La industria luego de la recesión

La inflación y otros fenómenos macroeconómicos lucen
complicados. Su resolución no debe ser buscando los
atajos que desalienten la inversión.
Durante 2009 la industria experimentó la primera caída acumulada en sus niveles de producción, luego de más de siete años consecutivos de fuerte crecimiento. El balance del año cerró en una variación negativa del 5,9% (1), resultando la misma del promedio entre un primer semestre sumamente complicado, con un retroceso mayor a 12% en febrero, y un proceso de recuperación gradual observado durante la segunda mitad del año, especialmente en el último bimestre, y que todavía continúa. No obstante este comportamiento y luego de notables avances en materia de empleo, inversión y exportaciones, ya desde comienzos de 2008 la realidad industrial mostraba señales de alarma. Por un lado, la descoordinación en la política económica, aunada a limitaciones históricas de nuestro aparato productivo (desbalances estructurales en infraestructura, en energía y transporte deficiente, ausencia de financiamiento, falta de políticas productivas y tecnológicas de importancia, etcétera) tuvieron un impacto negativo en los niveles de inversión y de producción de muchas cadenas industriales. Frente a este escenario, entrado el cuarto trimestre de 2008, la propagación de la crisis internacional por el lado real y su impacto decisivo sobre las exportaciones socavó la factibilidad de conservar el crecimiento por esta vía. De esta manera con una demanda global en franco retroceso, las cantidades producidas iniciaron una tendencia descendente. El año 2009 comenzaba en plena agudización de la crisis internacional y con proyecciones muy poco alentadoras. El impacto se hizo sentir en todos los sectores, con diversa intensidad y capacidades desiguales para enfrentarlos. Como se mencionó, por un lado, la demanda agregada se vio afectada por el lado de la demanda externa, con fuertes disminuciones en cantidades (sobre todo en manufacturas de origen industrial) y en precios (combustibles, productos primarios y manufacturas de origen agropecuario). La industria siderúrgica y la automotriz fueron de las más golpeadas, al desplomarse sus exportaciones y las previsiones de ventas, derivando en recortes de producción mayores al 50% entre enero y marzo, explicando la mayor parte del retroceso promedio.
Algunos componentes de la demanda agregada actuaron como factores contracíclicos, evitando caídas mayores en la producción. En primer lugar, se destacó la relativa estabilidad del consumo de los hogares, sustentado en el mantenimiento de los salarios reales y el empleo. En efecto, en la mayoría de los casos, las empresas optaron por reducir horas extra y turnos de producción. En este contexto, algunas políticas gubernamentales, tales como el programa de Reconversión Productiva (REPRO), la administración del comercio internacional frente a la competencia desleal (aunque con sus limitaciones) jugaron un papel relevante para muchos sectores. Otro importante factor anticíclico, e incluso en mayor medida con lo observado con otros países, fue el incremento del gasto gubernamental, particularmente la obra pública que, independiente de la calidad de la misma (vista como una combinación en el grado de eficiencia en la implementación junto con su planificación estratégica) jugó un rol fundamental para amortiguar la caída en el nivel de actividad de diversos sectores industriales.
Perspectivas 2010
Según la evolución reciente de la economía mundial, la trayectoria de las principales variables macro locales y las expectativas sectoriales, las perspectivas para el corriente año son en general alentadoras. No obstante, deben reconocerse matices importantes y, sobre todo, alta heterogeneidad y volatilidad en las proyecciones. Por el lado de la demanda externa, puede afirmarse que lo peor de la crisis va quedando atrás. El gran dinamismo de la economía China, las buenas perspectivas para Brasil –principal socio comercial de nuestro país–, y la recuperación de los precios internacionales de los principales productos de exportación, apuntan en dirección a un despunte sólido de las exportaciones. En el frente interno, la gradual reactivación de la actividad industrial y progresiva recomposición de los puestos de trabajo perdidos deberían retroalimentar consumo e inversión. En esta línea, durante el primer mes de 2010 la industria mostró una expansión interanual de 6% en su nivel de actividad, el tercero consecutivo desde noviembre del año pasado. Este escenario está siendo impulsado sobre todo por la recuperación de la industria siderúrgica, del sector automotriz y metalmecánica. Asimismo, dichos avances fueron acompañados por una mejora en productos textiles, papel y cartón y edición e impresión. Compensando parcialmente los incrementos mencionados, la producción de alimentos y bebidas muestra un retroceso, con motivo de la menor producción en molienda de oleaginosas – que posiblemente mejore en los próximos meses dado el aumento en la cosecha esperada–. En este contexto, para 2010 se espera que el proceso de recuperación vaya acompañado por una alta volatilidad en las variaciones mensuales, alternándose incrementos y disminuciones –sobre una tendencia de todos modos expansiva en promedio–. Dicho crecimiento de la actividad industrial se estima rondará alrededor de 5% (recuperando los niveles observados en 2008) y 7% , lo cual dependerá decisivamente de los vaivenes de la coyuntura internacional y local y, sobre todo, de la dirección que impriman las políticas macroeconómicas, industriales y de financiamiento. Vista esta tendencia de la industria, es claro que lo que empezó de manera muy desalentadora hace un año ha mutado hacia una tendencia positiva, y que la consolidación de la recuperación está ahora al alcance de la mano. Si bien se observa cierta recuperación del escenario internacional, la Argentina debe evitar el camino hacia una crisis endógena generada por el auto boicot a su potencialidad evidente. Es necesario entonces que todos los actores implicados en el quehacer público argentino – Gobierno, oposición, empresarios, líderes sociales y líderes mediáticos – estén a la altura de la responsabilidad que pide la hora y no se dejen llevar por, o generen, expectativas negativas que no se condicen con la realidad. Sin lugar a dudas la inflación, como otros fenómenos macroeconómicos, lucen ciertamente complicados, pero su resolución no debe ser buscando los atajos que desalienten la inversión y la demanda esperada, sino que debe responder a potenciar un proceso de desarrollo.
(*) Economista jefe CEU-UIA.
