informa que crecimos 0,9%, todo se reduce a una cuestión subjetiva tan básica como ‘a quién le creo más’. Pero ese no es el motivo de la poca relevancia de discutir cuánto crecemos y cuando nos desaceleramos. Se crezca 5%, 6%, 7% u 8%, la economía que tendremos a fin de año no será muy diferente a la que tenemos hoy. Tampoco será muy distinta a los conflictivos años 2008 y 2009 (siquiera tan diferente a 2007). Y de la manera en que venimos creciendo, para ser precisos, con la anemia que viene mostrando el crecimiento argentino, aunque se continuaran logrando tasas altas de expansión durante los próximos años, en estas condiciones es muy posible que cuando miremos hacia atrás nos encontremos en el mismo punto que estamos hoy, junio de 2010.

¿Qué sucede entonces?

Lo que hay que analizar a esta altura, no es cuánto se expande el país y cuándo pasará a crecer menos, sino los nutrientes de ese crecimiento. Y ahí las cosas se ponen más complicadas: el andar de la Argentina este año será rápido, pero le faltan unos cuantos nutrientes para ser saludable. Se podrá crecer durante más o menos tiempo con estos niveles de inflación… pero no cambia mucho un semestre o dos de diferencia, porque es un crecimiento que ayuda a mantener las condiciones actuales sin aportar demasiados cambios al desarrollo y bienestar de la Argentina. Sencillamente: con la estructura económica actual (léase: estructura tributaria, orientación del sistema financiero, ineficiencias en el gasto, elevados niveles de corrupción, debilidad institucional, etcétera) el crecimiento difícilmente pueda traducirse en inversión productiva, en mejores condiciones de empleo, en ganancias de competitividad y productividad, en mayor estabilidad, mayor equidad, en mejores condiciones de vida, y por lo tanto, difícilmente pueda cumplir su objetivo final, que es aumentar el bienestar de la población y acercarnos unos pasos más al mundo desarrollado. Es decir, las variables más representativas del desarrollo de una economía, en la Argentina muestran dificultades tan básicas como profundas, que no se pueden corregir sólo creciendo.

Sencillamente no

El ejemplo más simple es lo que sucede en el agro. En 2010 la economía está creciendo empujada por los motores de la soja, uno de los sectores más pujantes de los últimos años. Con una cosecha que llegará a 55 millones de toneladas y precios de U$S350/tn, es difícil no mostrar un crecimiento significativo. Para tener una idea, solo por soja y aún con precios promedio que serían entre 13% y 14% menores a los del año pasado, la cosecha dejará casi U$S20.000 millones al país, que se derramarán sobre diferentes sectores de la economía. De mínima, se lograrán casi 2,5 puntos de crecimiento en el PIB sólo por el impacto directo de la soja. Pero al mismo tiempo, se da un hecho insólito: los productores aún mantienen la mitad de la cosecha sin vender, especulando algunos con obtener mejores precios en tanto otros, simplemente porque no saben qué hacer con el dinero y encuentran en la oleaginosa un buen resguardo de su capital. ¿Es razonable que un país con niveles de crecimiento tan prósperos, los productores no encuentre formas de reinvertir las utilidades obtenidas? No, pero justamente esa es la señal más clara de que al crecimiento actual le faltan ingredientes. En una economía con las tasas de inflación que viene mostrando la Argentina (anualizada arriba de 20%), con un público que tiene expectativas de subas de precios mayor al 30% para los próximos 12 meses y donde no hay alternativas de ahorro e inversión con las cuales la población se sienta tranquila, buena parte de la actividad es alentada por un superconsumo en sectores localizados.

Los sectores estrella de 2010 están a la vista: automotrices y electrodomésticos a la cabeza. No mucho más. Alrededor de ellos se está moviendo la demanda, atraída en el caso del auto por los motivos tradicionales más las condiciones atípicas que se generan en una Argentina donde la vivienda se volvió inaccesible y no hay incentivo al ahorro; y en el caso de los electrodomésticos por las opciones de hasta 50 cuotas que lanzó el mercado. Pero algo queda claro: todos estos factores inducen a gastar en consumo buena parte de lo que hoy se debería estar gastando en inversión.

Cambios

En la medida en que no haya cambios estructurales e institucionales que den paso a la inversión productiva, a la creación de empleo de mejor calidad, y que devuelva a la Argentina niveles de relativa estabilidad, el crecimiento podrá ser veloz pero seguirá mostrándose tan anémico como hasta ahora. Por lo tanto, y más con un INDEC flagelado, la discusión que en algún momento deberá abrirse, es cómo crecer derramando bienestar. De lo contrario, seguiremos atrapados en la vuelta al mundo, donde a veces alcanzamos el punto máximo y nos sentimos en la cima, para rápidamente bajar y esperar sentados hasta que la máquina nos vuelve a subir. Pero siempre en el mismo lugar. ¿Saldremos algún día del parque de diversiones para dar la vuelta al mundo de verdad? Posiblemente cuando nos sentemos a discutir qué tipo de crecimiento necesita la Argentina, y algún gobierno se muestre dispuesto a cambiar ambiciones personales por intereses colectivos. Quizás algún día sea posible… ¿Por qué no?

(*) Economista y directora de CERX.

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