La suba de la inflación está jaqueando a los pilares del modelo

El ritmo de crecimiento de la actividad económica se ha reducido significativamente y las tasas chinas pertenecen al pasado. Por Rodrigo Alvarez*
La coyuntura económica ha cambiado sustancialmente en el último año. Los pilares del modelo iniciado a principios de 2002 exhiben claras señales de debilitamiento.
Hace casi dos años la preocupación se focalizaba en atacar el problema de la “doble I”: incrementar los niveles de inversión y frenar la inflación. El desafío de política económica era administrar las presiones de demanda, tanto externa como local, y paralelamente estimular la inversión para alcanzar un crecimiento armonioso.
Sin embargo, la respuesta oficial fue impulsar en demasía el consumo y por el contrario generar señales, en el mejor de los casos, contradictorias para la inversión. El resultado lógico es que ahora prácticamente nadie discute cómo aumentar la inversión y que el foco de atención se haya volcado a la suba de precios.
La inflación (en torno de 28% i.a. en agosto) es la emergente más palpable de los desequilibrios acumulados y genera costos demasiado elevados como para que las autoridades no se ocupen seriamente del tema. Las secuelas del fenómeno son contundentes en todos los frentes.
Se observa un rápido deterioro de las expectativas, no sólo de los inversores sino también de los consumidores y los ahorristas. En efecto, según una encuesta del Observatorio Py- ME sólo 20% de estas empresas consideran que es buen momento para hundir capital y entre las grandes el ratio se reduce a 14% (según la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas).
Los consumidores perciben el deterioro en su poder adquisitivo y adoptan una conducta cauta: gastan menos y prefieren refugiarse en el dólar frente a otras alternativas de inversión.
En este contexto el ritmo de crecimiento se ha reducido significativamente. Ya es necesario comenzar a diferenciar entre dos economías una nominal que sigue inflada por las subas de precios y otra real que ha abandonado definitivamente las tasas de expansión asiáticas y se desacelera en el corto plazo a niveles de entre 5 y 6%.
La inflación también ha diluido el colchón de competitividad cambiaria y, por ende, la protección efectiva frente a la competencia extranjera. Incluso los sectores “ganadores” de este modelo ya sea por aumento de costos y/o por incertidumbre sobre la evolución de las variables fundamentales están optando por importar en lugar de apostar nuevamente a través de inversiones.
Como resultado de estos retrocesos se observa un debilitamiento del superávit comercial. Las importaciones en cantidades crecen a un ritmo desproporcionado y las exportaciones se sostienen sólo por efecto precio.
La caja fiscal tampoco es lo que era. Sin los recursos que iban a llegar del aumento de la presión al agro el margen de maniobra es estrecho. La inflación y el exponencial ritmo de crecimiento de los subsidios generan un piso de suba en el gasto muy elevado (en torno del 36%). El balance resulta muy ajustado si se considera que la recaudación acumula un incremento de 38% hasta agosto.
Este escenario de deterioro ha potenciado la desconfianza de los inversores financieros que virtualmente huyen de los activos argentinos. Al descontento que genera la constante manipulación de las estadísticas oficiales ahora se suma la falta de liquidez, reconocida explícitamente por el propio gobierno cuando convalidó una tasa de similar a la del megacanje de 2001 en su reciente colocación de deuda a Venezuela.
El pago con reservas de la deuda con el club de París es un paso en el lento proceso de reconstrucción de los vínculos con el mundo que reinserta a la Argentina en el radar de los capitales de las economías pertenecientes al club. Sin embargo no mejora la percepción de los mercados financieros en tanto los focos de preocupación continúan vigentes y se abren otros al reducirse el nivel de reservas en un contexto de salida de capitales y turbulencias en los mercados internacionales.
Si bien nos se observa aún un plan coherente para atacar el problema inflacionario es posible identificar un set de medidas puntuales que pueden mitigar las presiones a partir de una marcada retracción de la actividad económica: I) Dólar en $ 3 como ancla nominal; II) Ajuste del ritmo de expansión del gasto (obrapública y transferencia a provincias); III) Esfuerzos para evitar la reapertura de paritarias; y IV) Aumentos nominales de jubilaciones y subas en el mínimo no imponible en ganancias inferiores a 2007 y por debajo de la inflación real.
Mantener fijo el dólar en torno de $3 con costos y precios subiendo a tasas superiores al 20% anual significa el fin del tipo de cambio real competitivo y la pérdida de rentabilidad de los sectores transables de la economía. Los recientes cambios normativos que reducen los plazos en las investigaciones por dumping, son una muestra más de que los tiempos que vienen serán duros en materia de competencia comercial.
El menor ritmo de expansión del gasto es una buena señal pero aún no se sabe si es permanente o transitoria. No es deseable que el ajuste recaiga exclusivamente sobre gastos de capital y las transferencias a provincias (que atraviesan una situación fiscal delicada).
Asimismo, desde 2006 el gobierno trata de imponer una regla de aumentos nominales de salarios para evitar una escalada en la puja distributiva. Sin embargo el año pasado y este, las subas pautadas quedaron por debajo de la inflación real. La voluntad oficial es no reabrir las paritarias pero los reclamos de las bases se multiplican ante la pérdida del poder adquisitivo.
El último punto responde en parte a cuidar la caja pero también a que 2008 no es un año electoral. En cambio se hicieron anuncios y se postergaron otros que impactarán de lleno en 2009: movilidad de las jubilaciones por aumentos de la recaudación y salarios de seguridad social (excluye índice del INDEC); fondos del Banco Nación para apuntalar obras públicas e infraestructura, reforma de la “tablita de machinea”, etcétera.
Luego de la crisis con entre el campo y el Gobierno, el Ejecutivo nacional ha actuado en varios frentes, sin embargo sigue sin atacar decididamente al problema más urgente que es la inflación. Existen instrumentos de política económica pero ya no hay margen para decisiones sin costos políticos y económicos; llegó el momento de administrar la escasez.
(*) Economista de Ecolatina.
